El flamenco se impone a las dificultades para regalar a Utrera un histórico Potaje Gitano

El flamenco se impone a las dificultades para regalar a Utrera un histórico Potaje Gitano

Las necesarias limitaciones frente a la pandemia no hicieron mella en un festival que permitió disfrutar a un público que estuvo a la altura de las circunstancias

No era una empresa fácil, pero el esfuerzo ha llevado el proyecto a buen puerto. Tras el parón del año pasado debido a la pandemia, el Potaje Gitano ha podido regresar al calendario cultural utrerano, marcando una de las citas más destacadas del año.

El festival flamenco más antiguo de España se enfrentaba a una cita especial, distinta a la vivida en estas décadas. Y tanto la organización como el público estuvieron a la altura. El aforo se redujo a 800 personas, las mesas también fueron de solamente seis personas, y el habitual servicio de bar se canceló. El evento adelantó su hora de inicio para adaptarse a las exigencias y los espectadores se mantuvieron en sus sitios para minimizar cualquier tipo de riesgo.

Esos fueron los ingredientes novedosos de un Potaje que volvió a ocupar las mesas de los comensales, aunque no es las típicas ollas de barro, sino servido en platos individuales cerrados con su correspondiente tapadera. Y entre cuchara y cuchara, las neveras portátiles reaparecieron en el festival para recordar el ambiente de tiempos pasados.

En su edición número 65, el Potaje Gitano quiso rendir homenaje a Manuel Moreno ‘El Pele’. Este cantaor cordobés estuvo presente en un evento en el que recibió el reconocimiento de la hermandad de los Gitanos, encabezada por su hermano mayor. Fue a mitad de la velada cuando se procedió al acto protocolario de reconocimiento en el que el conocido sanitario utrerano José Manuel Aranda intervino como mantenedor. ‘El Pele’ también se llevó el tributo del Ayuntamiento –representado por el alcalde- y de Cruzcampo.

El artista quiso agradecer el homenaje del Potaje Gitano actuando para las personas que ocupaban uno de los patios del colegio salesiano ‘Nuestra Señora del Carmen’ donde, como es habitual, se desarrolló el festival. Entre soleás y bulerías se centró la pincelada que regaló a los presentes.

La noche –aún de día, por el adelanto horario en el inicio del certamen flamenco- la abrió Rancapino Chico, con una intervención en la que pudieron escucharse soleás, tientos y seguiriyas, cerrando por fandangos y bulerías. El arte de Utrera se hizo presente de la mano de Manuel de Angustias, quien se entregó a un Potaje Gitano en el que hizo disfrutar a los espectadores con canciones por bulerías y tangos-rumbas. Tras él llegó el momento de María Terremoto, la mejor de la noche, que dejó sobre el escenario un repertorio en el que destacaron la soleá por bulerías y los tangos, la seguiriya y las bulerías.

El utrerano Antonio Torres ejerció como presentador de una velada que, en la segunda mitad que se vivió tras el homenaje a El Pele, contó con el baile de Pastora Galván, quien dio muestras de su arte al compás de bulerías, romance y soleá por bulerías. Bajo el nombre ‘Jerez por bulerías’ llegó el cierre de la noche, contando con la participación de Fernando Jiménez, Manuel de Cantarote, Josele de MushoGitano, Carmen Grilo, Dolores de Perikín, Estefanía Zarzana, Luis de Perikín, Juan Diego Valencia y Tía Yoya.

Con el tiempo medido llegó a su fin un Potaje Gitano que será recordado como aquel que permitió disfrutar de una velada que ansiaba regresar al calendario, y que lo hizo con sobresaliente. Las limitaciones no hicieron mella en un festival que contó con el compromiso de los ocho centenares de aficionados que, de Utrera y desde fuera de la ciudad, llegaron al colegio salesiano a reencontrarse con un evento que marca una seña importante en la identidad cultural de una de las cunas del flamenco.

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