La leyenda del lagarto de Consolación, un regalo único a la Virgen

La leyenda del lagarto de Consolación, un regalo único a la Virgen

Esta pieza singular de la colección de exvotos que tiene la Virgen de Consolación ha salido por primera vez del santuario

Pocas historias hay más ricas a lo largo y ancho de todo el territorio nacional que la que protagonizó desde el siglo XV la Virgen de Consolación. Por ello la patrona de Utrera cuenta con símbolos a su altura, forjados a través de los últimos cinco siglos. Entre ellos no pueden faltar elementos como su famosa lámpara, sus milagros, su espectacular barquito de oro y cristal de roca, y uno de sus elementos más especiales, enigmáticos y característicos: el lagarto de Consolación.

Con motivo de la exposición «El tesoro de la Virgen. Donde habita el consuelo», que estará abierta hasta finales del mes de febrero en las instalaciones del centro cultural Casa Surga, ha tenido lugar un hecho que no cuenta con precedentes, porque el maltrecho lagarto de Consolación ha salido por primera vez de los centenarios muros del santuario en el que se encuentra desde tiempo inmemorial. Aunque no está para muchos trotes, ya que le falta prácticamente la cabeza entera y algunas extremidades, es una de las piezas estrella de esta muestra que puede ser observada de cerca por todos los curiosos.

En cuanto a esta singular pieza, son numerosas las teorías y las leyendas que se han barajado a lo largo de la historia. Pero lo cierto es que el misterio termina imponiéndose en la mayoría de las ocasiones, sin que esté realmente documentado al 100% las razones que desembocaron en la presencia de este caimán en el templo utrerano.

La primera de las teorías que se cuenta para explicar el origen de esta pieza es directamente una leyenda, que se remonta a hace cinco siglos. Esta propuesta cuenta a modo de fábula que este reptil, en un instante de la historia no descrito, «emergió del pozo» que se sitúa en la sala denominada del lagarto, el lugar donde en 1520 Antonio de la Barreda puso la primera piedra de lo que posteriormente sería el santuario de Consolación». La leyenda indica que fue apresado, engrilletado y colocado en la sala en la que los utreranos lo han conocido de toda la vida.

Dejando al margen las leyendas, estamos ante un caimán momificado que en un instante no determinado, tras el descubrimiento de América, fue apresado en dicho continente, posteriormente disecado y traído hasta tierras utreranas, donde sería entregado a la Virgen a modo de ofrenda, lo que se conoce como exvoto. A lo largo y ancho de la geografía española es posible encontrar casos parecidos en enclaves como El Viso del Marqués, en Ciudad Real, en Fuensanta (Córdoba) o en Santiago de la Puebla (Salamanca), en incluso también en la catedral de Sevilla, donde la presencia de este tipo de reptiles da nombre popular incluso a una de sus puertas, la del Lagarto. En estos casos, personajes que conseguían hacer riqueza en tierras americanas, traían a su vuelta estos terroríficos animales para impresionar a sus paisanos y los terminaban regalando a las iglesias para que se colocaran en lugares de preeminencia y pudieran ser admirados. En este caso también hay teorías a que apuntan al carácter simbólico de esta práctica ya que, tal y como se explica en la propia exposición, comisariada por Sebastián Martínez Zaya, «la presencia del lagarto en los templos cristianos y, sobre todo, en los dedicados a las advocaciones marianas, es una constante. Este reptil se relaciona con la personificación del pecado, como triunfo de la Virgen sobre el mal del mundo».

Por ello, aunque sigue manteniendo un claro halo mítico, tiene cierta lógica la historia que cuenta el Libro de Los Milagros del santuario, que se ha reflejado junto a la pieza expuesta en la muestra: «Alejandro Corzo, italiano, pasando nadando por el río que llaman del Amor en el Pirú, junto a Paita, le salió un caimán y le asió por un brazo, y con gran impetú le llevaba debajo del agua para tragárselo; acórdose de nuestra Señora de Consolación en aquella agonía, y como pudo invocó su Nombre debajo del agua, y prometió ponerle a la Virgen en su templo una tabla desta maravilla y así lo cumplió».

Así, debemos entender que este señor, Alejandro Corzo, trajo a Utrera el caimán momificado que casi lo mató en tierras peruanas pero que, al invocar a la Virgen de Consolación, terminó salvándose. Por ello cobra fuerza la teoría de que estamos ante un singular exvoto, porque en ningún momento podemos perder de vista que la Virgen de Consolación tiene una clara vocación americanista, y que en los siglos XVI y XVII adquirió una importante fama en todas aquellas personas que cruzaban el Atlántico en busca de aventuras, y a Ella se encomendaban cuando la situación se complicaba. Siguiendo esta lógica, el «lagarto de Consolación» sería un exvoto más, muy singular, pero uno más de los miles de ellos que han llegado al santuario en los últimos siglos.

Esta pieza sirve para entender una vez más la enorme grandeza que llegó a alcanzar el fenómeno vinculado a la Virgen de Consolación, en una devoción que cruzó el océano y que se expandió por numerosos países americanos. La patrona de Utrera contó con la que históricamente se ha considerado como la colección de exvotos más importante de toda Andalucía que, a comienzos del siglo XXI, tenía más de 1.600 objetos. El descuido, los robos y la dejadez, así como la incomprensión y el desconocimiento de una historia tan rica como la de Consolación, han provocado que en las dos últimas décadas esta colección haya ido menguando de manera preocupante, hasta quedarse actualmente en 446 piezas, de las que una de ellas es el famoso lagarto de Consolación, que ahora por primera vez en quizás siglos, ha dejado por unos meses la tranquilidad del santuario.

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