La «agachaíta», una tradición de Utrera en torno a Jesús Nazareno que se perdió hace un siglo

La «agachaíta», una tradición de Utrera en torno a Jesús Nazareno que se perdió hace un siglo

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A finales del siglo XIX, la hermandad de Jesús Nazareno, por aquel entonces y también en la actualidad, una de las hermandades señeras de la Semana Santa de Utrera, incorporó en su cortejo una centuria romana, lo que se conoce de manera popular como un grupo de «armaos». Los cofrades más jóvenes en Utrera no lo han conocido, pero estos «armaos» también formaban parte del cortejo de la hermandad de la Vera-Cruz y el Santo Entierro. En la actualidad ambas hermandades han dejado de incorporar este detalle en sus desfiles procesionales.

Los «armaos» que llevaba la hermandad de Jesús Nazareno tenían una función muy peculiar, por la que en cierta forma se convirtieron en un elemento muy antipático para los cofrades. Cuentan los testimonios orales de la época que esta centuria romana salía con la hermandad con el objetivo entre ceja y ceja de que, en ningún momento, el paso de Jesús Nazareno se pudiera encarar con el paso de la Virgen de las Angustias. En las calles no cabía literalmente un alfiler, el pueblo entero se lanzaba a ver estos dos pasos que marcaban el momento culminante de la Semana Santa de Utrera, que llegaba en el instante en el que en cierta manera se encontraban los dos pasos en plena Vereda.

En teoría, la centuria tenía como misión tratar por todos los medios de evitar este encuentro, que también llevaba el nombre de «agachaíta», por lo que no era extraño que los ciudadanos terminaran abucheando a estos particulares romanos e incluso en algunos casos casi llegando a las manos cuando los «armaos» se tomaban demasiado en serio su papel. Sin saber muy bien si ocurrió de manera espontánea o por propio mandato de la hermandad, lo cierto es que esta curiosa tradición se fue perdiendo y desapareció en las primeras décadas del siglo XX, dejando incluso de formar parte del cortejo de la hermandad los impopulares «armaos». Una centuria que sí duró algo más en la hermandad de la Vera-Cruz, donde procesionaron hasta mitad del siglo XX.

Sin duda, una tradición que confería personalidad a la Semana Santa de Utrera, como tantos otros detalles que hacían única la manera de sentir que tenía esta ciudad, entre las que se pueden citar las curiosas saetas que cantaban las monjas del convento de Santa Clara. Tradiciones que solo se han mantenido vivas en el recuerdo de aquellos que tuvieron la oportunidad de vivirlas y que han ido transmitiendo a los más jóvenes, y sin las cuales la Semana Santa de Utrera ha ido perdiendo poco a poco algo de su esencia más profunda.

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Redacción de Utreradigital.com

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