El matrimonio Antonio Panadero y Josefa García, alma de la hermandad de Fátima a lo largo del último medio siglo

El matrimonio Antonio Panadero y Josefa García, alma de la hermandad de Fátima a lo largo del último medio siglo

Antonio Panadero y Josefa García forman un matrimonio que es imprescindible para conocer en profundidad la historia reciente de la hermandad de la Virgen de Fátima, una devoción por la que lo han dado todo a lo largo del último medio siglo. Con mucho trabajo, tesón y sacrificio, han impulsado numerosos proyectos en esta hermandad, entre los que destaca la construcción de la capilla que ya forma parte del paisaje urbano del barrio de Las Veredillas. Como explica Josefa, «para nosotros, nuestra capilla es una auténtica catedral».

Aunque muchos lo desconozcan, Antonio Panadero nació en Lucena y cuando sólo tenía nueve meses de edad arribó a tierras utreranas, donde habían destinado a su padre para llevar a cabo su trabajo como ferroviario. Vivía en la desaparecida estación de tren de La Trinidad, recibiendo sus primeras lecciones escolares junto al resto de hijos de ferroviarios en el cortijo Palomo. En el aspecto profesional, Antonio siguió los pasos de su padre, trabajando en las estaciones de Bobadilla y Plaza de Armas, hasta que alcanzó la jubilación siendo factor de circulación en puesto de mando.

Por su parte, Josefa nació en la plaza de La Trianilla y conoció a Antonio cuando sólo tenía diez años de edad, por lo que han caminado juntos prácticamente durante toda su vida. Corría el año 1959 cuando el joven Antonio Panadero desembarcaba en el barrio de Las Veredillas, donde colaboró en la fundación de su famosa peña, un local que asegura que era «el lugar de encuentro para la gente de la barriada y todo el entorno, del que soy actualmente el socio número 1».

Fue en aquel momento cuando se inicia la relación de Panadero con la hermandad de Fátima ya que, como confiesa este utrerano de adopción, «los mayores me buscaban para llevar a cabo algunas tareas». Desde entonces, ha protagonizado toda una vida dedicada a luchar por esta hermandad, por la construcción de la capilla y por engrandecer la romería. Antonio fue hermano mayor durante cuatro años y Josefa a lo largo de nueve, pero de una manera u otra siempre han estado colaborando y trabajando por la hermandad.

«En Fátima, como pasa con todas las cosas en la vida, hemos vivido buenos y malos momentos, pero siempre hemos trabajado con ilusión y con la intención de hacerlo lo mejor posible», explica Panadero, quien ha vivido en los últimos años el peregrinaje que ha experimentado la romería que se celebra en honor de la Virgen de Fátima, que ha atravesado por todo tipo de vicisitudes. Una romería que se ha celebrado en Consolación, en los terrenos de Valentín del Castillo, en Doña Martina, en el pantano Torre del Águila, Maribáñez, Pinar de Doña o en Vistalegre. Como anécdota, Antonio explica que «una vez nos pidieron un millón de pesetas como pago para celebrar la romería en un terreno privado, una cifra que está muy lejos de lo que podríamos pagar», y es que sin lugar a dudas ha sido la celebración de la romería lo que más quebraderos de cabeza ha dado a la hermandad en los últimos años, sobre todo a la hora de encontrar el lugar más apropiado.

Antonio, que ha sido también directivo del Club Deportivo Utrera, así como presidente del Utrera Balompié –un equipo surgido en una época muy complicada para el fútbol en la ciudad-, formó parte de la junta superior del Consejo Local de Hermandades y Cofradías presidido por Emilio Alfaya y lleva tres mandatos consecutivos integrando la junta de gobierno de la hermandad de la Virgen de Consolación.

Una tarea dedicada a potenciar una hermandad utrerana que no se podría entender en la actualidad sin el apellido Panadero, y que Antonio resume cuando explica que «en todos estos años, nuestros logros más importantes han sido poder bendecir la capilla y celebrar el vigésimo quinto aniversario».

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