La familia Cruz, la inagotable saga de picadores de Utrera

La familia Cruz, la inagotable saga de picadores de Utrera

Desde finales del siglo XIX, esta familia ha estado estrechamente ligada al mundo del toro y el caballo

Los historiadores han reseñado habitualmente que los garrochistas de Utrera fueron clave en el desarrollo de la famosa batalla de Bailén, esa contienda que marcó un antes y un después en la guerra entre españoles y franceses. Garrochistas que tenían un dominio extraordinario del caballo y de la pica, cuyos actuales herederos en cierta forma son los picadores.

Cuando se habla de picadores en Utrera hay que hablar de la familia Cruz, una saga inagotable de profesionales que, a lo largo de más de un siglo, ha tenido numerosos representantes en el mundo del campo y el toro. Ya a finales del siglo XIX, miembros de esta familia como Manuel Díaz Infante trabajaban como mayorales de la mítica ganadería Miura. Un impulso que aún continúa en la actualidad, ya que son numerosos los miembros de la familia que se han dedicado o se dedican profesionalmente al mundo de los toros.

En 1934, en la calle Santa Brígida nació Aurelio Cruz Díaz, quien durante más de una década se dedicó de manera profesional al mundo de los toros, actuando como picador para toreros como el mexicano Jesús Córdoba, Limones o Espartaco padre.

Aurelio, como ocurría con frecuencia con los picadores de la época, se crió en el campo, concretamente en la zona de Fuente Vinagre, donde su padre trabajaba como mayoral de Esteban González. «Nací mientras mi padre estaba en un tentadero, tuvieron que ir a avisarlo», cuenta este utrerano que cuando tenía ocho años «ya estaba trabajando en los campos de algodón y con 13 años ya estaba arando».

Miembro de una familia de nada más y nada menos que once hermanos, de los que junto a él, Manolo y Pepe también fueron picadores. «He hecho todo lo que había que hacer en cada momento, he trabajado como picador, como mayoral y de todo lo que ha hecho falta, incluso estuve también trabajando en la construcción», cuenta Aurelio, el actual patriarca de la saga.

«Ver venir el toro tiene guasa, porque no sabe uno por dónde va a salir. Además, ni los petos ni los caballos que había antes son los que hay en la actualidad», cuenta este utrerano que recuerda cómo debutó en su localidad natal en el año 1964, en una corrida que se celebró con motivo de las fiestas del algodón.

Dos de los hijos de Aurelio, Cristóbal y Aurelio, decidieron seguir los pasos de su padre y se dedican actualmente de manera profesional a los toros. Cristóbal, al igual que su padre, se crió también en el campo, cerca de los caballos y de los toros. Recuerda que «comencé a montar muy pequeñito, cuando había veces que estaba toda la noche de una finca a otra». Cristóbal, que piensa retirarse de los ruedos a lo largo de 2024, ha trabajado con toreros de la talla de Curro Durán, Tomás Campuzano, Espartaco o Finito de Córdoba, destacando las 29 temporadas en las que ha estado acompañado a Morante de la Puebla.

Cristóbal es un enamorado del campo, que se ha buscado la vida en un sector profesional muy complicado, donde ha firmado una carrera que ya dura 35 años. Es, además, un apasionado de la historia y está rastreando el pasado de su familia, que desde finales del siglo XIX ha estado estrechamente ligada al campo y a los toros.

El hermano de Cristóbal, Aurelio, es otro de los miembros de la familia que ha destacado en la profesión de picador, siendo profesional desde el año 1994. Aurelio acompaña en la actualidad a Morante de la Puebla, una de las principales figuras del toreo contemporáneo.

La saga tiene continuidad, ya que también dos hijos de Cristóbal, como son Aurelio y Alejandro, también están muy ligados al campo, la pica y los toros. Aurelio ya ha actuado en algunos festejos con toreros como José Luis Torres, Francisco de Manuel o el propio Morante de la Puebla. Por su parte, Alejandro es el representante más joven de la saga, quien en la actualidad está compaginando el mundo de los toros con los estudios ya que, como él mismo explica, «es muy complicado vivir sólo del toreo».

«Para mí supone un auténtico orgullo que mis hijos y mis nietos hayan querido seguir la misma profesión con la que yo me gané la vida», explica Aurelio Cruz Díaz.

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