El guitarrista Ramón Priego, un utrerano que ha compartido escenario con artistas como Bambino, Lola Flores o Paco de Lucía

El guitarrista Ramón Priego, un utrerano que ha compartido escenario con artistas como Bambino, Lola Flores o Paco de Lucía

El mundo del utrerano Ramón Priego cambió de manera radical en el momento en el que una guitarra cayó en sus manos, pues desde entonces no se ha separado de ese instrumento, con el que ha recorrido los más ilustres escenarios de toda España. Su padre, aficionado a la bandurria, le enseñó a amar la música y le compró un magnetofón para que el joven Ramón pudiera grabar los toques flamencos que sonaban en la radio y aprender de oído discos enteros.

Ramón nació en una casa de vecinos de la calle Santa Clara en la que, como él mismo cuenta, «se sentía la escasez, pero vivíamos con alegría e ilusión». Su madre trabajaba en una de las muchas fábricas de procesado de la aceituna que existían en la localidad y su padre formaba parte de la plantilla de Renfe. Muy pronto sintió la atracción por las seis cuerdas y comenzó a estudiar solfeo con José Salazar en el Casino y posteriormente continuó su formación clásica en el Conservatorio.

Siendo todavía casi un niño, se convirtió en un habitual de las fiestas flamencas que organizaban los «señoritos» de la época, donde era posible escuchar voces inmortales como las de Enrique Montoya, Fernanda y Bernarda o Gaspar, y donde el joven Ramón trataba aprender los secretos del toque. Pero su primera gran oportunidad le llegó con un artista que le cambiaría la vida, como fue el caso de Bambino, quien lo fichó para acompañarle en la conocida sala «Oasis».

A comienzos de los años 70 se traslada a Madrid, en tiempos en los que la capital era un hervidero de artistas y donde Ramón continuó con la que siempre fue una de sus obsesiones, progresar en el aprendizaje de su instrumento. Desde el barrio de Vallecas se trasladaba como podía para asistir a las clases, asegurando que «me gustaba la guitarra clásica, pero no lo siento como el flamenco. Por eso algunas veces los profesores se escandalizaban cuando tocaba una pieza clásica por bulerías, aunque los alumnos sí me aplaudían».

Eran años en los que los artistas flamencos se buscaban la vida en Madrid, donde el talento aparecía hasta altas horas de la madrugada en numerosos espacios, así que Ramón se subió al escenario de uno de los templos de la época, como era el tablao «Caripén», impulsado por Lola Flores y donde el utrerano vivió momentos inolvidables tocando para grandes artistas como la propia faraona o compartiendo cuadro con el mismísimo Paco de Lucía. De las iniciales 300 pesetas que cobraba por gala -una cantidad importante para la época- pasó rápidamente a las 1.000 pesetas por noche en otro tablao que Lola abrió en Puerto Banús, donde quiso que tocara Ramón y donde también disfrutó de momentos inolvidables.

Es en la propia localidad malagueña donde su camino se volvería a cruzar con el del inmortal Bambino, quien junto a otros artistas como su propio hermano Pepe Priego o Paco de El Gastor, le propuso acompañarle en una gira por escenarios de toda España, en los que Bambino colgaba el cartel de «no hay billetes» prácticamente todas las noches. Años inolvidables, en los que en un coche conducido por el desaparecido Juan Márquez, este grupo de músicos recorría toda la geografía española. «A Bambino le gustaba la música de verdad, en aquellos momentos llevaba el mejor grupo de España», cuenta el guitarrista utrerano.

Los tiempos dorados del flamenco y de aquellos tablaos poco a poco fueron dando paso a un nuevo panorama en el que la actividad descendió de manera drástica y muchos músicos comenzaron a encontrar muchos problemas para ganarse la vida. Madrid dejó de ser la ciudad de las noches interminables en los tablaos y Ramón se enfrascó en aventuras en otras latitudes como las Islas Canarias o incluso en tierras japonesas. Volvió a afincarse en Utrera y a tocar en tablaos de la capital sevillana, siendo en estos momentos guitarrista habitual en el tablao de «El Arenal», donde comparte escenario con grandes artistas.

En la actualidad su sueño sería que Utrera pudiera tener una «escuela de flamenco donde se aprenda cante, toque y baile», y lamenta que su localidad natal «a pesar de ser cuna del cante se haya quedado paralizada, porque no hay futuro para los artistas, después de estar muchos años estudiando no encuentran un panorama alentador y pasan hambre».

La guitarra del utrerano ha vivido momentos imborrables de una etapa dorada del flamenco, un periodo que sigue vivo en sus dedos cuando recorren el mástil de su instrumento y en el estuche que lo guarda, repleto de  fotografías de una época en la que el talento utrerano desbordó los márgenes del flamenco.

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