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BELFAST

Reino Unido 2021 105 min.

Guion y dirección Kenneth Branagh Fotografía Hars Zambarloukos Música Van Morrison Intérpretes Jude Hill, Caitriona Balfe, Jamie Dornan, Judi Dench, Ciarán Hinds, Lewis McAskie

Entregado a la causa del dólar y el encargo, con películas como Thor, Cenicienta, Jack Ryan o las nuevas adaptaciones de Agatha Christie, hacía tiempo que el Kenneth Branagh más personal de Shakespeare y otras citas cultas no asomaba la cabeza. Seguimos sin encontrar en su cine una huella propia e indeleble, pero no podemos negar que quizás Belfast sea su película más redonda, y desde luego la más sentimental. Sensiblera la encontrarán algunos, pero no cabe duda de que el director ha sabido con esta película semi autobiográfica cogerle el pulso a esos escasos diez años que tanto determinan nuestra vida, la infancia. Da igual dónde la vivas y en qué circunstancias, salvo que sean tan extremadamente penosas que la mayoría de quienes vivimos a este lado del mundo no podamos ni imaginarlas, que la infancia siempre es ese tesoro intocable de nuestra vida. Y queremos vivirla allí donde nos hemos acostumbrado a hacerlo, aunque se trate de Irlanda del Norte en los años más convulsos de su lucha entre religiones, que es igual que la lucha entre invasores e invadidos, la lucha de siempre en todo momento y todo lugar. En línea con aquella pequeña joya que John Boorman dirigió en 1987, Esperanza y gloria, Belfast es una declaración de amor al lugar en el que plantamos nuestras primeras raíces, y ni el Shangri-La imaginado por Frank Carpa en Horizontes perdidos puede sustituirlo. Por eso entendemos al personaje de Buddy, el conmovedor niño sobre el que recae el peso de la función y cuya mirada el director tan sabiamente traslada al espectador, pero no el de su madre, capaz de acariciar la idea de renunciar a la paz de sus seres queridos con tal de no abandonar el maldito lugar. Rodada en el mismo blanco y negro en el que sus protagonistas veían en la televisión los westerns de Fred Zinnemann y John Ford y La conquista del espacio, allá por 1969, pero con las ráfagas de color que tanto debieron impresionar al responsable de Mucho ruido y pocas nueces cuando iba al cine o al teatro, Belfast es ante todo una hermosa película, rodada con cariño, ilustrada por Van Morrison con nuevas y brillantes versiones de sus imperecederas canciones, escrita con sentido del humor y la emoción e interpretada con el mismo ánimo cariñoso y comprometido con el que su director la ha concebido y llevado a la pantalla.