La huella de Utrera en una de las instituciones universitarias más antiguas del mundo

La huella de Utrera en una de las instituciones universitarias más antiguas del mundo

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El utrerano, allá donde el destino quiera llevarlo en cada momento de su vida, siempre va a pregonar a los cuatro vientos cuál es su localidad de origen, así como sus bondades y rasgos de personalidad. Un fenómeno que no es reciente, si atendemos a lo que ha descubierto el joven utrerano Valentín Navarro, que en estos momentos se encuentra realizando estudios de doctorado en la ciudad italiana de Bolonia, donde ha encontrado la huella de dos utreranos que vivieron en el siglo XVI, nada más y nada menos que en la que está considerada como una de las instituciones universitarias más antiguas del mundo: el Real Colegio de España de Bolonia.

Es una institución que se fundó en el año 1364, que está considerado como el colegio medieval en funcionamiento más antiguo de todo el continente europeo y es muestra de las intensas relaciones que ha guardado siempre esta ciudad italiana con España, y que fue fundado por el cardenal Gil Álvarez de Albornoz. A todo ello, Navarro añade que «no es sólo una de las instituciones universitarias más antiguas del mundo, sino que es, con toda seguridad, la institución española más antigua de cuantas aún permanecen en activo».


Ha sido una institución que ha contado siempre con la protección de los reyes de España, donde los estados italianos no podían ejercer ningún tipo de control sobre ella, jugando un papel fundamental a lo largo de los últimos seis siglos, siendo un lugar de intercambio de ideas entre alumnos españoles e italianos. Es un lugar por el que han pasado personalidades como Elio Antonio de Nebrija, San Ignacio de Loyola, Miguel de Cervantes o Benito Pérez Galdós.

Valentín Navarro ha encontrado un pequeño tesoro que estaba escondido en las actuales instalaciones del colegio ya que, como él mismo afirma, «en la segunda planta del edifico del Colegio, entre las bóvedas góticas que cierran los corredores, ocupa un lugar destacado el escudo de la ciudad de Utrera, recuerdo callado, pero perenne, de que, entre tantos ilustres colegiales, también se encontraban hijos de esta localidad».

Este curioso e inesperado hallazgo ha llevado al utrerano a investigar las razones por las que se encuentra el escudo de Utrera en esta institución, averiguando que contó con dos ilustres estudiantes utreranos, llamados Francisco Mejía y Alfonso Gómez. Incluso Valentín Navarro ha explicado que Mejía, quien permaneció en el colegio a comienzos del siglo XVI, era apodado por sus compañeros como «de Utrera». Sus padres eran naturales del municipio utrerano y estudió Derecho Civil en la Universidad de Salamanca y, según explica Valentín Navarro, «Francisco Mejía ‘de Utrera’ no sólo fue un magnífico intelectual, sino también un incansable viajero que, al menos en su etapa de estudiante, visitó buena parte de la geografía española». Un utrerano que dejó huella en esta institución, llegando a ocupar el cargo de consiliario canonista.

Detrás de ese curioso escudo de Utrera está también, tal y como ha investigado Valentín Navarro, el nombre de otro utrerano, el caso de Alfonso Gómez, quien en el año 1515 «solicitó al Rector y a sus consiliarios -uno de ellos, el consiliario canonista, era, recordemos, su paisano, Francisco Mejía- ingresar en el Real Colegio de España con la intención de obtener el título de Doctor en Derecho Canónico». Así, en el año 1516 se cumplían sus deseos y el utrerano llegaba a esta prestigiosa institución ubicada en tierras italianas, donde también consiguió el cargo de consiliario canonista y el título de doctor en Derecho Canónico.

«Estos dos intelectuales llevaron siempre por bandera, allá donde fueron, el nombre de su Utrera natal y, también, ese ‘no se qué’ que distingue a los utreranos y que hace que, estén donde estén, sepan integrarse sin perder su esencia», explica Valentín Navarro, quien está convencido de que el escudo de Utrera fue mandado pintar en el patio del Colegio de España por estos dos intrépidos paisanos en pleno siglo XVI, una curiosidad que aún hoy en la actualidad, en el siglo XXI, sigue plasmada en esta emblemática instalación, lista para ser descubierta como si de un juego de misterio se tratase por todos aquellos utreranos que tengan la suerte de poder visitar esta histórica ubicación.

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