El duro trabajo misionero de un utrerano en Guinea Ecuatorial

El duro trabajo misionero de un utrerano en Guinea Ecuatorial

A más de 4.000 kilómetros de Utrera se encuentra Guinea Ecuatorial. Pese a tener uno de los registros más altos de Producto Interior Bruto per cápita en todo su continente, la realidad de este pequeño país centroafricano es completamente distinta, al ser uno de los Estados con mayor desigualdad de todo el mundo. De hecho, la mayor parte de los guineanos vive con menos de un euro al día.

Ante este escenario, no debe ser fácil dejar temporalmente las comodidades de una localidad como la utrerana, que poco tiene que ver con lo que alguien puede encontrarse en la ciudad de Niefang. Hasta allí decidió irse Manuel Aguilar, un joven utrerano que ha vivido en primera persona la experiencia misionera de trabajar en el tercer mundo. Actualmente ejerce como profesor en el colegio Sagrada Familia, aunque «desde que tengo recuerdos siempre he sentido interés en participar en proyectos de este tipo. Era una utopía, un sueño a cumplir que ahora ha podido materializarse», ha explicado a COPE Utrera (98.1 FM).

En su anterior etapa profesional, estuvo trabajando en la sevillana Fundación Mornese, gestionada por las Salesianas, donde se encontró con otros compañeros que le hablaron de ese tipo de experiencias en Guatemala, Costa Rica, Etiopía,… Recuerda que «ellos me contaban cómo les había ido por esos países y yo también quería viajar hasta allí, pero los miedos aparecían y resultaba difícil dar el paso».

Ahora, integrado en la congregación que fundara Ana María Janer, «se me propuso la experiencia misionera en Guinea Ecuatorial por parte de la hermana Aída, desde el consejo general de la congregación. En el colegio de Utrera, la hermana Ana Mora también me habló de este proyecto y decidí aceptar».

Una vez en África, Aguilar reconoce que se encontró «con un panorama desolador, es un país con muchos recursos pero que no progresa debido a la dictadura que allí existe». La expedición, formada por 13 personas de diversas zonas del planeta –la mayoría de ellas, españolas-, ha tenido que hacer frente a «un trabajo duro. Hasta que no estás allí y conoces aquella realidad no te das cuenta de todo el trabajo que hay por hacer». Entre otras tareas, el utrerano –con la colaboración económica aportada por los profesores de su centro educativo- se ha encargado de la rehabilitación de un colegio que la Sagrada Familia gestiona allí desde hace años.

Pero más allá de las tareas físicas que se asumen en ese tipo de países, «allí se trabaja especialmente por ofrecer dignidad a las personas». A ello se une «el trabajo en valores con los jóvenes y niños, y la evangelización en las casas. Cuando conoces su realidad, te das cuenta de las necesidades que tienen estas familias».

Ya asumiendo su vida normal en Utrera, con la rutina habitual en su día a día, este joven explica que «fui a Guinea Ecuatorial con la intención de ayudar, y cuando he regresado me he dado cuenta de que la maleta ha venido más llena de lo que se fue. He sufrido un vuelco en mi mentalidad y en mi escala de valores, y me traigo el compromiso de hacer algo por ellos».

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