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Carta a papá

Sabes…

Mi padre era un buen hombre… solo que nunca recibió cariño, ni de su madre, ni de su mujer, ni de mí, cosa que me ha entristecido mucho tiempo, hasta que comprendes muchas cosas, sobre todo a cerrar heridas y dejar el pasado atrás, eso sí, me gusta recordar todo lo bueno.

Imagino que por eso se refugió desde pequeño en el alcohol. Él era muy alegre y de pequeña tengo buenos recuerdos de él.

Sus circunstancias le llevaron a actuar así. Su madre perdió un hijo, su hermano, poco después de hacer la comunión, recuerdo ese único cuadro de su casa, ese retrato grande del niño que se parecía tanto a mi padre, vestido de comunión.

Ese pequeño se lo llevó todo de ella, quedando vacía y rota por dentro, en tiempos donde el trabajo era duro y se pasaba mucha hambre, los años 30 y 40.

Recuerdo a mis abuelos sentados en la puerta de su casa, esperándonos como cada domingo, siempre con sus sonrisas en la cara, y los besos sonoros de mi abuela.

Esos domingos de visita con papá son recuerdos agradables que me vienen de vez en cuando, como hoy, quizás para intentar conocerles mejor, el porqué de sus vidas, e intentar comprender muchas cosas, dejar culpas y dolor atrás, averiguar cómo dejaron sus rompecabezas a medias y acoplar el mío en los suyos, porque mucho de ellos está en mí y en ti, y a medida que maduramos lo vemos más claro. Y esos pedacitos de ellos pasarán a nuestros hijos, nietos…

El carácter fuerte de la abuela, la amabilidad de esa mirada de ojos azules del abuelo…

¡Los Pimenteros! El Rubio y la Rubia del primer puesto de la plaza de abastos, apodados así por entre otros productos de la tierra, empezaron vendiendo pimientos.

Y papá, el hijo de los pimenteros, y sus hijas las morronas.

D.E.P.

Chari Domínguez.