Utrera sueña con recuperar su protagonismo en el mundo del toro

Utrera sueña con recuperar su protagonismo en el mundo del toro

Este sábado, Curro Durán hijo tomará la alternativa en el coso de La Mulata, respaldado por una afición que espera que la ciudad recobre el pulso taurino de antaño

José Manuel Brazo Mena
Utrera fue siempre tierra de toros bravos. Desde el año 1790 las reses ‘vazqueñas’ comenzaron a competir con las del conde de Vistahermosa y Cabrera, tres vacadas consideradas fundacionales del toro de lidia que se alimentaron de los pastos en el término municipal utrerano. Con posterioridad, estas tres ganaderías darían lugar a las que actualmente conocemos y se lidian hoy a lo largo y ancho de nuestra geografía.

Antes de que se criaran estas cabañas de bravo, en el siglo XVI ya se celebraban festejos taurinos en Utrera. Antonio Araujo Miguélez, en su libro sobre ‘Utrera y las antiguas fiestas de toros’, documenta que «en las Actas Capitulares del Ayuntamiento se traslada el acuerdo del Cabildo de hacer corridas de toros para el día de la Virgen de Consolación en la plaza del Altozano, para lo que pacta con el arrendador de la fiesta, el precio de los balcones».

También, según las mismas fuentes, se celebraron corridas de toros en otros lugares del casco urbano, como en «la Resolana de la Fuente de la Alamedilla, en el coso de Santo Domingo, en los corrales traseros a la Posada de la Fruta e, incluso, en el patio del Matadero, primero situado junto al Altozano y después en el Arenal, donde los aficionados lanceaban las a las reses antes del sacrificio, constituyendo un punto de arranque del toreo a pie».

Sin embargo, la costumbre de celebrar toros en el Altozano, donde se encontraban las Casas Consistoriales, se mantuvo hasta que en el siglo XIX se construyó la plaza del Arrecife de la Vega, donde despegaron figuras como Curro Romero o Rafael de Paula. El centenario coso fue demolido en el año 2002 para una operación inmobiliaria, que contó con el respaldo del gobierno municipal socialista, y que hoy continúa siendo un solar, junto a la barriada La Paz.

Pero, a pesar de tener todos los vientos a favor y ser considerada como ‘la cuna del toro bravo’, Utrera no siempre fue tierra de toreros. En el siglo XIX, destacó Curro Guillén, quien obtuvo un merecido renombre entre los matadores de su época, llevando una carrera triunfal hasta su muerte en 1820 en el coso de Ronda, donde fue cogido al entrar a matar por un toro de Cabrera. Sus restos mortales recibieron sepultura en el mismo ruedo de la plaza rondeña.

Desde este legendario torero, que llegó a participar con éxito en las Corridas Reales en 1803, hasta la mitad del siglo XX, no aparecen diestros en Utrera que susciten el interés de los aficionados, como fueron los matadores Juan Doblado, que tomó tres veces la alternativa (Quito, La Paz y Utrera); y Juan Gálvez, que se doctoró en México y en Alcalá de Guadaíra, regresando al país azteca después de no sonreírle la fortuna en el arte de Cúchares.

Afición adormilada y casi inexistente

En la segunda mitad del siglo pasado, comenzaron a soplar en Utrera vientos favorables para la fiesta de los toros con la aparición de una cohorte de jóvenes que pusieron sus ilusiones en intentar ser toreros, pero las dificultades, la falta de oportunidades y el escaso calor de los aficionados dieron al traste con el empeño de muchos de ellos, que no consiguieron sus metas, dejando durante años una afición adormilada y casi inexistente.

Uno de los matadores de toros de Utrera que triunfó en esa segunda mitad de siglo fue Curro Durán Martín (1960), que tomó la alternativa el 16 de abril de 1983 en la Real Maestranza de Sevilla, con ganado de Manolo González, ejerciendo Curro Romero y Paco Ojeda como padrino y testigo, respectivamente -el diestro recibió el pasado año un homenaje de la asociación cultural ‘Curro Guillén’ de Utrera, tras cumplirse 40 años de su alternativa-.

Otro de sus momentos de gloria fue en el ciclo madrileño de San Isidro de 1984, en el que fue declarado triunfador de la feria, tras cortar tres orejas. En la invernada de 1984-1985, tras haber participado en la campaña española en 57 festejos, torea en cosos de Venezuela, Perú, México y Colombia, con excelentes resultados, junto a Palomo Linares, Manzanares, Ortega Cano, Víctor Mendes y César Rincón, como compañeros de arena.

Al matador utrerano, que levantó de nuevo la afición, le han seguido otros toreros con menos trayectoria como Domingo Valderrama, Joaquín Díaz, Alberto de la Peña, Miguel Ángel García ‘Rondino’ y Luis Vilches. Junto a ellos destacaron banderilleros como Manuel Bueno ‘Rubio de Utrera’ y los picadores Luis y Antonio Saavedra, Manuel Muñoz, José M. González Cruz, Cristóbal y Aurelio Cruz, Antonio Sánchez y Juan Bernal, entre otros.

Sin embargo, aunque Utrera cuenta con la asociación cultural y escuela taurina ‘Curro Guillén’ que fomenta  la fiesta y cultura de los toros desde el año 2020, necesita una figura del toreo que brille con luz propia y sea un claro referente para la afición y las nuevas vocaciones. Ahora, con Curro Durán hijo, que tomará la alternativa este sábado 25 en Utrera, la ciudad espera recobrar el pulso taurino de antaño.

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