Antonio Ñoño Santiago, un utrerano que ha pisado escenarios de medio mundo tras un cuarto de siglo con su guitarra flamenca

Antonio Ñoño Santiago, un utrerano que ha pisado escenarios de medio mundo tras un cuarto de siglo con su guitarra flamenca

La guitarra del utrerano Antonio Santiago, más conocido como «Ñoño», tiene un sonido ciertamente especial. Se trata de un ritmo y de una melodía que sólo puede partir de la autenticidad, de unas vivencias personales únicas combinadas con el sacrificio y el estudio con los mejores profesores. A sus 35 años, este utrerano ha recorrido medio mundo con su compañera inseparable de seis cuerdas y recientemente se hacía con el primer premio en el Certamen Internacional Solera Flamenca por Bulerías, celebrado en Lebrija, y al que se presentaron más de 100 guitarristas de toda España.

El arte flamenco está presente desde siempre en su hogar de una manera muy especial, ya que Antonio es hijo de Juan Antonio Santiago Salazar, el conocido y reconocido cantaor Enrique «El Extremeño» y de Felisa Donday «La Polvorilla». Por ello, cuando tiene que hacer memoria y hablar de sus comienzos con este instrumento, él lo tiene muy claro al afirmar que «el flamenco ha estado en mi casa desde que tengo uso de razón, no sólo por mi padre sino también por mi madre, que era cantaora. Lo he vivido de una manera muy natural».

Antonio tenía unos nueve años cuando por primera vez llegó a sus manos una guitarra. Inevitablemente fue su padre, quien además de su cante único también tiene algunos conocimientos del instrumento, el que le enseñó los primeros acordes y los iniciales mecanismos de técnica. El romance entre «Ñoño» y la guitarra no tardó en surgir, y además de plasmar en sus composiciones todo el bagaje que había vivido en su casa, comenzó a aprender con grandes maestros en la Fundación Cristina Heeren, con profesores de la talla de Pedro Sierra o Manolo Franco.

Antonio fue creciendo, y la guitarra cada vez ocupó más horas en su día a día, y es que tal y como él mismo explica «se trata de un instrumento muy sacrificado, con el que hay que ser muy constante y estudiar mucho si quieres estar a buen nivel».

Su buen hacer a las seis cuerdas lo ha llevado a pisar escenarios de medio mundo, en lugares tan exóticos como Costa Rica o Rusia, y ha formado parte de espectáculos protagonizados por artistas de la talla de Antonio Canales, Manuela Carrasco, Juana la del Revuelo o La Tana. De todas estas experiencias en los más increíbles lugares del globo, Antonio asegura que «he tenido la suerte de viajar por muchos países, pero el país que más me sorprende es Japón, por su cultura, por la gente y por la afición al flamenco que hay, es una afición de verdad».

El gremio de los artistas se encuentra en estos momentos atravesando una situación especialmente delicada a causa de la pandemia, que ha arrasado con viajes, tablaos, conciertos, eventos y todo tipo de espectáculos. Por ello, iniciativas como la impulsada por Lebrija con la puesta en marcha de este certamen ha sido recibida de manera extraordinaria por los propios artistas: «Para mí ganar este concurso ha sido una inyección de alegría y de energía, es algo que en estos tiempos tan complicados nos ayuda a seguir adelante, a seguir luchando. Hay que seguir trabajando, luchando y estudiando», explica el guitarrista utrerano, quien interpretó en el certamen una composición titulada «Polvorilla por bulerías», en la que claramente hacía un guiño a su madre.

Este utrerano le pone una gran emoción y corazón a su forma de tocar, y a través de su guitarra es posible escuchar a Utrera, sentir el legado que corre por sus venas, tal y como él explica, «Utrera ha influido mucho en mi manera de tocar, en mi guitarra está el ritmo de nuestra tierra, de lo que he vivido, de lo que he mamado desde pequeñito».

Una carrera profesional que sigue evolucionando, y que a buen seguro lo llevará por nuevos y apasionante derroteros. Por eso Ñoño afirma que «llevo 25 años tocando la guitarra en compañías, en todos los puntos de España, en el extranjero, y con grandes artistas, pero lamento haber trabajado muy poco en Utrera. Me encantaría trabajar más en mi tierra, a la que admiro y la llevo a gala y con orgullo allá por donde vaya».

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