Fallece el conocido utrerano Francisco Rodríguez Benavides, fundador del colegio ‘Sagrado Corazón’

Fallece el conocido utrerano Francisco Rodríguez Benavides, fundador del colegio ‘Sagrado Corazón’

El centro, conocido popularmente como la ‘Academia’, tiene su germen en los años 50, en una iniciativa impulsada, entre otros, por este utrerano

La comunidad del colegio ‘Sagrado Corazón’ ha comenzado el nuevo curso escolar con una triste noticia. Este lunes ha fallecido el utrerano Francisco Rodríguez Benavides, quien fue fundador de este centro conocido popularmente como la ‘Academia’.

Este utrerano, junto a Juan García, fue el responsable de poner en marcha un proyecto educativo que tuvo su germen en lo que se llamaba la Academia Comercial. El origen de lo que después sería la ‘Academia’ comenzó primero en enclaves como la plaza Enrique de la Cuadra y la calle Catalina de Perea, donde estos dos pioneros iniciaron la aventura dando clases a un pequeño grupo de alumnos de lo que anteriormente había sido la Academia Almi.

El inicio de la semana ha traído consigo el fallecimiento de Francisco Rodríguez Benavides, a los 95 años de edad. El velatorio está desarrollándose en la sala 2 del tanatorio Servisa de Utrera, estando previsto que el funeral se celebre este martes, a las 11.30 horas, en la parroquia de Santa María de la Mesa.

Desde el centro educativo han querido expresar las condolencias por el fallecimiento de Francisco, al que «siempre le agradeceremos que haya mantenido vivo el espíritu familiar que tanto caracteriza nuestro colegio. Quienes formamos esta comunidad educativa nunca olvidaremos su ejemplo de trabajo, dedicación y esfuerzo».

Los comienzos de aquel proyecto educativo coincidieron con unos tiempos duros, en los que buena parte de los ciudadanos pasaban dificultades y donde algunas veces la educación de los más pequeños de la casa no era una prioridad, sino simplemente poder disponer de un plato de comida caliente al final del día. De ahí la importancia del paso adelante que dieron personas como Francisco, que vio cómo ese centro se trasladaba poco después a la calle Antonio Maura, al local que anteriormente había ocupado una fábrica de electricidad, enclave en el que en la actualidad todavía se ubica el colegio.

Poco a poco comenzaron a acudir un número cada vez mayor de alumnos, en unas clases que tanto Francisco como Juan compaginaban con sus diferentes trabajos. Unas lecciones que tenían lugar por las tardes a un precio asequible para las familias más humildes, y a las que por su horario podían acudir también algunos niños que por aquella época trabajaban por las mañanas para ayudar a sus familias. Juan se encargaba de impartir materias como Geografía, Historia o Religión, mientras que Francisco impartía Matemáticas, Física, Química o Latín.

Al margen de que la Academia se fuera haciendo cada vez más popular en Utrera y lograra un mayor número de alumnos, el principal problema que se presentaba es que al no ser un centro reglado no podían evaluar a los alumnos ni conceder títulos oficiales. Por ello se daba una curiosa circunstancia: al final del curso, los alumnos que habían estudiado en la ‘Academia’ tenían que desplazarse a Osuna para examinarse y así conseguir el título. La historia dio comienzo acudiendo a Osuna con cuatro alumnos en un taxi, mientras que a medida que el alumnado fue creciendo llegaron a ir de Utrera a Osuna varios autobuses cargados de alumnos para realizar unas pruebas en las que los examinadores en más de una ocasión felicitaron a los responsables de la ‘Academia’ por la buena preparación de los estudiantes.

A los estudios de Bachillerato de la época, que llegaban hasta cuarto y su correspondiente reválida, pronto se le unieron otras materias en la ‘Academia’, que la convirtieron en un centro de referencia en lo referente a la formación profesional. Tanto Francisco como Juan tenían estudios de Comercio, por lo que decidieron también impartir clases relacionadas con estos aspectos como contabilidad, cálculo mercantil o taquigrafía. De esta forma, la Academia se convirtió en un centro que también suministraba trabajadores a las diferentes empresas de Utrera e incluso empleados de banca. Todo este crecimiento terminó provocando que, a pesar de no poder otorgar títulos oficiales, la ‘Academia’ terminó convirtiéndose en el centro educativo local, donde sus alumnos obtenían mejores notas en la reválida de cuarto de Bachillerato.

Al mismo tiempo, se implantó una novedad que a la postre sería definitiva para la normalización del colegio, y es que Paquita Camacho Tinoco comenzó a dar clases a los más pequeños, creando una clase de parvulitos que se convertiría en el verdadero embrión del futuro centro. Ya en aquel momento la ‘Academia’ estaba a pleno rendimiento, impartiendo clases a los más pequeños, Bachillerato y formación profesional.

Otro punto de inflexión llegó con la puesta en marcha del instituto Ruiz Gijón, ya que la primera promoción de este centro estuvo formada casi en su totalidad por alumnos de la propia ‘Academia’. En esta tesitura comienza a andar todo el proceso para poder regularizar la actividad del colegio, una tarea que resultó ser ardua y complicada. Comenzaron a impartir clases profesores titulados y también se realizaron viajes a Madrid de más de 14 horas de duración para intentar conseguir subvenciones que ayudaran a la puesta en marcha del centro educativo. De igual forma, las instalaciones del colegio, en pleno barrio de Santa María, fueron remozadas para ajustarse a las normativas vigentes.

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