La historia de Francisco Ubaldo Maya Pachón, un entrañable doctor que dejó una huella imborrable en el centro de salud ‘Utrera Sur’

La historia de Francisco Ubaldo Maya Pachón, un entrañable doctor que dejó una huella imborrable en el centro de salud ‘Utrera Sur’

A sus 90 años, y con su rotundo 1,96 de estatura, la figura de Francisco Ubaldo Maya Pachón aún impresiona hoy en día. Sus profundos ojos dejan huella y en ellos se advierte rápidamente ese sexto sentido que tanto usaba en sus años de ejercicio como médico, en los que de un vistazo y gracias a una conversación tranquila con el paciente era capaz de determinar las causas de cada dolencia. Este extremeño de nacimiento, pero utrerano de corazón y de elección, es un médico de los de antes, de los que lamentablemente ya no quedan, de aquellos que eran capaces de hacer milagros con pocos medios, porque les faltaba prácticamente de todo, pero les sobraba humanidad.

Francisco nació en una humilde familia de la población de Ribera del Fresno, ubicada en la provincia de Badajoz, cerca de Villafranca de los Barros. «Me quedé huérfano muy pronto, por lo que fueron mis abuelos y un tío mío los que me criaron, y a los que he estado eternamente agradecidos», confiesa Francisco.

Desde muy pronto, mostró ciertas inquietudes e inclinaciones hacia el estudio, por lo que cuando llegó el momento se trasladó a la localidad de Zafra, donde estudió el Bachillerato. Tiempos en los que no era nada fácil estudiar para un hombre cuya familia se dedicaba al mundo de la agricultura y que no tenía ningún antecedente médico en la familia. Pero sus ganas y su talento se impusieron a las dificultades que el camino pudiera tener reservadas. «Desde que tenía ocho o nueve años tenía claro que quería ser médico, por o que hice todo lo posible para conseguir ese sueño», cuenta el extremeño.

Tras colaborar con su tío, que era veterinario, Francisco se marcha a Sevilla a estudiar la carrera de Medicina, gracias principalmente a los sacrificios económicos que habían realizado sus abuelos. Por ello, una vez que terminó los estudios, y tras cumplir con el preceptivo servicio militar, «en mi primer destino quise estar lo más cerca posible de mi abuela, para poder atenderla y agradecerle de esa forma el gran esfuerzo económico y en todos los sentidos que habían hecho para que yo pudiera cumplir el sueño de estudiar la carrera y convertirme en médico. Quise devolverles todo lo que habían hecho por mí».

Son tiempos en los que la sanidad pública en nuestro país era muy precaria, una situación que se agravaba aún más en los entornos rurales y con poblaciones muy diseminadas, como era el caso de la comarca extremeña donde comenzó a ejercer su profesión Francisco. Los médicos en aquellos años atravesaron por muchas dificultades, ya que no disponían de los medios ni del sueldo adecuado para la labor que desempeñaban. Así, en aquellos momentos, Francisco ocupó su primer destino en la localidad de Palomas, que estaba relativamente cerca del domicilio de su abuela, y se desplazaba a su destino gracias a la ayuda de una pequeña motocicleta, en la que tenía que capear con las inclemencias del tiempo, soportando el viento, el frío, el agua y las temperaturas más extremas. Poco después llegó su segundo destino, ubicado en la también cercana localidad de Higuera de Llerena, donde estuvo durante siete años.

La siguiente parada para Francisco fue la localidad también extremeña de Bienvenida, donde siguió experimentando la dura vida de los médicos rurales de la España de la época durante nada más y nada menos que 13 años. «En aquellos años la mayoría de los médicos estaban comenzando a formar parte de las plantillas de los hospitales públicos y nadie quería ocupar estos destinos», comenta Francisco, quien recuerda lo duro que era trabajar en estas condiciones ya que «tenías que estar de guardia día y noche durante todo el año, y si querías unos días de descanso tenías que buscarte alguien que te supliera y pagar su salario de tu bolsillo». Es fácil imaginar el estrés al que estaban sometidos estos médicos, que tenían bajo sus hombros la responsabilidad de atender a muchas personas de localidades rurales, por lo que no es de extrañar, como explica Francisco, que «a cuenta de esta situación terminé incluso sufriendo un infarto».

Corría el año 1980 cuando la vida iba a cambiar para este médico, ya que tras solicitar un puesto en uno de los incipientes centros de salud -ambulatorios-, que se estaban construyendo en toda España, finalmente es destinado a Utrera, concretamente al centro de salud ‘Utrera Sur’, que fue el primero de estos centros que comenzó a funcionar en la localidad. Francisco ocupó su puesto de médico de familia, y muy pronto su educación, simpatía y la enorme experiencia que había acumulado a lo largo de los años atendiendo a pacientes en circunstancias muy difíciles, le hicieron ganarse a todos sus pacientes. «Desde el primer momento me gustó mucho Utrera, la gente me trataba muy bien y es un lugar además que lo tiene todo. Tuvimos la oportunidad de vivir en Sevilla, pero mi mujer se negaba rotundamente, prefería Utrera sin dudarlo», comenta el doctor.

Francisco demostró muy pronto que era un médico de familia de los clásicos, de esos que dedicaban el tiempo que hiciera falta para conseguir encontrar la dolencia que traía de cabeza al paciente, de los que nos les importaba el tiempo que durase cada consulta, de aquellos que no miraban el reloj y sí los ojos de la persona que tenían enfrente. De esos médicos que ya no pueden sobrevivir en la actualidad debido a un sistema que prioriza otros aspectos y que convierte a los médicos en meros burócratas que sólo pueden pensar en conceptos como la eficiencia, la satisfacción y otros aspectos que en realidad están muy alejados de la práctica médica.

Francisco tuvo cinco hijos -lamentablemente dos de ellos ya han fallecido- y una de sus hijas ha seguido sus pasos en el mundo de la Medicina, ya que es cardióloga pediatra. A pesar de sus achaques y de los diferentes vaivenes a los que le ha sometido la vida, no pierde esa postura erguida que le ha acompañado siempre. Francisco es un buen profesional y sobre todo una buena persona, a la que como él mismo apunta «afortunadamente son muchos los utreranos que me recuerdan con cariño y que me saludan cada día muy afectuosamente cuando a día de hoy me ven por la calle, algo que agradezco de corazón».

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Redacción de Utreradigital.com

Un comentario en “La historia de Francisco Ubaldo Maya Pachón, un entrañable doctor que dejó una huella imborrable en el centro de salud ‘Utrera Sur’

  1. Miguel García moreno. Ex Delegado de Laboratorios Beecham.orio dice:

    Todo cuanto acabo de leer, coincide con mis encuentros con D. Francisco Maya a quien como Visitador Médico solía ir a ver al Anbulatorio Pío Xll con frecuencia. Fuí un gran admirador suyo. Como persona y como médico. Era todo un caballero. Le deseo larga vida para bien de todos los humanos que hemos tenido el gusto de conocer. D. Francisco, un abrazo.

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