La utrerana Rocío Palacios cumple un cuarto de siglo enseñando su baile a las nuevas generaciones

La utrerana Rocío Palacios cumple un cuarto de siglo enseñando su baile a las nuevas generaciones

La artista ha actuado en África y Asia y lleva 25 años al frente de su academia

Rocío Palacios tuvo una niñez maravillosa, natural de la barriada Ayala y estudiante de la Sagrada Familia, fue una niña cualquiera que jugaba al elástico en la calle con sus amigas. Cuenta que no tuvo desde siempre «ese gusanillo del baile», sino que al salir del colegio se quedaba «embobada» observando cómo bailaban las niñas de la academia de Antonio Vilches, hasta que un día su madre le dijo «Rocío, ¿tú te quieres apuntar?».

A raíz de eso, la bailaora utrerana comenzó a formarse con Antonio Vilches, de quien, según cuenta la bailaora, se alegra de haberlo tenido como maestro. «Además de ser un gran artista, se portaba muy bien conmigo. Me daba hasta de merendar para que no tuviera que volver a mi casa». Estuvo con Antonio hasta los 10 años, hasta que se fue a Sevilla y empezó a estudiar la carrera de danza con profesionales como José Galván o Manolo Marín, además de recibir clases de Matilde Coral en la Casa de la Cultura de Utrera.

El salto tras estar con Matilde fue comenzar a trabajar en los tablaos. La primera vez que Rocío se fue al extranjero tenía 17 años: «Me fui a Dubai. Me acuerdo de que mi padre tuvo que firmar una autorización porque me iba a un país un poco estricto». Rocío se afianzó en el tablao ‘Las Brujas’, que hoy en día ya no existe en Sevilla. Estuvo trabajando 14 años en el Palacio Andaluz como primera figura y a la vez al frente de su academia, donde ya lleva 25 años dedicándose a la enseñanza de lo que más le apasiona.

La bailaora admite que tenía un solo día de descanso, pero ella sabía aprovechar cada momento. «A mí me daba tiempo de todo. A mí me encanta salir, disfrutar. Me encanta estar con amigos, tomarme un café, salir a la calle,… Sí es verdad que el baile me quitaba mucho tiempo, pero sarna con gusto no pica».

Rocío Palacios se siente afortunada. Asume ser una privilegiada y poder contar con muchos recuerdos buenos a lo largo de su trayectoria. En el Palacio Andaluz, la bailaora coincidió con grandes artistas, entre ellos ‘La Toná’. «Cuando una sale de estudiar, se cree que lo sabe todo, pero cuando te montas en un escenario, te das cuenta de que te queda muchísimo por aprender, porque en esta profesión todos los días se aprende algo», comenta la artista utrerana cuando recuerda que precisamente fue ‘La Toná’ la que le dijo una vez: «Una bailaora, antes de ser bailaora, tiene que salir bien arreglada al escenario, con sus flores, sus peinas, sus peinecillos, bien pintada,… porque el 50% de una bailaora es su forma de vestir y el saber estar en el escenario. Eso no se me olvidará jamás».

Actualmente, Rocío Palacios se dedica únicamente a la enseñanza en su academia y excepcionalmente acude a ciertos espectáculos privados o festivales. «Ahora compagino mi academia con las actividades extraescolares de mis hijos porque no me quiero perder ni un segundo de ellos, ya que de mi hijo mayor me perdí mucho a cuenta de mi trabajo en el tablao. Decidí dejar el tablao para pasar más tiempo con mis hijos y ahora me organizo perfectamente, voy con ellos a todos los sitios».

Rocío ha cumplido en este 2023 un cuarto de siglo al frente de su academia y no puede afirmar cuántos alumnos habrán pasado por su tablao, pero cree que son muchísimos. Este año ha llevado «un grupo muy bueno al Tacón Flamenco» y se siente muy orgullosa de ello.

Rocío explica que cuando va a actuar en algún sitio, el tema de la coreografía, la disposición del escenario, las luces, la música, el vestuario,… todo va siempre a su cargo. «No tengo preferencia de que me llamen de ningún sitio, siendo mi trabajo que es lo que me gusta, me da igual que me llamen de un colegio para actuar con los críos, que me llamen para bailar en el escenario de un teatro. Me gusta bailar donde sea».

Esta bailaora ha estado en muchos eventos benéficos, como en la hermandad del Redentor Cautivo, además de participar en muchas actividades con fines altruistas y totalmente benéficos, lo cual dice mucho de Rocío. «Es una satisfacción saber que puedo ayudar a las personas».

Rocío reconoce que cuando entró en la academia de Antonio Vilches no creía que podría llegar tan lejos, ni que podría dedicarse a esto. «Yo iba allí a pasármelo bien y a estar con mis amigas, pero nunca jamás me iba a imaginar, por ejemplo, ganar el concurso de la ‘Perla de Cádiz’ por alegrías o imaginarme trabajando en Dubai o en Nairobi. Nunca me iba a imaginar recorrer medio mundo trabajando». Su experiencia en África y Asia la recuerda con mucha añoranza y como algo muy positivo.

A Rocío Palacios le gustaría envejecer bailando, mientras el cuerpo aguante continuar al frente de su academia. Pero explica que «hay que entender que detrás vienen generaciones muy buenas y también hay que saber dejarle paso a que se abran y puedan realizar su trabajo».

Redacción

Sobre Redacción

Redacción de Utreradigital.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *