El conjunto fabril de Consolación, un retazo fundamental de la historia industrial de Utrera

El conjunto fabril de Consolación, un retazo fundamental de la historia industrial de Utrera

Junto al claustro del antiguo monasterio de Consolación que ocuparon los frailes mínimos se encuentra otro edificio que sin lugar a dudas confiere personalidad a un entorno que los utreranos conocen perfectamente. Se trata de la abandonada fábrica de jabones de Luis de Miñón «Nuestra Señora de Consolación», que cuenta con una bonita fachada adornada con azulejos y una chimenea que se ve desde la lejanía. Un complejo que se convierte en un fantástico ejemplo de lo que fue la arquitectura industrial de la Utrera de comienzos del pasado siglo XX y que en la actualidad puede ser propiedad de aquella persona que compre el monasterio de Consolación, ya que ambos inmuebles se venden en un «pack»  por el módico precio de 5,5 millones de euros.

Haciendo un apasionante viaje a través de la historia, si nos situamos en la mitad del siglo XIX, podríamos contemplar una ciudad que estaba cambiando a marchas forzadas. Utrera estaba dejando de ser un enclave eminentemente rural, y poco a poco se iba sumando al carro de la industrialización, principalmente gracias a la llegada del ferrocarril en 1860, que cambió para siempre a la localidad y la conectó con el exterior. El historiador local Andrés Otero lo explica de una manera muy clara en su libro «Utrera en el siglo XIX», cuando asegura que eran tiempos en los que en la ciudad «había cinco fabricantes de jabón, 22 molinos de aceite, 13 coches de caballos, 22 carretas, 5 abogados, 6 cirujanos, 3 boticarios, 33 tabernas y 4 confiterías».

En la segunda mitad del siglo XIX, numerosos enclaves de la zona de expansión de la ciudad se llenan de factorías y silos, como por ejemplo «La Utrerana» o «La Fontanilla». Por su parte, una de las personalidades más importantes para el desarrollo de la Utrera moderna, como fue Enrique de la Cuadra, también trató de convertirse en una referencia industrial del sur de España con la apertura de una fábrica de producción de aceite. A todos ellos hay que añadir la fábrica harinera de José Becquer y las fábricas de vino y aguardiente de José Gómez Pico y Diego de Sedas.

Estas instalaciones industriales se encuentran junto al santuario de Consolación

Tras cientos de años en los que la ciudad encontraba su principal riqueza en el campo, con la producción de aceite y cereales, el panorama urbano de Utrera cambiaba a marchas forzadas, creciendo en población y dejando de ser una ciudad eminentemente de carácter rural. Las calles de Utrera cambiaron muy rápido, hasta el punto de que incluso los edificios de carácter industrial llegaron hasta un lugar tan emblemático como la zona de Consolación, donde en los últimos cinco siglos no ha faltado el trasiego de peregrinos que llegan hasta el santuario para saludar a la patrona de Utrera.

En la década de los años 20 del pasado siglo XX, hace aproximadamente cien años, se levantaban los edificios que en la actualidad dan vida a lo que se conoce como el conjunto fabril del santuario de Consolación, donde Luis de Miñón y Garma –un banquero establecido en la localidad-, impulsaba la construcción de una fábrica de jabón y otras extracciones de aceite de orujo, que se trató de una de las primeras fábricas de su especie en todo el territorio nacional. Una instalación que funcionó hasta aproximadamente los años cincuenta, cuando poco a poco se fue abandonando hasta llegar a la situación actual.

La fachada de esta fábrica -decorada con unos inconfundibles azulejos-, se ha convertido desde entonces en una imagen muy querida para los utreranos, ya que en definitiva estamos ante uno de los retazos de la perspectiva industrial de Utrera, que nació con el siglo XX y que poco a poco fue entrando en quiebra a partir de la mitad de siglo, donde uno a uno estos complejos industriales fueron cerrando sus puertas. Por su singularidad, este complejo fabril cuenta en la actualidad con el grado de protección D que otorga el plan especial para la protección del conjunto histórico, que lo denomina como «uno de los pocos ejemplos existentes en Utrera de arquitectura industrial». Su singularidad le ha valido incluso para convertirse en uno de los escenarios donde se han grabado diferentes escenas que aparecen en la segunda temporada de la exitosa serie «La Peste», donde el conjunto fabril ha sido convertido en una calle de la Sevilla del siglo XVII.

Lo curioso del asunto es que en la actualidad este complejo industrial, -en cuyo interior se conservan elementos como hornos, chimeneas y una noria-, se vende conjuntamente al monasterio de Consolación a través de una página web dedicada a la venta de propiedades de lujo en todos los rincones del mundo. La empresa Lançois Doval es la encargada de vender a través de la red estas propiedades, al precio de 5,5 millones de euros, en un paquete en el que también está incluido un naranjal con más de 10.000 metros cuadrados. Según esta conocida empresa, «nos encontramos frente a un complejo arquitectónico que merece como pocos la etiqueta de único como marco incomparable para cualquier iniciativa de inversión turística».

Una imagen inconfundible, la del santuario de Consolación de Utrera –que congregó hasta el siglo XVIII una de las romerías más importantes de Andalucía-, que de manera inevitable ha estado unida a la de este conjunto industrial a lo largo del último siglo, que a su manera, también es un elemento muy importante para conocer una parte de la historia de Utrera.

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