La vuelta al mundo de Fernando Piña, un utrerano de 24 años a bordo del mítico buque escuela «Juan Sebastián de Elcano»

La vuelta al mundo de Fernando Piña, un utrerano de 24 años a bordo del mítico buque escuela «Juan Sebastián de Elcano»

Está conmemorándose el quinto centenario de la primera vuelta al mundo, protagonizada por Fernando de Magallanes y Juan Sebastián Elcano. A modo de homenaje, estos meses hay un barco que está siguiendo aquella ruta, tras partir del puerto de Cádiz el pasado 24 de agosto. Se trata de la embarcación más emblemática de la Armada Española, como es el buque escuela «Juan Sebastián de Elcano», donde se encuentra un utrerano de 24 años llamado Fernando Piña.

La tripulación de este auténtico gigante se compone de casi 250 personas, cumpliendo cada una de ellas una función fundamental para que la travesía en los mares se convierta en todo un éxito. En el caso del utrerano, su puesto se encuentra en el puente de mando, donde está especializado en tareas de navegación, manejando el timón del barco e interpretando cartas de navegación y sistemas electrónicos que facilitan dicha tarea.

Con motivo del aniversario que ahora se recuerda de aquella primera vuelta al mundo, el buque escuela está protagonizando bonitos gestos y homenajes a la que muchos consideran como la aventura más increíble de la humanidad. «Es realmente impensable que, en aquellos tiempos, Magallanes y Elcano pudieran dar la vuelta al mundo con los barcos de los que disponían, sin poder usar adelantos tecnológicos como los que tenemos nosotros o, simplemente, sin poder tener la suficiente agua potable o cámaras frigoríficas para almacenar convenientemente los alimentos», explica el joven marinero utrerano.

Así, coincidiendo con la fecha en la que, según los diarios de a bordo, Fernando de Magallanes consiguió encontrar el paso entre el Atlántico y el Pacífico -el 21 de octubre-, la tripulación del «Juan Sebastián de Elcano» realizó un bonito acto de homenaje, navegando junto al buque escuela chileno «Esmeralda» y disparando unas simbólicas salvas. Fernando Piña recuerda con mucho cariño estos días especiales, asegurando que «toda la zona del estrecho de Magallanes es espectacular, es lo más bonito que he visto en toda mi vida, es un paisaje completamente único».

La pandemia también está afectando de manera importante a la actividad habitual de este buque ya que, siguiendo los estrictos protocolos de seguridad, la tripulación no puede bajar a tierra en las numerosas escalas que se realizan a lo largo del mundo. Simplemente está permitido realizar paradas logísticas para llevar a cabo tareas de aprovisionamiento de mercancías y combustible, por lo que los marineros no están pudiendo disfrutar de una parte importante del viaje, como la que supone poder conocer de cerca otras culturas y países ubicados en todos los rincones del globo terráqueo por los que navega el buque. Pero este inconveniente no está suponiendo ningún problema para este joven marino utrerano, quien explica que «simplemente estar en este buque escuela y surcar el océano es cumplir un sueño que había perseguido durante gran parte de mi vida».

Todas aquellas personas que han tenido la suerte de formar parte de la tripulación del «Juan Sebastián de Elcano» entienden que la vida a bordo es una experiencia que no se olvida jamás y que sirve como metáfora y enseñanza única para encarar muchos momentos de la experiencia humana. Al utrerano le cuesta trabajo encontrar palabras para definir lo que supone esta aventura, y explica que «cruzar el océano en este barco es maravilloso, es algo que hay que vivir para poder explicarlo correctamente. Los paisajes que ves, disfrutar de las especies marinas que nadan junto al barco o contemplar los colores de los amaneceres y los atardeceres, que son únicos».

La actividad frenética que se vive en el barco a lo largo de prácticamente todo el día también deja espacio para el tiempo libre, que normalmente los componentes de la tripulación ocupan haciendo ejercicio físico, viendo películas, hablando con la familia o disfrutando de juegos de mesa. Una tripulación en la que el acento sevillano está bien representado, ya que el propio utrerano comenta que tiene compañeros de Dos Hermanas, de Alcalá de Guadaíra y de Sevilla capital.

Un periplo que terminará el próximo 13 de julio, de nuevo en aguas gaditanas, lugar al que este barco llegará para dar por finalizado un nuevo apasionante viaje, marcado como no podía ser de otra manera por la pandemia que azota al mundo, pero donde decenas de jóvenes como Fernando habrán cumplido el sueño que supone navegar en esta joya.

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