- Utrera Digital - https://www.utreradigital.com/web -

El paro juvenil

El paro en los jóvenes españoles es una lacra, una herida, un cáncer, un carcinoma, un epitelioma, un sarcoma; un tumor maligno, derivado de estructuras masenquimales, el cual debe ser extirpado antes de que sobrevenga la metástasis y se propague en un órgano distinto de aquel en el cual se inició. A pesar de que haya decrecido en el último año, España es el país con el paro más elevado en este grupo de la población, después de Grecia. Un treinta y ocho por ciento de nuestros jóvenes no tiene trabajo. Esta cifra triplica la media de la Unión Europea. El abandono escolar, la escasa coordinación entre educación y empresa y la huida de la Formación Profesional, por falta de información y por cierta estigmatización de estos estudios, aun no superada, contribuyen a elevar el guarismo hasta alcanzar unos números, que sonrojan a cualquiera. Los distintos gobiernos han naufragado en el mar borrascoso del desempleo y del paro, plagado de impetuosas olas, de huracanados vientos, de bravía espuma y de remos rotos por la tempestad. El naufragio en la isla de Calipso no es una realidad, pero sí una metáfora que convendría interpretar. El final de la Ilíada y el comienzo de la Odisea, como ejemplo y enseñanza de la historia y de la vida, en la antología de los siglos.

Hoy, los títulos, por sí mismos, valen poco, si no van acompañados de un aprendizaje técnico, un dominio del inglés y un conocimiento teórico y práctico de las nuevas tecnologías. Empresas, institutos y universidades tienen que guardar una relación estrecha y fructífera, de modo que los estudiantes  de los distintos niveles puedan realizar, una vez concluidos los estudios de ciclos y grados, prácticas remuneradas, que contribuyan a su integración en el mundo laboral. Una formación, en la cual participen los centros educativos y las empresas, debe constituir un objetivo esencial en el proceso. Solo así la barca llegará a buen puerto y desafiará con éxito el episodio de Calipso. Las preguntas que surgen de acuerdo con este acontecer son por qué en Europa el alguarismo baja de modo considerable y por qué en  Alemania afecta solo al seis por ciento de los jóvenes y en España a cerca del cuarenta por ciento. «No creo en el infierno, creo en el paro», señala Dustin Hoffman con la métrica de esa verdad, que se pone entre paréntesis para que la vergüenza no asome por encima de su color. El enunciado extraído de la gran película Tootsie, en la que Hoffman hace el papel de un actor que se queda sin trabajo, es el reflejo de una metáfora que expresa, por sí misma, la tragedia humana que supone la condición de parado y las consecuencias tan nocivas que tiene para la sociedad. Por ello mismo, los partidos políticos, sindicatos, instituciones y empresas deben prestar especial atención a este desazonador capítulo, con la finalidad de encontrar soluciones. Las interrogaciones siguen su curso en la sintaxis del artículo mediante el diálogo aristotélico con ellas mismas: ¿qué pensión van a recibir los jóvenes si la situación no cambia?; ¿se puede formar una familia en ese contexto?; ¿cuándo podrán comprar una vivienda?; ¿cómo repercutirá en la natalidad este hecho desfavorable?; ¿puede soportar mucho tiempo la nación española una cuestión tan espinosa como la descrita?; ¿no es lamentable que muchos titulados superiores, incluso con el doctorado, tengan que hacer las maletas para encontrar trabajo y mostrar su ciencia, su talento y su sabiduría allende las fronteras de la España en la que han sido formados?

Solo nos queda recitar una canción donde la palabra sea el verso soñado en la madrugada. La juventud, divino tesoro, de Juan Ramón, debe ser mimada, amparada y protegida, de manera que consiga sus metas y objetivos entre la ilusión y la sonrisa de quienes aman la vida y la sienten con la pasión de una edad que es el futuro de ella misma y de todos los demás. Generación a generación. «La juventud anuncia al hombre como la mañana al día», versificó John Milton en esos momentos en los que el destino más parece recuerdo que memoria; luz que llama. Las elecciones generales, autonómicas, municipales y europeas se aproximan. El paro juvenil debe ocupar las páginas centrales de los programas de los distintos partidos. Como en el cuadro (óleo sobre lienzo) de George Frederic Watts, Hope, la esperanza es lo último que se pierde. Nuestros jóvenes, al contrario que la muchacha pelirroja de la pintura, cuya cabeza está inclinada y junto a una lira, en un fondo de tonos verdes y azules, no quieren vendarse los ojos por la falta de expectativa. Porque hacen suya la frase de Ovidio: «La esperanza hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aun cuando no vea tierra por ningún lado».

Manuel Peñalver

 

.