El reino de los botones y los hilos en un rincón de la plaza del Altozano

El reino de los botones y los hilos en un rincón de la plaza del Altozano

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En 1990 abría las puertas Lenco, un negocio impulsado por este el matrimonio Diego Vázquez y María Dolores Arcenegui

Después de 13 años de noviazgo –como mandaban los cánones de la época-, los utreranos Diego Vázquez y María Dolores Arcenegui pasaban por el altar para contraer matrimonio. Corría el año 1990 y los recién casados decidieron disfrutar de su luna de miel en las Islas Canarias, una región que sería básica para la puesta en marcha de un establecimiento muy conocido por todos los utreranos. Pocos meses después abría sus puertas la mercería «Lenco», desde entonces una referencia en la localidad y uno de los pocos negocios de esta clase que mantienen sus puertas abiertas en Utrera.

María Dolores conocía el oficio porque había trabajado previamente en una fábrica de punto, mientras que Diego reconoce que «tenía poco conocimiento de este gremio profesional, ya que me había dedicado a trabajar en el campo con mi padre». Aquel viaje a Canarias se convertiría en clave, ya que desde allí comenzaron a pedir las primeras mercancías para el negocio que inicialmente abrieron en la calle Sevilla. En esta primera fase, se dedicaban más a la lencería, pijamas, sábanas y manteles, que llegaban directamente desde Canarias.


Pasó muy poco tiempo hasta que este intrépido matrimonio se trasladó a un pequeño local de la plaza del Altozano, que sólo tenía nueve metros cuadrados de superficie y que, como explica Diego, «ahí empezó todo, con muchas ilusiones, luchando cada día con muchas ganas de seguir para adelante y con grandes esfuerzos». Para emprender esta aventura precisaron la ayuda económica de los padres de ambos, pero el negocio comenzó con muy bien pie porque, como explica Diego, «abrimos en octubre y en enero ya pudimos devolverles el dinero que nos habían prestado».


Con tres décadas de historia, este establecimiento se ha convertido en referencia de la ciudad en su sector e incluso recibe clientes de otras ciudades


Ya en la plaza del Altozano el negocio se diversifica y se convierte en una mercería en la que se venden cientos de referencias, como botones, pasamanería o encajes. «Desde el primer momento tenía claro que teníamos que trabajar botones de calidad, y es que eran otros tiempos, donde cualquier traje de chaqueta llevaba un buen dinero en botones y en pasamanería», cuenta María Dolores, quien lleva tres décadas al frente del negocio y ofreciendo sabios consejos a varias generaciones de utreranos a la hora de comprar un género tan especializado.

Este establecimiento se ha convertido en lo que es hoy en día gracias al trabajo y al sacrificio de María Dolores y Diego, que han puesto todo su corazón en este negocio, hasta el punto de que confiesan que llevan cuatro años sin vacaciones. La mercería «Lenco» es un ejemplo más de esos establecimientos familiares utreranos que se han desarrollado contra viento y marea, y que se han hecho realidad gracias al duro trabajo diario de sus impulsores. La incertidumbre se cierne sobre esta mercería, ya que María Dolores y Diego tienen dos hijos que han «estudiado, que es lo que nosotros les hemos inculcado y no quieren seguir en el negocio, porque ellos mismos han experimentado en sus carnes la dureza de esta profesión». Así que cuando María Dolores y Diego alcancen su jubilación –dentro de pocos años-, sólo el futuro dirá si este rincón de la plaza del Altozano sigue siendo o no el reino de los botones y los hilos.

Estos dos utreranos, que se conocen desde los 17 años, son un tándem perfecto y han vivido en las últimas décadas todo tipo de anécdotas detrás del mostrador de este establecimiento que ha sido siempre una referencia no sólo en toda la comarca, sino también para muchos clientes de la capital que, como dice María Dolores, «vienen a Utrera porque en Sevilla ya apenas existen mercerías».

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Redacción de Utreradigital.com

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