Un recorrido por la historia de la parroquia de Santiago, uno de los hitos patrimoniales más importantes de Utrera

Un recorrido por la historia de la parroquia de Santiago, uno de los hitos patrimoniales más importantes de Utrera

Hay ocasiones en las que conocemos al dedillo hechos históricos que ocurrieron muy lejos de nuestro lugar natal, como por ejemplo la Revolución Francesa o la Segunda Guerra Mundial, pero desconocemos completamente lo que ha pasado aquí, muy de cerca de nuestras vidas, en las calles que pisamos todos los días.

En Utrera hay enclaves que están cargados de valor desde todos los puntos de vista, por los que pasamos casi todos los días, pero en los cuales la fuerza de la costumbre ha provocado que ya no nos asombre. Es el caso de la parroquia de Santiago el Mayor, en torno a la que estos días se celebran los cultos en honor al patrón de España.

Ríos de tinta se han vertido a la hora de dilucidar la historia de las iglesias utreranas, y de hecho por todos es conocida la polémica que siempre ha existido entre las dos parroquias principales de la ciudad (Santa María y Santiago), para comprobar cuál de las dos es la más antigua. Un debate que es difícil de cerrar con los datos en la mano, ya que no han llegado documentos que certifiquen cuál de las dos iglesias se levantó antes. A pesar de este hecho, los especialistas coinciden a la hora de determinar que la lógica indica que lo más probable es que fuera la de Santiago la primera en llenar el panorama visual de la localidad.

Los datos en los que se basan los historiadores para proclamar la más que probable mayor antigüedad de Santiago tiene que ver con su ubicación, ya que se encuentra en un cerro elevado, muy próximo al castillo, que ha estado poblado desde tiempos inmemoriales en Utrera, lo que indica que nos encontramos en el auténtico corazón de la Utrera antigua. Por esta pequeña colina, por la que hoy paseamos nosotros, lo han hecho en otros tiempos miles de utreranos que nos han legado su manera de entender el pueblo.

Al margen de lo que inevitablemente salta a la vista, y es que Santiago con su sencillez e imponente construcción se postula como una magnífica obra artística, la iglesia guarda muchos secretos entre sus muros que requieren de un tranquilo paseo y análisis. Son pocos los utreranos que no conocen la existencia en la iglesia de las famosas momias, que nos ponen a todos los pelos de punta. También da cierto escalofrío saber que en las entrañas de la iglesia se guardan las insignias de la Inquisición, que en su día eran custodiadas por los dominicos en el convento de Santo Domingo, que se situaba en el lugar que en la actualidad ocupa el mercado de abastos. Curiosas son también las pilas con agua bendita que se encuentran en el interior de la iglesia, que son grandes conchas procedentes de los mares más exóticos del mundo y que tampoco sabemos mucho de cómo llegaron a Utrera.

En cuanto a la historia de la iglesia de Santiago, tenemos que contar que es un templo gótico que comenzó a construirse a finales del siglo XV, concretamente en el año 1490, si bien, y como es frecuente en este tipo de edificios, su etapa constructiva se alargó en el tiempo, por lo que fácilmente puede apreciarse en él el paso de los distintos estilos arquitectónicos vigentes durante sus distintas etapas de ejecución.

Así, la importante portada situada a los pies y denominada ‘Del Perdón’ se levanta sobre el año 1525. Posteriormente, algo más adelante, ya en la última década del siglo XVI se finalizó su crucero, la cabecera y la sacristía, realizados hacia 1596 por Lorenzo de Aredo; y aún algo más tarde, en 1610 su cabecera o capilla mayor. En el año 1760 la iglesia es objeto de una importante reforma de su exterior, según consta en algunos azulejos situados en la fachada de la actual capilla del Sagrario. De esa fecha deben ser también la portada de la nave del Evangelio, que presenta pilastras, frontón triangular y escudo; y la de la nave de la Epístola, con pilastras cajeadas y remate decorado con un sol, situada junto a una composición de pilastras pareadas y cajeadas que centran una hornacina integrada en un templete, todo ello de estilo neoclásico y atribuido al arquitecto diocesano José Echamorro.

Cuentan las crónicas que los arquitectos encargados de la construcción de este templo quisieron hacerlo a imagen y semejanza de la catedral de Sevilla. Durante muchos años fue el lugar elegido para el bautizo de numerosos utreranos ilustres, lo que da también la medida de la importancia del lugar que nos ocupa.

Imprescindibles son también las imágenes que este templo nos brinda en la Semana Santa. Su puerta es escenario de una complicada salida, donde los pasos de las hermandades de los Gitanos y del Silencio desafían las leyes de la física para poder salir a las calles de Utrera. Fuera del templo, centenares de personas contienen la respiración para admirar la salida.

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