Utreace, una cooperativa olivarera utrerana que cumple 15 años

Utreace, una cooperativa olivarera utrerana que cumple 15 años

En el año 2004 daba sus primeros pasos en Utrera una pequeña cooperativa que nacía con el objetivo de aglutinar a los productores de la aceituna gordal, la variedad más extendida en los campos de la localidad desde hace décadas. La situación para estos productores ya empezaba a complicarse, aunque muchos de ellos nunca iban a imaginar hasta donde podían llegar los problemas y las dificultades en el campo, hasta el punto de que en la actualidad muchos de ellos no consiguen recuperar los costes invertidos en la producción y la aceituna ha dejado de ser su medio de vida, para convertirse casi en un mero entretenimiento.

Han pasado 15 años y a pesar de que han sido años muy difíciles, Utreace supera en la actualidad los 100 socios, siendo una cooperativa humilde, modesta, pero que se ha integrado en Agro Sevilla, una cooperativa de segundo grado. Socorro Moreno, con la compañía siempre de su marido Antonio Villalba, ha sido la cara visible de esta cooperativa, y no tiene pelos en la lengua a la hora de calificar la situación que se vive en los campos utreranos donde, para explicar las dificultades con las que se tiene que enfrentar día a día el agricultor, explica que «los productores de la aceituna gordal en Utrera somos los últimos de Filipinas, verdaderamente daríamos para hacer un amplio estudio».

A lo largo de estos tres lustros, la situación de los agricultores ha cambiado de manera drástica. Y es que, como explica Socorro, «estamos viviendo un problema estructural en nuestro sector, a lo largo de este tiempo hemos visto cómo empresas centenarias han tenido que desaparecer o reconvertirse». Sólo hay que prestar atención por ejemplo en Utrera para comprobar cómo «la aceituna ha pasado de ser el ingreso principal de muchas familias a ser simplemente un complemento de renta que se sigue cultivando casi por romanticismo porque son explotaciones familiares que estas personas han heredado de sus padres».

Todo ello en un año en el que los datos que están ofreciendo los especialistas con respecto a la campaña de recolección de la aceituna gordal no auguran nada bueno. En las últimas tres campañas, la aceituna gordal se ha movido en torno a los 45 millones de kilos, mientras que para esta campaña 2019 que ya ha llegado a los campos utreranos, la Interprofesional de la Aceituna de Mesa prevé alcanzar sólo los 17 millones de kilos, una cifra que la utrerana incluso cree «que será todavía inferior, ya que los olivos no tienen aceitunas, están agotados de años anteriores». Las campañas medias de la aceituna gordal se han movido siempre entre los 30 y los 32 millones de kilos, teniendo en cuenta además que el mercado suele demandar aproximadamente 25 millones de kilos cada año, por lo que está claro que en 2019 se está pagando la sobreproducción de campañas anteriores.

Ante esta situación llegan una serie de problemas aparejados, relacionados en este caso con el precio que el agricultor percibe por su producto. Como explica Socorro Moreno, «el año pasado se pagaba poco porque había mucha aceituna, y este año por mucho que se pague el agricultor no va a recuperar los costes, ya que al haber poca aceituna en los olivos cuesta más trabajo y más dinero recolectarla».

Desde una cooperativa como Utreace, que aglutina principalmente a pequeños y medianos agricultores y productores utreranos, siempre se ha lanzado un mensaje destinado a la unión de todos los elementos implicados en el mundo de la aceituna. En materia de agricultura, cada comarca sevillana tiene unas peculiaridades propias y unas necesidades concretas, pero Socorro Moreno está convencida de que «tenemos que ir todos a una, sé que no es fácil alinear a todos los sectores implicados, que somos muy individualistas, pero tenemos que unirnos. Los productores de Egipto, Turquía, Grecia y Marruecos nos están barriendo mientras en España no nos ponemos de acuerdo».

Utrera es una ciudad que está muy unida desde el punto sentimental a la aceituna y concretamente a la variedad gordal, que crece con vigor en sus campos y explotaciones agrícolas, un sector que históricamente ha sido crucial para la economía de la ciudad. Un mundo permanentemente en crisis, cuya muerte definitiva ha sido vaticinada en numerosas ocasiones, pero que al final siempre termina aguantando las embestidas y para el que Socorro pide «mucho trabajo y reconversión, ya que no podemos seguir haciendo lo mismo que hemos hecho en los últimos 150 años».

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