Pedro Álvarez Quintero, un misterio a la sombra de los dos hermanos

Pedro Álvarez Quintero, un misterio a la sombra de los dos hermanos

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El hermano mayor de Joaquín y Serafín, un gran desconocido, fue el padre intelectual de los Álvarez Quintero

A la izquierda, Pedro Álvarez Quintero

Joaquín y Serafín Álvarez Quintero integraron durante décadas uno de los dúos literarios más destacados de toda la historia de la Literatura española. Las obras que escribieron los dos hermanos utreranos crearon escuela, mostraron algunos de los aspectos más importantes de una sociedad que cambiaba de manera vertiginosa en la primera mitad del siglo XX y llenaron teatros a lo largo y ancho de toda la geografía nacional. Una familia tocada por la varita del talento literario porque, aunque sea un desconocido para la mayoría del público, el hermano mayor, Pedro Álvarez Quintero, también escribía y fue una influencia fundamental para Joaquín y Serafín.

Pedro nació también en Utrera, en 1869 y, siempre ocupando posiciones discretas y secundarias, se convirtió desde el comienzo en una pieza básica para la carrera literaria de Joaquín y Serafín. Se convirtió en una especie de padre intelectual para los dos hermanos, en un guía que desde la sombra dirigía muchos de los pasos que daban los famosos comediógrafos. El amor que sentía por sus dos hermanos fue lo suficientemente grande como para dejar a un lado sus aspiraciones literarias, centrándose únicamente en ayudar a sus dos hermanos menores a la hora de triunfar en el mundo del teatro, pocos que no fueran Joaquín y Serafín sabían que Pedro escribía y tenía grandes inquietudes literarias.

Pedro tenía una personalidad muy especial, marcada por su timidez, por lo que no terminaba de darle mucha importancia a todo lo que escribía. «Muchas de las piezas que escribía las terminaba tirando a la basura, por lo que Serafín y Joaquín Álvarez Quintero iban rápidamente a rescatar lo que tiraba, porque estaban convencidos de que era muy buen material», cuenta Javier Mena, historiador municipal, un utrerano que se ha ocupado de gestionar el legado de los Álvarez Quintero a lo largo de las últimas tres décadas.

Según contaba el historiador Nicolás Salas, el mayor de los Álvarez Quintero escribió durante décadas con diferentes seudónimos para que el público nunca descubriese que estaba detrás de aquellas letras. «Utilizó nombres como Álvaro Pérez, Mateo Pico, Morsamor, Pedro Ángel y otros», explicaba Salas. Pedro escribía pequeñas piezas, marcadas por una gran elegancia en su estilo literario, en las que trataba de plasmar sus reflexiones acerca de las características más importantes de la sociedad que le rodeaba a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Muchas de estas pequeñas piezas se publicaron bajo seudónimo en diferentes periódicos de la época.

Homenaje de sus hermanos

Serafín y Joaquín Álvarez Quintero nunca perdieron de vista el talento literario de su hermano mayor, por lo que desde que murió –con apenas 50 años, en 1920-, tenían en la cabeza la idea de recopilar algunos de sus escritos y editar un libro que sirviera como homenaje al hermano que siempre estuvo en un segundo plano, pero que era para ellos una referencia y una figura a la que podían consultarle todas las dudas. La obra fructificaba en el año 1934, cuando nacía «El Huerto Ignorado. Rasgos de un Espíritu». Un libro que, además, apareció con este curioso subtítulo: «Tentativas y ensayos literarios, precedidos de una semblanza escrita por sus hermanos Serafín y Joaquín».

Los hermanos Álvarez Quintero ordenaron y recopilaron en este curioso libro todos los escritos que habían podido salvar que llevaban la firma de Pedro, aproximadamente 20 artículos que habían visto la luz con seudónimos en diferentes periódicos sevillanos de finales del siglo XIX y comienzos del XX. En una obra que desde entonces ha quedado también en una especie de plano secundario, que es difícil de encontrar y desconocida para el gran público, reforzando el papel que siempre quiso desempeñar el hermano mayor.

Los artículos rescatados por los dos hermanos trataban de temas tan dispares como la política, el teatro, el mundo de los toros e incluso el turismo. Serafín y Joaquín hicieron todo un ejercicio de investigación para recuperar estos artículos, e incluso salvaron notas privadas y diarios de su hermano mayor.

Pedro era la tercera pieza de una familia utrerana que pasó a la historia del olimpo literario español, que no ha quedado en el olvido gracias a ese curioso libro, «El Huerto Ignorado», que también fue homenajeado hace unos años por el Ayuntamiento de Utrera, que rotuló una calle con este nombre en el entorno de la barriada de Coca de la Piñera, donde también colocó un retrato del Álvarez Quintero más desconocido, pero que fue crucial para el desarrollo de sus dos hermanos menores.

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Redacción de Utreradigital.com

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