Un repaso por la vida de José Manuel González «Terrino», florista y sacristán de San José

Un repaso por la vida de José Manuel González «Terrino», florista y sacristán de San José

Los pasos del utrerano José Manuel González Fernández, más conocido en la localidad como «Terrino» -que curiosamente era el segundo apellido de su padre-, se han movido siempre en el entorno de la barriada La Paz, el Arenal y la calle Molares. Estudió en el colegio de los Salesianos y desde muy joven, cuando tenía sólo diez o doce años, ya estaba convencido de que el mundo de las flores iba a ser algo fundamental en su vida.

«Cuando era todavía un niño ya compraba flores muy cerca del antiguo bar Limones y después hacía arreglos y los vendía en una cochera que tenía en la calle Arenal, donde estuve unos ocho años», comenta Terrino, una persona que ha destacado siempre en Utrera por su buena mano a la hora de elaborar arreglos florales y el arreglo de altares de culto.

Desde hace treinta años gestiona un quiosco en la calle Molares, del que han salido miles de creaciones de este utrerano que asegura de manera tajante que «mi mundo han sido siempre las flores y la Iglesia, nunca me he dedicado a otra cosa desde el punto de vista profesional». Así, los días de José Manuel discurren por las mañanas en su quiosco de flores y por las tardes ejerce la función de sacristán en la parroquia de San José, por lo que realmente le queda poco tiempo libre cada jornada.

Lo más curioso es que este utrerano aprendió los secretos en el mundo de las flores de manera autodidacta, no tuvo realmente ningún maestro, ya que confiesa que «aprendí yendo a Sevilla, entrando en las floristerías y fijándome en la manera de trabajar que tenía cada profesional y después probando por mi cuenta». Eso sí, recuerda con especial cariño la labor que desempeñó en los tiempos de la Expo 92’, cuando estuvo trabajando en el pabellón de Holanda, que se convirtió en el punto neurálgico desde el que se distribuían los arreglos florales al resto de pabellones que poblaban la Isla de la Cartuja. Incluso su buena mano fue fundamental para crear los arreglos florales que adornaron el escenario del teatro de la Maestranza en la recordada actuación que ofreció la añorada artista Rocío Jurado.

Además del mundo de las flores, la Iglesia y las hermandades han sido y son fundamentales en la vida diaria de este entrañable utrerano. Así, confiesa que forma parte de «todas las hermandades de Gloria y de la hermandad de los Gitanos». Los Salesianos y la devoción a María Auxiliadora ocupan un lugar especial en su corazón, ya que –además de haber estudiado en el colegio hasta los 17 años- durante muchos años era el responsable de la creación del Monumento del Jueves Santo y del altar de cultos de la novena dedicada a la Virgen de Don Bosco. Su creatividad le ha llevado a crear monumentos en los que el sagrario se encontraba en una fuente, en una barca e incluso en un olivo y cuenta orgulloso cómo «la gente siempre estaba esperando que llegara el Jueves Santo para ver el Monumento».

Su dedicación en este mundo le ha posibilitado conocer de cerca el rico patrimonio con el que cuentan las iglesias de Utrera y recuerda con alegría cómo llegó a rezar un rosario dedicado a María Auxiliadora, en plena noche y en compañía del cardenal salesiano Óscar Andrés Rodríguez Madariaga, en su visita a Utrera. Además, también tiene recuerdos muy bonitos de Pedro de Arribas Sánchez, una persona que asegura que fue muy importante para su labor como florista y que «me ayudó a trabajar en muchas bodas en Sevilla».

Un utrerano que destaca por ser una persona llana y sencilla, que disfruta escuchando las sevillanas de Los Romeros de la Puebla o las coplas clásicas de Marifé de Triana o Juanita Reina, y al que cuando tiene tiempo le encanta pasear tranquilamente por el campo.

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