
Si la vuelta al colegio sale muy cara es porque el sistema capitalista ha monopolizado la educación, algo tan básico para que un país progrese y avance. Esto ha funcionado con el beneplácito de padres que dejándose llevar por los «tiempos de moda» le compran todo lo nuevo a los hijos.
El miedo de fondo es que no vaya a ser que el hijo se traumatice si se aprovechan ropas viejas de hermanos o compañeros, que es lo que se hacía antiguamente, se intercambiaban libros, material escolar y uniformes. Hoy las modas, la imagen, el consumismo impera por encima de lo austero.
La gente se deja llevar y consumir siempre forma parte de una de las incontables tentaciones del momento. Sin embargo no es positivo esta actitud ya que se les está dando un ejemplo de que los padres no son capaces de tomar decisiones que se salgan de un sistema que propicia lo económico por encima de lo educacional.
A los hijos se les da todo para que no ‘sufran’ y así va la sociedad
caminando de forma enrarecida, confusa y con un proteccionismo
exagerado hacia los hijos que no muestra más que una enorme debilidad.
Los padres no educan sino que son animadores socio culturales. Hoy ver a padres educando a sus hijos es algo bastante raro. El resultado ya está aquí, ha llegado: niños y adolescentes sin capacidad para resolver situaciones difíciles porque se les da todo hecho. Suicidios porque se les ha configurado la mente de una forma tan infantil que cualquier menudencia es para ellos un enorme trauma imposible de saltar.
Estos padres en vez de ayudar a sus hijos los están convirtiendo en seres dependientes y la cosa sigue. Sólo una pequeña minoría entre miles logra salvarse de esta quema silenciosa. El resultado es cada vez más una sociedad infantil a la vez que enormemente violenta interiormente.
Esperando, como siempre, que esta pequeña nota haga reflexionar alguna cabeza y que se reajuste la dirección del timón, me despido de ustedes. Muchas gracias.
Jesús Antonio Fernández Olmedo.




El capitalismo es un monstruo que se lo come todo y cuando no tiene nada que comer, se come así mismo.
Amarraros las taleguillas porque os están devorando y si no ponéis freno, no os dejaran ni los huesos.
Luego ya no valdrán llantos ni crujidos de dientes, o espabiláis o, os comerán calentitos y a fuego lento.
Esta mas que demostrado.
Este artículo confunde mercado con monopolio: donde hay competencia y opciones no hay monopolio. Además, invertir en buena educación no es capricho consumista, es invertir en el futuro de los hijos. La solución no son sermones morales sobre «sufrir más» y gastar menos, sino mejores políticas públicas: bancos de libros gratuitos, más becas y una escuela pública fuerte. El problema no es que las familias puedan elegir cómo gastar su dinero, sino que faltan ayudas para quien las necesita. Menos juicios morales y más soluciones prácticas.