Cuando la fe llena de caminos la historia de Consolación (GALERÍA)

Cuando la fe llena de caminos la historia de Consolación (GALERÍA)

¡Cuántas oraciones, súplicas y agradecimientos escucha la Virgen de Consolación cada 8 de septiembre! Cuando todos los caminos llevan al corazón de Utrera, los sentimientos se desbordan y la fe pasa de generación en generación. Tras más de cinco siglos de presencia en la ciudad, y a pesar de que Carlos III prohibiera su romería en 1771, «la del barquito en la mano» sigue centrando las miradas de miles y miles de devotos y peregrinos. Cada año vuelve a hacerse actual la reminiscencia de aquel trascendente acontecimiento que se celebraba coincidiendo con el día en el que la Iglesia conmemora la natividad de la Virgen, cuando el Real de Consolación veía salir a la patrona utrerana entre el bullicio de una de las romerías más importantes del país.

Cuando la tarde del 7 de septiembre empieza a buscar la caída del sol, miles de personas se echan a los caminos y a las carreteras que conducen a Utrera. El mapa de la fe a Consolación se extiende mucho más allá de las fronteras de una ciudad que recibe a tantos peregrinos como cuentas tiene el interminable rosario de una devoción que lleva siglos traspasando las fronteras del municipio en el que se asienta.

Una mochila con algo para beber por el camino y un calzado cómodo para las horas que quedan por delante. Eso es suficiente para que la distancia no se mida en kilómetros, sino en las ganas de pisar el lugar que cobija una de las devociones marianas más importantes de la provincia.

El de la Virgen de Consolación, denominado santuario diocesano de peregrinaciones, abre sus puertas en la víspera del 8 de septiembre para dar paso a una de las noches más hermosas que el calendario regala cada año. En esta ocasión, la patrona de Utrera recibe el cariño de sus fieles en el paso procesional con el que cada 1 de mayo sale a la calle, al haber abandonado temporalmente su emplazamiento tradicional debido a la restauración del retablo mayor del templo. Es, por tanto, una edición especial, distinta, que ofrece estampas diferentes a las habituales. No hay camarín que visitar ni escaleras que subir para estar junto a Ella; basta con entrar en el santuario para poder contemplar su mirada, más cerca de un pueblo que tiene a Consolación como algo más que un sentimiento religioso.

Decenas de miles de personas llegan en esta mágica fecha a postrarse a sus plantas. Como si el tiempo no pasara, como si aquella histórica romería quisiera hacerse presente cada año. Y junto a todas ellas, los utreranos ponen su mirada, como siempre, en Consolación, y acuden a felicitar el día a su patrona. Sin distinciones de origen, de caminos ni de distancias.

Entre el repique de las campanas, y con el encendido de la lámpara de aceite –recuerdo de aquel primer milagro de la Virgen- y el canto de la salve, Utrera descorre el telón de su día más importante del año. Porque si una jornada aglutina todo cuanto necesita este municipio para estar de celebración y mirarse al espejo, ése sin duda es el que protagoniza cada 8 de septiembre la Virgen de Consolación.

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Redacción de Utreradigital.com

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