El utrerano Valentín Viguera Franco, un salesiano que llegó a ser representante de las monjas salesas ante la Santa Sede

El utrerano Valentín Viguera Franco, un salesiano que llegó a ser representante de las monjas salesas ante la Santa Sede

A lo largo de su vida, ha desempeñado numerosos cargos, ha escrito 14 libros y cuenta con el Mostachón de Oro por su trayectoria

En el año 1936 la imagen que presentaba Utrera era bien distinta a la que se puede ver en la actualidad. La gran mayoría de las calles eran de tierra, apenas existía agua corriente y las familias vivían gran parte de su tiempo en las calles, en compañía de sus vecinos. Esa es la Utrera que en primer instancia conoció el utrerano Valentín Viguera Franco, que nació muy cerca del lugar que precisamente iba a marcar para siempre su vida.

Valentín se crió en el número 32 de la calle Virgen de Consolación, conocida de manera popular por los utreranos como ‘calle Ancha’, muy cerca de La Vereda, a pocos metros del colegio de los Salesianos, esa institución a la que ha dedicado toda su vida. «Mi patio de juegos era la calle y tengo unos recuerdos muy bonitos de aquella época», cuenta Valentín Viguera, quien a sus 86 años disfruta de un plácido retiro en la residencia de los Salesianos de Utrera, muy cerca de donde jugaba cuando era sólo un niño, aunque entre un período y otro ha protagonizado una trayectoria que lo ha llevado por numerosos destinos.

Las primeras letras las estudió en un centro escolar que se encontraba en la calle Cristóbal Colón, para muy pronto entrar en el colegio de los Salesianos, donde pasó su infancia y su adolescencia. Cuando se le pregunta por su vocación sacerdotal, el utrerano lo tiene muy claro al explicar que «para mí en aquellos momentos convertirme en salesiano me pareció lo más natural y lógico del mundo».

Su periplo continuó de 1952 a 1954 por las instalaciones del convento de Consolación, donde se ubicó el recordado estudiantado filosófico de los Salesianos durante una serie de años, para seguidamente realizar su primer viaje al extranjero. Viguera se trasladó a la ciudad francesa de Lyon, donde fue ordenado sacerdote en 1962, y el lugar donde comenzó sus primeros estudios de Teología tras haber realizado Magisterio.

Después vendrían años muy ajetreados, en los que Valentín desempeñó su noviciado en la localidad gaditana de San José del Valle, para pasar poco después al municipio extremeño de La Calzada. «Allí estuve cuatro años, impartiendo clases, realizando la tareas propias de un sacerdote salesiano,  donde confirmé qué era mi vocación y seguí adelante», explica el utrerano.

Su vocación religiosa ha estado siempre muy vinculada a una incansable actividad académica, ya que Valentín ha sido toda su vida una persona enamorada del estudio y del saber. Por ello a sus estudios de Magisterio se unieron los de Filología Francesa, Teología y Filosofía en Turín (Italia) y Liturgia en Roma de la mano de los Benedictinos.

En el año 1970 le llegó un encargo importante, ya que se convirtió en director del colegio de los Salesianos de Triana, una de las casas más emblemáticas de la provincia, mientras que también desempeñó el cargo de vicario episcopal de la provincia de Sevilla. Una etapa a la que le siguió un nuevo paso por tierras extremeñas, para ser director del colegio de los Salesianos de Badajoz durante 13 años, siendo también párroco y vicario de la diócesis. Volvió poco después a Sevilla para ser director del colegio mayor ‘San Juan Bosco’ durante 12 años y pasar después a Rota (Cádiz), donde también fue director del colegio de los Salesianos.

Cuando Valentín pensaba que llegaría la jubilación, tuvo que afrontar uno de los encargos más apasionantes de su vida, ya que fue reclamado para ocupar el cargo de representante de las monjas salesas ante la Santa Sede, por lo que ejerció las labores de visitador apostólico durante siete años en tierras italianas. Una labor que realizó con la vocación y la profesionalidad que siempre le han caracterizado y tras la que volvió a Utrera para disfrutar de su jubilación el pasado 2021.

Este utrerano, que recibió en 2010 el Mostachón de Oro en reconocimiento a toda su trayectoria, profundo conocedor de la figura de San Francisco de Sales y autor de 14 libros, explica que «a lo largo de mi vida como salesiano nunca he pedido nada, siempre he hecho lo que me han pedido. El voto de obediencia es algo que he vivido con normalidad y naturalidad. Aquí estoy disponible para lo que se estime oportuno».

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