El amor a la naturaleza al otro lado de la celosía de las Madres Carmelitas de Utrera (VÍDEO)

El amor a la naturaleza al otro lado de la celosía de las Madres Carmelitas de Utrera (VÍDEO)

La preocupación por el poco respeto que la sociedad le ha guardado a la naturaleza y al medio ambiente en las últimas décadas, es capaz de traspasar incluso los espesos muros del conocido convento de clausura de las Madres Carmelitas de Utrera, donde desarrollan su vocación una veintena de religiosas. Gracias a un precioso trabajo audiovisual impulsado por la asociación en defensa de la causa animal «Ddevida», en colaboración con la televisión Uvitel, estas religiosas han tenido la oportunidad de mandar un mensaje de amor con mayúsculas, tanto a todas las personas como a la naturaleza y a los seres vivos que viven en nuestro planeta.

Sor Ana María y sor María de Lourdes se sientan plácidamente en uno de los bancos del patio del convento de la Purísima Concepción, mientras una colonia de gatos –habitantes habituales de este enclave- se acercan en busca de algo de comida y también de alguna carantoña. Ellas los atienden, los acarician, les dan cariño, mientras van reflexionando de una manera profunda sobre el hombre, su actitud en el mundo y el trato que nos dispensamos entre nosotros, a la naturaleza y a los animales.

Sor Ana María lo tiene muy claro, lanzando un mensaje que firmaría cualquier ecologista en la actualidad, cuando asevera que «nos gustaría decirle a todo el mundo: amaos, amad a todo el planeta y a todo ser vivo. Estamos unidos con la naturaleza, somos una especie de familia mundial».

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Como en muchos rincones de Utrera, en el convento existe una colonia felina, un fenómeno que ha sido objeto de control en los últimos años en la localidad precisamente gracias a un proyecto municipal en el que ha sido fundamental la labor de la asociación Ddevida. Así, la propia sor Ana María hace una defensa de estos animales, explicando que «para mí personalmente es un animal con una sabiduría tremenda, que me está enseñando mucho. No lo encuentro solitario, necesitan su espacio, pero es que las personas también lo necesitamos para reconstruirnos interiormente». Con respecto a la mirada única que poseen los felinos, lo tiene muy claro: «Ellos tienen una capacidad que nosotros no alcanzamos, nos miran y ven más de nosotros que nosotros mismos».

Si sor Ana María lanza un mensaje ejemplar con respecto a la posición que deben ocupar los animales en nuestra sociedad, sor María de Lourdes cuenta una bellísima historia con respecto a un esbelto árbol que plantó con sus propias manos en el patio del convento y que fue capaz de ver como pasaba de ser una simple semilla a todo un señor árbol. «En verano lo tapaba con un paraguas o con una sábana para que no sufriera, lo veía poco a poco crecer y no me importaba el trabajo que había que hacer. Llegó un momento en el que ya me fue imposible ayudarlo por lo que lo dejé en las manos de Dios».

En un tiempo en el que cada día aparecen preocupantes noticias que nos dibujan las consecuencias del poco respecto que le hemos dedicado al medio ambiente, sor Ana María asegura que «la naturaleza tiene límites, tiene caducidad y si tú no cuidas de tu entorno, de tu naturaleza, va a ir en contra tuya». Una reflexión lacónica pero que deja una puerta abierta a la esperanza, explicando que «todavía tenemos la posibilidad de ayudar al planeta. La naturaleza nos da gratis toda la belleza que admiramos, tenemos que darle nuestro cuidado y respeto, el que no ame y cuide la naturaleza sabe que eso significa la propia destrucción del ser humano».

Desde el interior de un convento de clausura, en el que a lo largo de los últimos siglos, cientos de religiosas han desarrollado su vocación, llega un mensaje que no puede tener más vigencia y actualidad. Y es que las Madres Carmelitas –un colectivo especialmente querido en Utrera-, han estado siempre especialmente vinculadas con la naturaleza, ya que durante mucho tiempo fueron ellas mismas las que cultivaban sus alimentos y cuidaban a sus animales en el interior del convento. Voces puras, que piden al resto de los ciudadanos algo muy simple pero a la vez muy difícil de conseguir: que nos respetemos y nos amemos entre nosotros y cuidemos de todo lo que nos rodea.

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