Las campanas, así suena el cielo de Utrera desde hace más de cinco siglos

Las campanas, así suena el cielo de Utrera desde hace más de cinco siglos

El sonido de los cielos de Utrera ha sido siempre el sonido de las campanas, una tradición sin la cual no se puede entender de manera correcta el alma de Utrera. No sabemos exactamente cuándo comenzaron a sonar las campanas de la ciudad tal y como las escuchamos ahora, pero sí sabemos que en la torre de la parroquia de Santiago el Mayor hay una campana que está fechada en 1493, la conocida como ‘San Fernando’.

También sabemos que los campaneros de Utrera, al igual que el resto de campaneros de estas tierras en tiempos de zozobra, idearon un complejo sistema de toques que servían para comunicar de una manera muy avanzada diferentes noticias a la población. Cada campana tiene un nombre, una fecha de fundición, una forma de tocarla y por supuesto una función concreta, pudiendo llegar a pesar alguna de ellas hasta más de mil kilos.

Utrera siempre ha sido una tierra de frontera, un punto importante en la denominada banda morisca, formando parte de la línea de fortificaciones que defendía la frontera cristiana de los reinos musulmanes. El toque de una campana podía indicar que llegaba un ejército invasor y que había que buscar refugio inmediatamente. O que se había producido un incendio en un determinado barrio de la ciudad, y por supuesto los conocidos toques de duelo, que también tenían un sofisticado sistema, ya que según el toque se podía conocer donde había fallecido el difunto, su condición social y su edad.

Todas estas tradiciones son historia de Utrera y fueron recogidas de manera magistral en un libro titulado ‘La singular historia de las campanas de Utrera. Tratado de repiques y tañidos’, de José Giráldez Sousa y que fue reeditado hace unos años por Siarum Editores. En este trabajo bibliográfico, que se convierte en un tratado de gran valor para los amantes de las campanas, se lleva a cabo una pormenorizada descripción de los tipos de campanas que había en los campanarios de Utrera, así como las partes de cada campana. Además, Giráldez Sousa también llegó reflejar las distintas formas existentes a la hora de hacer sonar los bronces, sus saltos y balanzas.

Un libro en el que no se elude la peligrosidad, que ha sido siempre una incómoda compañera de todos los campaneros que han subido a las torres utreranas a lo largo de los últimos siglos. Así, se deja constancia de un accidente que tuvo lugar en el año 1964, cuando murieron dos jóvenes campaneros. Una tragedia que se repitió hace 18 años cuando, en 2004, fallecía también en el interior de la torre de Santa María el añorado José Pérez Cela, quien cayó despedido por una de las campanas desde una altura de cuatro metros.

Fue en la década de los años 70 del pasado siglo XX cuando un grupo de jóvenes se propusieron recuperar una tradición, la del toque manual de las campanas, que casi se había perdido de manera completa en Utrera. La mecanización del toque enfocado a las misas había provocado un mayor desinterés por este patrimonio sonoro de la ciudad. Ese impulso prendió el entusiasmo en muchos utreranos, para que después fuese canalizado por la asociación de campaneros de Utrera, que ha sido la encargada de salvaguardar esta tradición a lo largo de las últimas décadas.

Ahora se ha escrito otra página gloriosa en la historia del toque de las campanas de Utrera, ya que el camino que emprendieron hace una década una serie de enamorados de este arte ha tenido un final feliz con la declaración del toque manual de campanas como patrimonio de la humanidad por parte de la Unesco, algo que además puede servir para asegurar la pervivencia en el futuro del sonido de las campanas en los cielos utreranos. Un sonido, que más allá de las escénicas imágenes que se pueden ver en los campanarios cuando tienen lugar los repiques, han acompañado a innumerables generaciones de utreranos.

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