Una joven de Los Molares, nueva virgen consagrada en la Archidiócesis de Sevilla

Una joven de Los Molares, nueva virgen consagrada en la Archidiócesis de Sevilla

La Archidiócesis de Sevilla ha incorporado a una nueva virgen consagrada. Se trata de la joven Elisa Heredia Roldán, natural de Los Molares, quien oficialmente forma parte de esta orden tras el correspondiente rito celebrado en el transcurso de una eucaristía en la catedral.

La capilla real de la seo hispalense ha sido el lugar donde se ha desarrollado esta ceremonia religiosa presidida por el obispo de Cádiz-Ceuta, Rafael Zornoza. Desde ese momento, la molareña se ha integrado en la orden de las Vírgenes Consagradas, una vocación que depende directamente del diocesano del lugar.

Nacida en 1987, Elisa se ha estado preparando durante meses con el sacerdote sevillano, consiliario de las vírgenes presentes en Sevilla, Andrés Ybarra. En la actualidad, la Archidiócesis de Sevilla cuenta con un grupo de unas cuarenta vírgenes consagradas.

El Ordo Virginum es una vocación que nace en una diócesis, desvinculada de una congregación religiosa en particular y cuya misión es servir precisamente a la pastoral diocesana. Asimismo, esta orden no cuenta con fundadoras o superioras entre sus consagradas, sino que depende directamente del diocesano del lugar. De este modo, corresponde al obispo admitir a la aspirante a su vocación y celebrar su consagración y, una vez consagrada, debe también velar por la atención pastoral de estas mujeres. Las vírgenes consagradas tampoco viven en comunidad, sino que pueden hacerlo solas, con sus familias o en otras condiciones favorables a su vocación. Sí se les pide vivir el consejo evangélico de la castidad que, si bien no es voto, la tradición siempre lo ha considerado muy próximo a él.

Como reconoce Elisa Heredia, «desde mi adolescencia he sentido la llamada del Señor a consagrarme a Él, pero no sabía cómo, pues ninguna forma de vida consagrada ni carisma que conociese coincidía exactamente con aquello que yo vivía, sentía y deseaba realizar». Fue entonces cuando decidió hablar con el entonces arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo.

«En los libros sobre el orden de las Vírgenes Consagradas que él me dio, encontré por fin mi vocación. La Iglesia confirmó mi carisma y me ha dado todo lo que necesitaba para poder reconocer y realizar en esta preciosa vocación mi verdad y mi propia identidad. He tenido el gran privilegio de haber sido acompañada durante estos años por sacerdotes maravillosos que me han estado apoyando y llevando de la mano en este camino hacia mi consagración», explica.

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