El utrerano José María Martín Corrochano, un militar presente en misiones humanitarias en lugares tan conflictivos como Irak o Bosnia

El utrerano José María Martín Corrochano, un militar presente en misiones humanitarias en lugares tan conflictivos como Irak o Bosnia

Desde hace casi tres décadas, el utrerano José María Martín Corrochano vive en tierras madrileñas, concretamente en la localidad de Alcalá de Henares, donde desempeña su trabajo. Es comandante de la Unidad Militar de Emergencias (UME), una unidad del ejército español que muchos ciudadanos han comenzado a conocer más de cerca en los últimos meses, gracias a la ayuda que han brindado estos efectivos en determinados momentos de la pandemia. Pero su corazón está en todo momento en su tierra natal, en Utrera.

A pesar del tiempo que ha discurrido desde que por razones de trabajo tuvo que abandonar su lugar de nacimiento, Martín Corrochano asegura que «es imposible que me olvide de Utrera, la vivo cada día con los cinco sentidos. Estoy pendiente de las noticias de Utrera a diario, gracias a medios como vosotros. Mi mujer es de Utrera y seguimos todos los días comiendo con productos de nuestra tierra, y es que, aunque vivamos en Alcalá de Henares, mi alma está allí». En las condiciones actuales, este comandante utrerano no ha podido disfrutar en los últimos meses todo lo que le gustaría de su pueblo. Pudo estar a lo largo del pasado verano algunos días para compartir momentos con su madre y otros miembros de su familia.

A lo largo de su trayectoria profesional, José María Martín Corrochano ha vivido todo tipo de experiencias, ya que ha participado en numerosas misiones de ayuda tanto en territorio nacional como en países extranjeros. El utrerano ha tenido que lidiar con situaciones muy difíciles, entre las que podemos destacar su presencia en conflictos armados en enclaves como Bosnia o Irak.

Fue precisamente en tierras balcánicas cuando Martín Corrochano estuvo muy cerca de perder la vida ya que, como él mismo cuenta, «mientras estábamos realizando una misión humanitaria en un barrio musulmán, cayó una granada muy cerca y un fragmento me impactó en la espalda. Directamente lo primero que pensé es que me había atravesado, pero afortunadamente llevaba puesto el chaleco antifragmentos y me paró el golpe, que se quedó sólo en una pequeña contusión. Realmente siempre he pensado que ese ha sido uno de los momentos de mi vida en los que se me ha aparecido la Virgen de Consolación para ayudarme».

Sus ojos han presenciado muchas injusticias y ha conocido de cerca lo terrible que puede llegar a ser una guerra. En este caso, explica que precisamente fue el conflicto de los Balcanes uno de los que más le ha marcado a lo largo de su vida, ya que estima que «todas las guerras son cruentas y terribles, pero en una guerra civil como la de Bosnia veías a familias separadas sólo por una calle, fue una guerra con una crueldad extrema en la que peleaban entre sí vecinos de toda la vida, fueron sensaciones muy duras que no se olvidan jamás».

Sin bombas ni tanques en la calle, José María se tuvo que enfrentar en tierras madrileñas la primavera del año pasado a uno de los momentos más difíciles de su vida, ya que fue el encargado de coordinar las tres morgues provisionales que se instalaron en la primera ola de la pandemia para albergar a los miles de fallecidos que el coronavirus se cobró en los meses de marzo y abril. Corrochano afrontó una de las órdenes más complicadas de su vida, ya que se trataba de velar cadáveres de compatriotas, que habían caído y que no podían ser acompañados por sus familiares. Al mando de sus hombres, José María llevó a cabo su misión, viviendo un momento que quedará siempre grabado en su corazón: «Nunca imaginé vivir esto en mi país. Cuando te dicen que hay un tsunami en Indonesia, no deja de ser una página en el periódico, pero cuando mueren personas a tu lado, personas a las que pones cara, ocupan la primera plana de nuestra alma. Emocionalmente no tiene nada que ver trabajar en España que en misiones fuera, aquí tenemos mucha implicación emocional».

Y es que tanto Martín Corrochano como los 3.000 integrantes que componen la UME están entrenados para acudir en auxilio de la sociedad en las situaciones más extremas, una unidad que en los últimos meses ha realizado tareas de ayuda a las fuerzas de seguridad de las ciudades, ha desinfectado residencias de ancianos, ha trasladado a enfermos y personas mayores en las peores condiciones, ha custodiado el transporte de las vacunas o ha abierto las carreteras repletas de nieve a consecuencia del temporal «Filomena». El utrerano asegura que «cuando comenzamos a perder la esperanza, siempre está ahí la UME».

La labor desempeñada en los últimos meses por este utrerano ejemplar le ha servido para convertirse en la cara visible de ese sector de la sociedad española que tanto está haciendo por los demás en condiciones tan difíciles, por lo que ha recibido varios reconocimientos. Merecidos homenajes dedicados a Corrochano, con los que se reconoce la labor de la UME en su conjunto, y entre los que podemos destacar el brindado por el grupo de comunicación Vocento y más recientemente la medalla al Mérito de la Protección Civil, entregada por el Ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.

Martín Corrochano es de esas personas que irradian energía y optimismo a todos aquellos que tienen la suerte de estar cerca de él, quien afirma estar convencido de que «nos encontramos en la recta final de esta enfermedad. El color verde esperanza lo tocamos ya con las manos».

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