Pinzón estrena el retablo mayor de su iglesia

Pinzón estrena el retablo mayor de su iglesia

La iglesia de la pedanía utrerana de Pinzón, perteneciente a la parroquia de San Pablo, ha visto mejorada de forma considerable la estética de su altar. Se ha producido con la bendición de un nuevo retablo que ocupa la imagen del crucificado que preside el templo.

Este proyecto ha venido a sustituir el cortinaje de tela que cobijaba hasta ahora al crucificado. Junto a la escasa vistosidad de la pieza que existía, el material empleado provocaba la proliferación de ácaros, humedades y hongos que atraen insectos y parásitos, conllevando un riesgo para la imagen, además de traer consigo un importante riesgo de incendio al ser habitual el uso de velas e incienso durante la celebración litúrgica.

Esta actuación ha servido para realzar estéticamente el conjunto, proteger la imagen y salvar los citados riesgos. Para ello se ha ejecutado un altar de estilo neoclásico, con importantes toques románticos, basándose en el clasicismo como línea artística fundamental, adhiriendo distintos materiales y formas que le aportan dichos toques románticos, propios de los altares de finales del siglo XIX.

El diseño tiene la firma de los jóvenes utreranos Víctor Jesús Dosch Sánchez y José Manuel Rodríguez Vázquez, quienes también se han encargado de los trabajos de marmolizado –en blanco, rosa y verde- que confieren al altar la estética que presenta. Por su parte, Francisco José Ortiz Jiménez ha sido el responsable de las labores de montaje de las piezas de escayola y mampostería.

Antes y después de la actuación en la iglesia

El altar tiene unas dimensiones de 7,50 metros de alto y 4 metros de ancho, contando de tres cuerpos. En su base, y como primer cuerpo, aparece una mesa de altar fija adherida al muro frontal de la iglesia. El cuerpo central cuenta con un arco de medio punto, que respalda y cobija la imagen del crucificado. Flanqueando la hornacina central pueden verse dos columnas a cada lado, de estilo corintio estriadas en su cuerpo, siendo sustentadas por basamentos que cuentan con los símbolos de San Pedro (llaves y piedra) y San Pablo (espada y libro) como pilares fundamentales de la Iglesia católica, mientras que en la parte superior existen sendas piezas con el sol y la luna. El cuerpo superior cuenta con cenefas marmolizadas y doradas, y una avanzadilla que entorna a la imagen, a modo de baldaquino, albergando una bambalina en terciopelo burdeos con flecos dorados, que acentúa el aire romántico del conjunto. Finalmente, el altar se remata con dos pináculos, marmolizados y con espejos, que vuelven a incidir en el romanticismo como sazonador de la obra; siendo coronada la parte central con un sol con rayos, símbolo de Dios.

Completando el conjunto también se ha construido una mesa de altar, siguiendo las mismas líneas que el retablo, decorada con el mismo tipo de marmolizado.

La culminación de este proyecto y su bendición ha coincidido con los últimos días del utrerano Plácido Díaz como párroco de San Pablo. Ahora este joven presbítero se encuentra en Roma, donde permanecerá destinado durante los próximos dos años para ampliar sus estudios.

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