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VORTEX

Francia-Bélgica-Mónaco 2021 142 min.

Guion y dirección Gaspar Noé Fotografía Benoît Debie Intérpretes Dario Argento, Françoise Lebrun, Alex Lutz, Kylian Dheret

Una cita de Edgar Allan Poe (La vida es un sueño dentro de un sueño), que rebasa a la del propio Calderón de la Barca, y una canción de Françoise Hardy (Mon amie la rose) que dice cosas como Somos tan pequeños, Tengo el pie en la tumba, Me admiraste ayer pero hoy seré polvo y Desperté vieja, dejan claras cuáles sean las intenciones del terrible Gaspar Noé, cuyas películas Irreversible, Clímax Lux Aeterna no dejaron indiferente a nadie. Seguramente muchos y muchas de quienes identifiquen al director argentino afincado en Francia con este tipo de producciones, huirán de esta, que sin embargo se distancia considerablemente de ellas y se convierte, a pesar de sus puntuales caprichos y presuntas genialidades, en la más convencional de sus películas. Pero aquí el sueño se convierte más bien en una pesadilla, cuyo núcleo parece ser ese torbellino o turbulencia que indica su intrigante título. Como en Amor de Haneke, Noé analiza la relación de un matrimonio en sus últimos días, condicionada por la enfermedad y la decrepitud. Como metáfora de nuestra soledad, apenas aliviada por el amor incondicional y veterano, el director divide la pantalla casi desde el inicio en dos, y sitúa habitualmente a cada uno y una de sus personajes en su segmento correspondiente, a menudo de forma aparentemente caprichosa y trivial. Pero a diferencia del film del director austriaco, aquí no solo se habla de pérdida de memoria y de la propia identidad, más bien se ahonda en la muerte como liberación, la enfermedad como decadencia y la vida como acumulación estéril y germen de decepciones, fracasos y miserias, representadas en las figuras de un hijo que, a diferencia de Isabelle Huppert, adopta un papel más relevante y presente en esta función, y de un nieto que deja claro que la mente es capaz de aglutinar irregularidades e imperfecciones prácticamente desde que nacemos. Todo es turbio y desalentador en esta película para la que Noé ha contado con su admirado Dario Argento, director de películas de culto como Suspiria o Phenomena, en su única incursión como protagonista hasta el momento, cometido del que sale rotundamente triunfante. También en esta ocasión surgen referencias a otro de sus artistas más influyentes, Luis Buñuel, protagonista de varios de los libros que inundan la casa de este anciano matrimonio. La película discurre entre conversaciones, disparates forjados por una mente perdida y breves salidas al exterior que ratifican esa atmósfera enrarecida y desesperanzadora en la que habitan sus heridos personajes. Aunque sus dos horas casi y media de duración le pasa factura, se agradece que no exija demasiada concentración para entender cuáles sean los postulados e intenciones de un director que más que cruel se perfila aquí como un objetivo y convencido humanista.