La «Virgen de Negro», una tradición exclusivamente utrerana

La «Virgen de Negro», una tradición exclusivamente utrerana

Desde la década de los sesenta, Nuestra Señora de los Dolores procesiona el Sábado Santo vestida de luto

En el año 1955, la Iglesia católica emprendía la reforma litúrgica de la Semana Santa, y el hasta entonces conocido como «Sábado de Gloria» pasaba a denominarse como «Sábado Santo», abriéndose una puerta para la llegada de uno de los momentos con más sabor y personalidad con los que cuenta la Semana Santa de Utrera. El último día de la Semana Grande en la localidad es patrimonio exclusivo de la hermandad de la Vera-Cruz y Santo Entierro, que procesiona por las calles de la ciudad con los pasos del Santísimo Cristo Yacente y Nuestra Señora de los Dolores en su Soledad, en un paso que no deja indiferente a nadie, vestida completamente de negro y con rosas rojas como único exorno floral.

Es la «Virgen de Negro» o la «Virgen de Luto», como se conoce en la localidad, una imagen que en las últimas décadas se ha convertido en todo un clásico de la Semana Santa de Utrera y en una tradición que es prácticamente exclusiva de este municipio, porque no existen otros ejemplos en otras Semanas Santas de una Virgen que salga el Viernes Santo con un palio, y que justo al día siguiente, cuando apenas han transcurrido veinticuatro horas, vuelva a salir con otro palio y una imagen completamente distinta.

«Antes de la citada reforma litúrgica de la Semana Santa, la Vera-Cruz salía el Viernes Santo con los tres pasos: el Señor Atado a la Columna, la Virgen de los Dolores y el Cristo Yacente. Es, por tanto, en la segunda mitad del siglo XX cuando se plantea que la Virgen de los Dolores salga también el Sábado Santo», cuenta el estudioso de la Semana Santa de Utrera, Antonio Cabrera.

Desde 1956 a 1967 la Virgen de los Dolores salía el Sábado Santo sin palio, hasta que dos hombres fundamentales para la hermandad de la Vera-Cruz, como José Luis Gutiérrez y Antonio Benavides, pusieron en marcha un proyecto para diseñar un palio exclusivo para ese día, que en un primer momento debía de ser una solución de urgencia, pero que a la postre se ha convertido en uno de los principales atractivos del Sábado Santo en la comarca.

Es a finales de la década de los sesenta cuando se concibe este proyecto y, como cuenta José Luis Benavides, «la tela de guipur que se adquirió para el palio en un principio era de color morado, pero se mandó teñir de negro. De hecho, si miras el palio de cerca, puedes comprobar que todavía conserva algunas hebras de ese color». Una pieza que fue ejecutada por la bordadora Elena Caro y por la que la hermandad pagó la cantidad de 65.000 pesetas en 1968.

En los primeros Sábados Santos en los que la Virgen de los Dolores comenzó a salir ataviada de negro, el exorno floral que acompañaba el paso estaba compuesto por rosas blancas, con el objetivo de buscar la belleza en el contraste entre estos dos colores opuestos. Pero todo terminó cambiando un año en el que no fue posible encontrar las rosas blancas y se apostó, en una decisión arriesgada, por las rosas rojas -un color que todavía sigue luciendo en la actualidad-. Este cambio tuvo muy buena acogida, tanto dentro de la hermandad como en los círculos cofrades, y se ha terminado convirtiendo en otra de las señas de identidad del Sábado Santo utrerano. «Las flores rojas, como la sangre de Cristo ya ha muerto y procesiona en el paso del Santísimo Cristo Yacente», apunta Benavides.

«La Virgen de Luto» tiene una imagen única, algo que no es fácil de encontrar en otra Semana Santa que no sea la de Utrera, pero esta dolorosa utrerana también tiene un sonido propio y característico, que resuena con intensidad por las calles de la localidad cada Sábado Santo. El palio de esta Virgen tiene un sonido único, gracias al enriquecimiento del mismo que protagonizó la familia Benavides en 1984, año en el que también se estrenó el actual manto que porta la Virgen, ya que anteriormente llevaba un manto de terciopelo negro liso. Para terminar de crear una procesión única, se le añadieron numerosas piedrecitas de azabache que al chocar con los varales del paso dan como resultado un sonido ciertamente característico. «Fue ese mismo año en el que se creó la primera cuadrilla de hermanos costaleros, a la que tuve el honor de pertenece durante dos décadas», explica José Luis Benavides.

En pocas horas, la hermandad de la Vera-Cruz de Utrera culmina una transformación ciertamente notable, en la que todo el equipo de priostía de la corporación local lleva a cabo un importante trabajo, que comienza justo cuando termina la jornada del Viernes Santo. En muy poco tiempo tienen que llevar a cabo las complicadas tareas que supone cambiar la fisonomía del paso para que la Virgen de los Dolores recorra las calles de Utrera durante el Sábado Santo, de luto y tras el paso en el que se representa a Cristo muerto. No solo cambia el aspecto, también el sentido de la procesión, ya que mientras el Viernes Santo se puede escuchar tras el palio de la Virgen un completo repertorio de marchas procesionales, el Sábado Santo la historia en bien distinta, ya que es el turno para el tambor sordo y las composiciones clásicas de carácter fúnebre.

Esta procesión, con el paso de los años, se ha convertido en uno de los rasgos distintivos de la Semana Santa de Utrera, en una de esas tradiciones populares que la hacen única. Muchos de estos elementos populares han desaparecido de las Semanas Santas de numerosas localidades sevillanas, que anteponen la obsesión por parecerse a las cofradías de la capital al mantenimiento de sus propias tradiciones, lo que indudablemente está provocando que muchas hermandades renuncien a su personalidad.

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Redacción de Utreradigital.com

Un comentario en “La «Virgen de Negro», una tradición exclusivamente utrerana

  1. me gusta cuando la visten de negro es como si se le cambiara la cara no se le puede comparar con ninguna otra porque la virgen de los dolores es única en utrera cuando la visten de negro le han cantado poetas escritores como AntonIo murciano o Antonio cabrera que ella nos guie siempre

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