La curiosa historia de los candelabros peruanos de la parroquia de Santa María

La curiosa historia de los candelabros peruanos de la parroquia de Santa María

Este monumental templo utrerano custodia unos enseres que llegaron a Utrera a mediados del siglo XVIII

La riqueza del patrimonio utrerano es inagotable y no se limita exclusivamente a los edificios y monumentos más conocidos, ya que la ciudad guarda muchos pequeños tesoros que son, en parte, un misterio para el gran público. Piezas muy valiosas por los materiales con los que están elaboradas y por la historia que atesoran, que nos dan la medida de la importancia que llegó a tener nuestra ciudad durante décadas.

Un ejemplo perfecto de estos tesoros que sólo conocen los iniciados en Utrera son unos candelabros muy particulares que son propiedad de la hermandad sacramental de Santa María de la Mesa, una corporación religiosa que vivió importantes momentos de esplendor hasta el punto de ser una de las hermandades más importantes de Utrera.

Según explica el historiador utrerano Antonio Cabrera Carro, quien conoce esta pieza a la perfección, «son seis candeleros que llegaron a Utrera procedentes del entonces virreinato del Perú, están elaborados con madera dorada, tienen a los pies el escudo de la sacramental y en la parte superior está inserto un medallón de plata de unos 30 centímetros de dimensión».

Son unas piezas muy interesantes, que han sido motivo de estudio por parte de muchos investigadores, que se elaboraron en el año 1750 en tierras peruanas y que llegaron a Utrera a través de una donación. La persona que realizó este regalo, cuyos padres eran naturales de Utrera, se trataba de Manuel Saldaña Pineda, que llegó a ostentar el cargo de superintendente en las minas de Guancabelica, unas minas vitales para la economía de la corona castellana, ya que se trataba de un yacimiento de mercurio, un material que era fundamental para poder extraer el oro.

Los candeleros en cuestión están elaborados con madera española y la plata ya labrada vino desde tierras americanas. «Se trata de una plata que cuenta con decoración vegetal, con motivos que parecen plumas y la presencia de unos seres antropomorfos, con rasgos indígenas y elementos vegetales», cuenta Cabrera. Una obra artística cuya autoría se desconoce, pero que a buen seguro son de factura indígena o criolla.

En la actualidad, esta pieza sigue perteneciendo a la hermandad sacramental de Santa María y se encuentran ubicados junto al retablo del Dulce Nombre del templo utrerano, una estancia que suele estar abierta los domingos por la mañana, aunque en la actualidad lamentablemente no cuenta con un horario reglado de visitas. «Son unas piezas excepcionales, que se relacionan con otras obras artísticas, en concreto un frontal de altar, que están actualmente en la capilla real de la catedral de Sevilla y que también fueron regaladas por Manuel Saldaña, quien fue un hombre muy destacado en su tiempo, ya que en 1744 Felipe V le concedió el marquesado de San Antonio», apunta Antonio Cabrera, quien recuerda también que «esta persona tuvo mucha importancia en su tiempo, de hecho en Utrera le tenemos una calle dedicada».

Una historia apasionante la que cuentan de manera silenciosa estos candelabros que tienen casi tres siglos de antigüedad y que son una muestra más de la importante relación que tuvo Utrera con el Nuevo Mundo y todo lo relacionado con la Carrera de Indias. Una joya poco conocida del patrimonio utrerano.

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