Las restrictivas creencias de la iglesia palmariana dificultan el uso de Internet para que los niños sigan las clases

Las restrictivas creencias de la iglesia palmariana dificultan el uso de Internet para que los niños sigan las clases

Desde que se suspendieron las clases de manera presencial, los estudiantes tienen que seguir con su actividad en casa, a través de Internet. Las nuevas tecnologías se han convertido en una herramienta fundamental para el aprendizaje, en un momento como el actual, en el que los colegios siguen sin recibir a sus alumnos.

Sin embargo, hay situaciones en las que se hace especialmente complicado el seguimiento de las asignaturas. Es lo que le ocurre a los estudiantes que forman parte de la iglesia palmariana, una secta en la que está prohibido el uso de Internet.

Cuando comenzó la pandemia de coronavirus, el Ayuntamiento de El Palmar de Troya medió con dicho colectivo para lograr que los alumnos disfrutaran de Internet y pudieran seguir las clases, pero el éxito ha sido solo parcial. Una profesora de dicha localidad reconoce, en un reportaje publicado por El País, que «nos ha sorprendido porque han participado más de lo que esperábamos. De las cuatro familias del instituto, dos participan, otra no lo hace por pereza y la otra porque no tiene Internet. Eso sí, a las videoconferencias tan solo se ha sumado un alumno y lo ha hecho con la cámara apagada».

Ahora con las clases suspendidas, sus problemas están difuminados. Pero hasta mediados de marzo, sus salidas de clase también se producían cuando acudían expertos para impartir charlas sobre temas que contravienen sus estrictas normas. «Las dos semanas al año en las que tratamos el aparato reproductor, esos niños no vienen a clase y tienen un cero. Es una limitación y son víctimas. Las páginas con imágenes de un gameto, aunque sea de una medusa, están tapadas con post-it, al igual que una persona en manga corta», explica la docente. También tienen vetado hablar de otras religiones, de diversas efemérides y de ciertas fiestas, al considerarlas «diabólicas».


Cuando empezó la pandemia, el Ayuntamiento de El Palmar de Troya medió con la iglesia palmariana para que los niños recibieran las clases por internet


Según recoge el reportaje, tres alumnos del instituto «Torre del Águila» fueron sancionados en febrero por mal comportamiento al abuchear y silbar mientras escuchaban el himno regional con motivo del Día de Andalucía. «Su actitud ahora es de cierta chulería, ven que ese modelo funciona y se integran mejor. No es solo con el profesor, también con los compañeros», critica otro docente sobre algunos de los 14 alumnos palmarianos del instituto, que cuenta con 150 escolares.

A pesar de las dificultades, sus vetos disminuyen. En 2015, ante el auge de las prohibiciones, los Servicios Sociales del Ayuntamiento denunciaron a varias familias ante la Fiscalía de Menores por absentismo durante toda la Semana Santa palmariana, que no coincide con la católica y, por tanto, es lectiva. El fiscal archivó la denuncia tras hablar con las familias y los actos religiosos se trasladaron a las tardes de la Semana Santa para que los niños puedan acudir a clase. «Antes se negaban a prestar cosas a los compañeros y ahora hacen amistades», valora un profesor. Asistieron incluso a una charla sobre el Día de la Mujer, impartida de las abuelas del pueblo, así como a talleres de cocina y costura de los maestros, explica Eva Vázquez, presidenta de la asociación de familias de alumnos del instituto.

Los chicos suelen continuar su formación en Bachillerato o Formación Profesional, e incluso a veces cursan también estudios universitarios. Sin embargo, «a ellas las sacan del instituto justo al cumplir 16 años, aunque les falte un trimestre para acabar», relata una docente.

Por otro lado, según señala la presidenta de la asociación de padres y madres del colegio «Federico García Lorca», Marta Prior, hay familias que han denunciado la «escasa higiene» de los escolares palmarianos ante la dirección del centro. «Utilizan ropa muy poco transpirable en pleno junio, con cuello alto, manga larga y pantalón hasta el tobillo con altas temperaturas. Cada año arrastramos este problema y han cambiado muy poco, la verdad», explica.

El alcalde, Juan Carlos González, ha intentado seducirles para que hagan jornadas de puertas abiertas, siempre sin éxito. «Nuestra intención es que los niños estudien y prefiero que estén aquí, porque si la administración les pone más trabas, podrían llevárselos a otro país y les perderíamos la pista», comenta.

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