La elaboración del mostachón, el secreto mejor guardado de los confiteros utreranos

La elaboración del mostachón, el secreto mejor guardado de los confiteros utreranos

Esta forma artesana de elaborar el dulce más típico de Utrera forma parte del Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía

Pasan los años, las décadas, cambian los gustos, las formas de disfrutar de la sociedad, la manera en la que se elaboran numerosos productos, pero no hay duda de que el mostachón sigue siendo el principal embajador de Utrera fuera de las fronteras de la localidad. Este sencillo dulce, pero que cuenta con una marcada personalidad, ha sido capaz de aguantar el envite de los tiempos y en pleno siglo XXI aún es posible degustarlo casi de la misma manera que lo hacían nuestros paisanos hace varias décadas. Los responsables de este logro son las diferentes familias de confiteros utreranos que han sido capaces de salvaguardar este auténtico tesoro culinario.

La elaboración del mostachón forma parte del Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía, un proyecto impulsado en su día por el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico con el objetivo de cuidar los elementos que construyen la identidad de cada pueblo. Sin lugar a dudas, decir Utrera es decir mostachón, y por ello se trata de un legado que nunca se debe de perder y que ponen en valor las magníficas confiterías de la ciudad. La elaboración del mostachón es un patrimonio de Utrera y, al igual que se cuida por ejemplo un patrimonio como la parroquia de Santiago, hay que tomar las medidas adecuadas para que se cuide esta receta.

Tal y como suele ocurrir con este tipo de productos artesanales, cuyo modo de preparación ha ido pasando de generación en generación, lo cierto es que los orígenes de los mostachones no están muy claros. Una de las teorías indica que podrían haber sido inventados por los romanos, ya que su nombre deriva de la palabra ‘mostaceum’, que viene a significar ‘bizcocho redondo’. Una teoría para la que no existen pruebas definitivas, aunque es curioso cómo en tierras de una gran presencia romana como es la ciudad italiana de Napolés exista también un dulce de Navidad que se denomina como ‘mostacciuoli’ y que guarda ciertas similitudes con el mostachón, aunque también contiene nueces y almendras.

Al ser un elemento que hay que conservar y salvaguardar en la medida de lo posible, es el propio Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía el que refleja estos posibles orígenes del dulce utrerano. Por otra parte, otra de las creencias más extendidas, y al mismo tiempo más románticas, es la idea que la receta del mostachón proviene de los árabes y que no se perdió ya que muchos de los moriscos que permanecieron en antiguos territorios de Al-Andalus se vieron obligados a enviar a sus hijas a los conventos cristianos. Es en esos recintos donde esta teoría sobre el origen del mostachón aventura que estas mujeres árabes convertidas en monjas siguieron elaborando la receta del mostachón.

«Esta narración parece más bien rozar la leyenda, pues no está documentada, aunque bien es verdad que en toda leyenda siempre puede seguirse un rastro de realidad; de hecho, el mostachón de Utrera vivió en los conventos hasta que a finales del siglo XIX pasó a las tahonas del pueblo», indica el propio Atlas, que afina todavía más, explicando que «concretamente la receta de este dulce perteneció a las monjas clarisas instaladas en la localidad, pues es bien conocido que esta congregación franciscana de clausura se mantiene en parte gracias a la elaboración artesanal de los llamados ‘dulces de convento’, cuya venta al público, a través del característico torno del convento, les sirve de sustento económico».

Un convento de las clarisas que lamentablemente desapareció casi por completo en Utrera, quedando únicamente en pie en la actualidad un antiguo molino y parte del claustro, y donde quizás esté encerrado de alguna manera el secreto de la elaboración de los mostachones.

Ya más adelante, la figura de José Romero Espejo es clave en toda esta historia, ya que en torno al año 1880 fue el primero en crear una fábrica moderna de mostachones, que estaba dotada con un horno especializado. Está, por tanto, el terreno abonado para que los mostachones abandonen los conventos y se conviertan en un dulce muy popular, no sólo en Utrera, sino en muchos más lugares de Andalucía.

En la popularización del mostachón fue vital la función que cumplió el ferrocarril, ya que muchos utreranos, con el objetivo de ganarse la vida, cogían un canasto, lo llenaban de mostachones y tomaban el tren para vender estos dulces tanto en los trenes que tenían como destino Sevilla, Cádiz o Málaga. Una estampa que se mantuvo activa hasta la década de los 90 del pasado siglo XX.

Lo que no hay ninguna duda es que este sencillo dulce, que forma parte indudable de la historia de Utrera, se elabora únicamente con las proporciones exactas de huevo, azúcar, harina, miel y canela. Eso sí, siempre con un elemento imprescindible como es el clásico papel de estraza.

Redacción

Sobre Redacción

Redacción de Utreradigital.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *