El desafío a las leyes de la Física cada Jueves Santo en Utrera

El desafío a las leyes de la Física cada Jueves Santo en Utrera

El paso por Arco de la Villa es un momento espectacular de la Semana Santa de Utrera

Cae la tarde del Jueves Santo en Utrera y, poco a poco, el entorno del Arco de la Villa se prepara para vivir uno de los momentos más intensos de la Semana Santa. Prácticamente no cabe un alfiler porque nadie quiera perderse el momento en el que la hermandad de la Trinidad desafía a las leyes más elementales de la Física, consiguiendo que el palio de la Virgen de los Desamparados atraviese un lugar en el que una primera mirada indica que es imposible que pueda entrar un paso.

Este es un momento de la Semana Santa utrerana que divide al mundo cofrade, tiene detractores y defensores a partes iguales, pero no hay duda de que la cuadrilla de la Virgen realiza un trabajo impresionante, lo más parecido a una proeza. El paso del Cristo de los Afligidos es el primero en atravesar este umbral, que es la única puerta de la antigua muralla que permanece en pie actualmente. Pero las miradas se concentran principalmente en el paso de palio, que es el que entraña una mayor dificultad.

En la delantera del paso se pide silencio. El espacio es mínimo y es necesario que las voces de los capataces se escuchen perfectamente. La mayor parte de la cuadrilla de costaleros sale del paso para sostener el peso desde fuera y ayudar a los 14 que se quedan dentro, reptando. Todo debe hacerse muy poco a poco, los varales prácticamente rozan la parte superior del arco, la respiración del público que se concentra de manera masiva en este enclave se detiene por momentos. Es un instante en el que se para el tiempo, en el que todos los corazones de los cofrades laten al mismo compás, pero que da paso a una sonora ovación con la que se reconoce el trabajo sobrehumano realizado por la cuadrilla y el equipo de capataces.

A simple vista, cuando contemplas el Arco de la Villa, parece impensable que por allí puede pasar un paso de palio. Todo lo contrario pensó José Luis Escala, un capataz pionero en Utrera, que fue el que mandó la primera cuadrilla de costaleros que consiguió la proeza de atravesar este enclave.  «Vivía en la zona y un día observé cómo una furgoneta que quería pasar por allí se quedó atrancada, por lo que esa misma tarde decidí ensayarlo con la cuadrilla y al final la Trinidad pasó por allí en el año 1977. En aquella época era todavía más difícil pasar el arco, ya que el suelo estaba unos 10 centímetros más alto que ahora». Las cuadrillas de costaleros que mandó Escala son muy recordadas en Utrera, porque se tratan de las primeras cuadrillas de hermanos costaleros que comenzaron a funcionar en la ciudad, de ahí que se conocieran de manera despectiva como la «cuadrilla de los niñatos».

Desde aquel 1977, la hermandad de la Trinidad sigue acudiendo puntualmente a su cita con el Arco de la Villa que, además, marca el momento simbólico en el que la corporación utrerana abandona su barrio, situado en el antiguo arrabal, para entrar de lleno en la zona que conduce a las calles más antiguas del municipio.

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