Un paraíso natural muy cerca del corazón histórico de Utrera

Un paraíso natural muy cerca del corazón histórico de Utrera

La vereda de Dos Hermanas, enclave frecuentado por ciclistas y senderistas, muestra una naturaleza exuberante 

En momentos históricos en los que el contacto físico entre las personas se ha convertido en un asunto peliagudo y en los que son muchos los ciudadanos que tratan de huir de los lugares habituales que son muy frecuentados, cobran especial importancia algunos enclaves naturales que se encuentran muy cerca de los cascos históricos de las ciudades, pero que normalmente pasan desapercibidos. Lugares en los que es posible perderse, desconectar por unas horas, hacer deporte en un entorno privilegiado y disfrutar de una naturaleza en todo su esplendor que es más propia de otras latitudes geográficas y que por su densidad incluso muchos utreranos se sorprenderán al saber que se encuentra muy cerca del corazón de su localidad.

Utrera tiene la suerte de contar con un término municipal muy extenso, desconocido para la mayoría de los ciudadanos. Desafortunadamente no es un término municipal que actualmente sea rico en árboles y en parajes medioambientales que sirvan para entrar en contacto con la flora y la fauna. Los cultivos intensivos de productos como el trigo, el algodón o la aceituna, han convertido históricamente a Utrera en uno de los más importantes graneros de Andalucía, pero al mismo tiempo han tenido también una notable incidencia sobre el paisaje. Las labores propias para cultivar estos productos acabaron en su día con la gran parte de los árboles que se asentaban en Utrera, pero afortunadamente han llegado hasta nuestros días algunos pequeños reductos que resisten a duras penas el paso de las décadas.

Uno de estos lugares es la conocida como vereda de Dos Hermanas, que parte en las inmediaciones del cementerio municipal de Utrera para discurrir en sus primeros metros de forma paralela a la vía del tren y encaminarse poco a poco hacia la localidad nazarena. Lo que en un principio es un camino con poco interés que transita junto a algunas pequeñas granjas, industrias y campos de olivares y almendros, se transforma al cabo de muy pocos kilómetros en un auténtico «túnel verde», marcado por grandes pinos y otras especies arbóreas.

Se trata de un camino bien conocido por los amantes de las grandes caminatas y, sobre todo, por los ciclistas de montaña, que tienen en este tramo uno de los principales atractivos para la práctica de este deporte en todo el término municipal. Resulta apasionante adentrarse en este rincón utrerano que sirve para entender cómo era antes del siglo XVI esta zona de la localidad. Y es que cuentan las crónicas que toda la zona norte de Utrera estaba cubierta por tupidos pinares, que poco a poco fueron arrasados por la mano del hombre, ya que la madera de estos árboles se consideró como la idónea para reparar los grandes navíos que cruzaban el océano en busca de tierras y tesoros desconocidos. Solamente escaparon algunos reductos, como esta vereda en la que estamos disfrutando de un agradable paseo y el famoso pinar de Doña, otro de los más valiosos espacios naturales que se asientan en la localidad.

El hecho de poder caminar o montar en bicicleta por este enclave en la actualidad se trata de un auténtico milagro. Una vereda que ha sobrevivido al paso del tiempo, a la tala sistemática de árboles durante siglos y al poco respeto que se ha tenido en Utrera a la hora de conservar determinados espacios naturales. Como aviso a navegantes, se trata de un lugar al que además le afectan de manera importante las lluvias, formándose grandes charcos cuando llueve por las características especiales de su tierra y resultando bastante difícil transitar por él.

El tramo más especial comienza aproximadamente a la altura de las instalaciones de la empresa BASF y termina directamente en la conocida como carretera de Don Rodrigo. Unos pocos kilómetros donde es posible disfrutar con la sombra de grandes y bellos pinos, aspirar el aroma de las hierbas aromáticas de la zona y sorprenderse por la velocidad con la que decenas de conejos cruzan justo delante de nosotros.

Un lugar especial, único en todo el término municipal utrerano, para disfrutar de la naturaleza y en el que, además, cuenta la leyenda que se situaba la conocida como venta «La Chaparra», utilizada en alguna ocasión por el bandolero Diego Corrientes como escondite. Un enclave perfecto para detener el tiempo por unas horas y liberar la mente y el cuerpo gracias a la magia curativa de la naturaleza.

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