El saxofonista Juan M. Jiménez, un talentoso músico utrerano que cada día despierta vocaciones en el conservatorio «Ana Valler»

El saxofonista Juan M. Jiménez, un talentoso músico utrerano que cada día despierta vocaciones en el conservatorio «Ana Valler»

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Es uno de los músicos utreranos más talentosos de las últimas décadas, se ha formado en los centros culturales más importantes de Europa y en la actualidad ha encontrado su lugar en la pureza de los niños que comienzan a relacionarse con el mundo de la música. El saxofonista Juan M. Jiménez podría perfectamente tener un hueco en el mundo académico musical de cualquiera de las grandes ciudades españolas, pero ha preferido seguir cerca de su familia en Utrera, enseñando a los más pequeños en el conservatorio elemental de música «Ana Valler», donde asegura que «todos los días los niños me dan muchísima energía, se puede decir que me llenan el depósito».

Juan nació en tierras catalanas, lugar al que sus padres se habían marchado como tantos otros utreranos en busca de mejores oportunidades económicas. Con sólo cinco años retornó a Utrera, a la calle Campana, lugar en el que aún sigue viviendo con su familia y que por aquellos años recuerda con mucho cariño donde se producían escenas que hoy en día son impensables, como las rondas que realizaban para vender sus productos «los aguadores y los carboneros. Cuando se lo cuento hoy a mis hijos me parece mentira como ha cambiado Utrera en tan poco tiempo».

Con sólo nueve años comienza su idilio con la música. Primero son las bandas de Semana Santa las que lo atraen por su colorido y espíritu fraternal, hasta que con sólo diez años es el maestro Salazar el primero que le descubrió el instrumento que se ha convertido en parte fundamental de su vida: el saxofón. El idilio fue potente y Juan recuerda emocionado cómo algunas veces recorría las carreteras de la provincia de Sevilla acompañando a su padre que trabajaba de comercial, practicando y tocando pasodobles con su ya inseparable instrumento.

Juan ya no iba a parar y consiguió terminar sus estudios superiores de música en Sevilla y Madrid, obteniendo además una beca de la Junta de Andalucía para continuar su formación en Francia, participando en numerosos proyectos musicales e impartiendo posteriormente clases en algunos de los centros culturales más destacados de Europa. Su vocación era eminentemente clásica, hasta que en 2007, tanto él como su compañero y también utrerano -el percusionista Antonio Moreno, con quien había formado en París el llamado «Proyecto Lorca»-, recibieron la llamada del rompedor bailaor flamenco Israel Galván, que quería incorporarlos en su elenco como músicos contemporáneos.

Es un momento crucial en la carrera artística de este músico utrerano, que casi de la noche a la mañana amplió sus horizontes creadores de una manera radical, comenzando a compartir escenario con todo tipo de músicos, muchos de ellos muy vinculados al mundo del flamenco. «Se puede decir que se me despertó un gusanillo muy especial y encontré mi sitio y me di cuenta de que el arte es mucho más que lo académico. En aquel momento percibí que podía tener la libertad de tocar lo que me apeteciera en cada momento, lo que llevaba dentro de verdad», explica el músico utrerano.

Años en los que se convirtió también en uno de los impulsores desde el punto de vista musical de la academia «Utrera Suena», una actividad pionera a la hora de fusionar la música clásica con el flamenco, en la que iniciaron sus estudios promesas de la actualidad como Andrés Barrios o María Marín, y que creó en la localidad un clima de libertad musical que se sigue respirando en la actualidad. «Hoy en día existe un ambiente musical fantástico en Utrera donde todos los músicos convivimos, hace ya años que conseguimos romper moldes y quitarnos los tabúes de la cabeza», asegura Juan.

El saxofón de Juan ha acompañado las voces de artistas como David Lagos, Rocío Márquez o Tomás de Perrate. Un utrerano que enamora tanto con su saxofón como con su simpatía y eterna sonrisa, que disfruta jugando al tenis con sus amigos en el club «Las Palmeras», y para el que la vida es una sinfonía amable en la que su mujer y sus tres hijos son sus notas protagonistas.

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Redacción de Utreradigital.com

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