Cuando el corazón se impone a los sinsabores (GALERÍA IMÁGENES)

Cuando el corazón se impone a los sinsabores (GALERÍA IMÁGENES)

El corazón de todos los utreranos late a un ritmo distinto en el santuario de Consolación. Si a lo mágico del lugar se suma una noche de villancicos con sones de la tierra y cantados por gente de Utrera, los problemas que puedan presentarse terminarán recordándose como una anécdota de una noche muy especial. Cuando las cosas se hacen poniendo todo el corazón, es justo valorar lo positivo que traen consigo y relativizar otros inconvenientes en los que se hayan visto envueltas.

El Coro Hermandad nació hace 16 años para cantar a la Navidad con el compás típico de los campanilleros de Utrera. Lo que comenzó como un grupo de amigos que salía a la calle para hacer sonar sus villancicos, pasó después al teatro municipal «Enrique de la Cuadra», con espectáculos y la edición de ocho discos que recogen los trabajos anuales que presentaban ante su pueblo.

Aunque la intención era colgar los instrumentos para descansar después de todo lo realizado, este año llegaba el ofrecimiento de la hermandad de los Muchachos de Consolación para protagonizar el recital navideño que cada diciembre se celebra en el santuario. Ante un proyecto tan especial como éste, los integrantes del coro, con Pitín Hijo a la cabeza como director artístico, tuvieron un «sí» como respuesta.

De todos los villancicos que durante este tiempo han cantando y grabado, el coro ofreció una selección sobre el altar mayor del templo que preside la patrona de Utrera. Los once integrantes de este grupo, junto a los músicos que acompañaron el recital, se dejaron las voces para que el eco de sus cantos llegara a cada una de las localidades que abarrotaron el templo. Y es que un problema en la potencia del suministro eléctrico que llega al santuario de Consolación trajo consigo un importante descontrol en el sonido, pese a los enormes esfuerzos por devolver el evento a la normalidad. Los artistas, los técnicos, los organizadores y el público sufrieron al ver que la situación se había ido de las manos. Sin embargo, los aplausos de los asistentes quisieron servir de apoyo ante estos difíciles momentos, poniendo en valor el desvelo que unos y otros estaban mostrando a pesar de esos reveses. Superado más de la mitad del recital, y viendo que el problema surgido nada más comenzar seguía sin solución, quienes estaban sobre el altar echaron el resto para que sus voces y sus instrumentos pudieran ser escuchados sin megafonía.

Pero, a pesar de esos sinsabores, valió la pena el esfuerzo para disfrutar del canto a la Navidad que el Coro Hermandad tenía preparado con todo el cariño y el amor que se un utrerano puede poner ante un proyecto de este tipo en Consolación. Junto a ellos, como artistas invitados, también intervinieron Enrique Montoya «Candela», Tomás de Perrate y varios componentes del coro Siarum.

Un largo aplauso del público en pie ponía el colofón a una velada que, desde el punto de vista musical, comenzaba con la archiconocida plegaria a la Virgen de Consolación que popularizó Enrique Montoya. Y, teniendo a Ella siempre presente, también a «la del barquito en la mano» se dirigieron las miradas de todos cuando la noche llegaba a su fin entre los acordes de otra plegaria, menos conocida, igualmente dedicada a la patrona de Utrera.

El recital del Coro Hermandad fue el momento central de una convocatoria en la que también pudo escucharse a Mario Niebla del Toro, director de la revista de sociedad sevillana «Escaparate», quien se encargó de ofrecer este año la exaltación navideña. A lo largo de casi 22 minutos, la mayor parte de sus palabras fueron para piropear a Utrera, una ciudad de la que habló especialmente, al tiempo que recordó los vínculos que le unen con ella.

Presentado por la periodista Ana González, el acto contó igualmente con las intervenciones del teniente de hermano mayor de la hermandad de los Muchachos de Consolación –ante la ausencia del hermano mayor, por motivos familiares-, del rector del templo y del alcalde. Todos ellos tuvieron palabras de felicitación ante unas fiestas navideñas que, desde hace siete años, cuentan con el prólogo musical que trae consigo el recital organizado por la cofradía del Lunes Santo. Y, como siempre, con un doble objetivo: obtener fondos económicos para la bolsa de caridad de la hermandad y para sufragar el coste que supuso la restauración de la torre del santuario.

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