El utrerano Juan Aranda Lara, varias décadas de trabajo al frente del conocido negocio «Congelados Arle»

El utrerano Juan Aranda Lara, varias décadas de trabajo al frente del conocido negocio «Congelados Arle»

En los años 60 toda la zona que rodeaba a la antigua plaza de toros de Utrera –el añorado Coso del Arrecife-, congregaba a una legión de niños que soñaban con convertirse en toreros, que jugaban a la lima y que se montaban en el palo de una escoba imaginando que iban a caballo. Uno de esos niños era el utrerano Juan Aranda, conocido en la localidad por gestionar durante varias décadas el establecimiento «Congelados Arle» y por ser un enamorado del mundo del toro, siendo la cabeza visible de la peña taurina «Curro Durán».
Juan vivía con sus padres y sus cinco hermanos justo al lado de la antigua plaza de toros, en unos tiempos en los que esta instalación se convertía en uno de los lugares más concurridos de Utrera. Recuerda como prácticamente «la plaza de toros era mi patio de juegos, y junto con otros niños del barrio entrábamos gratis tanto a las corridas como al cine, porque nos ofrecíamos a barrer las cáscaras de pipas y las colillas que quedaban después de cada corrida».
Tiempos de esplendor de la afición taurina en Utrera, en una ciudad que contaba con una plaza de toros centenaria, que Juan recuerda «con mucho encanto», donde vio torear a Espartaco padre y que reconoce que «fue una lástima que se tirara, y además al final para nada, porque todavía está ahí el solar vacío». Años en los que Juan también destaca como en cada corrida «se hacía un sorteo en el que se sorteaban lotes de electrodomésticos en el centro de la plaza».
Su padre, Juan Aranda Romero, fue uno de esos emprendedores utreranos que levantaron la ciudad en la segunda mitad del siglo XX, y fundó junto a Pedro Camacho la conocida firma de alimentación «Kimber». Es a finales de la década de los sesenta del siglo XX cuando junto a Pepe Ledesma impulsa otro negocio mítico, como fue «Congelados Arle», siendo pioneros en este sector de la alimentación, cuando a los hogares utreranos comenzaron a llegar los frigoríficos. El padre de Juan compaginaba el mundo de los congelados con la cría de gallinas y pollos, en un negocio familiar en el que el propio utrerano comenzó a trabajar en 1969. «Al principio no tenía carné de conducir, y me dedicaba a repartir en bicicleta», recuerda Juan, quien poco a poco fue asumiendo mayores responsabilidades quedándose en el negocio finalmente con su padre.
El fallecimiento de su padre en 1978 le hace tomar las riendas de la empresa junto a su hermana, llevándola a cotas superiores y convirtiéndose en distribuidor al por mayor de todo tipo de productos de alimentación congelados a lo largo de toda la comarca. Un desempeño que llevó a cabo hasta 2005, cuando unos problemas de salud le obligan a quedarse a un lado y ceder el testigo a su hijo Luis Daniel Aranda, quien sigue gestionando el negocio, «por lo que hemos llegado ya a la tercera generación».
De manera paralela la gran pasión de Juan ha sido siempre el mundo de los toros, ostentando durante casi tres décadas la presidencia de la peña taurina Curro Durán, que en la actualidad tiene su sede en el Bar Rastrojo, situado en la calle Martínez Montañés. Cuando era pequeño recuerda como daba sus pases con el capote, y afirma orgulloso como alguna vez se ha puesto delante de una vaquilla en alguna capea entre amigos.
En cuanto a la situación actual de la afición taurina, el utrerano reconoce que «hoy en día hay menos afición que otros tiempos, porque antes había muchas menos cosas, la cosa está difícil y además los mayores vamos perdiendo fuerza y son los jóvenes los que tienen que tirar del carro».

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