La amarga victoria del susanismo

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No sé si la presidenta de la Junta de Andalucía habrá leído el libro de Hillary Clinton What Happened (¿Qué pasó?). Lo haya hecho o no, debería de prestar atención a lo que la política americana afirma en una de las páginas: «Vuelvo a pensar en mis propios defectos y en los errores que cometimos. Y me responsabilizo de todos ellos. Puedes echar la culpa a los datos, culpar a quien quieras, pero yo fui la candidata. Fue mi campaña y fueron mis decisiones». Susana Díaz no comienza su caída el 2 de diciembre; su declive nace en el momento en que entrega los votos del PSOE-A, en las elecciones a la secretaría general, a Pedro Sánchez, para que le guardara la silla, y se los niega a Eduardo Madina, a quien quemó en la pira, como si hubiera sido una metáfora en la hoguera de las vanidades. La caída pasó desapercibida hasta el 1 de octubre de 2016, cuando Ferraz se convirtió en el coloso en llamas y Pérez Tapias dijo con su filosofía hegeliana, entre sílabas y sintagmas: «El PSOE está roto». Estaba escrito que la reina de Triana cogería, ya tarde, el ave de Sevilla a Madrid, para enfrentarse a Sánchez en las primarias de mayo de 2017, que perdió por gran diferencia. Volver al palacio de San Telmo, vencida y señalada, derrotada y cuestionada, no fue un asunto fácil. Tarde o temprano, el sanchismo trataría de vengar aquella ofensa y aquella humillación, que provocaron el baldón al madrileño. Sánchez no se olvidó nunca de un proverbio árabe: «Siéntate en la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo». José Luis Ábalos, el secretario de organización, ha hecho lo mismo que los presidentes de los equipos de fútbol, cuando quieren destituir al entrenador: primero, lo confirman y poco después lo dejan caer, recordando aquella frase de Fiodor Dostoievski: «Después de un fracaso, los planes mejor elaborados parecen absurdos».
El plazo, concedido por Sánchez, tiene fecha: el día de la investidura. Si Moreno Bonilla y Juan Marín llegan a un acuerdo, la situación de Díaz será insostenible. Así, la frase proverbial se redactará en la vieja tradición del castellano viejo, que el presidente del Gobierno recuerda en esos segundos en los que el instante se hace memoria: «La venganza y el cangrejo de río se sirven en plato frío». ¿Nos podemos imaginar a la presidenta en funciones de la Junta de Andalucía como portavoz de la oposición en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas, sede del parlamento andaluz? «Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan de noche», aseveró Edgar Allan Poe en las páginas dilectas de la antología. El PSOE-A ha perdido en estas elecciones 14 diputados y 400000 votos. Estas cifras no son un sueño, sino una realidad, a pesar de que, para Díaz, siga pareciendo una ficción de León Tolstói. Hecho que, después de 36 años de dominio socialista, abre, por primera vez, las puertas del gobierno de la Junta a la derecha; si bien no hay que olvidar que en esta última legislatura Ciudadanos apoyó al partido socialista. «Mire vuestra merced, respondió Sancho, que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino». La reina de Triana debería releer este fragmento, con la intención de comprender las palabras de Jack Welch Jr.: «Enfrenta la realidad tal como es, no como era o como deseas que fuera».
La lectura de El príncipe de Maquiavelo ayudará a la lideresa sevillana a comprender mejor el yo y las circunstancias de aquellos que hoy te aplauden y mañana te pueden apuñalar sin escrúpulos y sin conciencia alguna. Lo cual le hará pensar en uno de los mejores sonetos de la literatura, y cuyo autor es D. Francisco de Quevedo: Buscas en Roma a Roma ¡oh peregrino! / y en Roma misma a Roma no la hallas: / cadáver son las que ostentó murallas / y tumba de sí propio el Aventino. / Yace donde reinaba el Palatino / y limadas del tiempo, las medallas / más se muestran destrozo a las batallas / de las edades que Blasón Latino. / Solo el Tíber quedó, cuya corriente, / si ciudad la regó, ya sepoltura / la llora con funesto son doliente. / ¡Oh Roma en tu grandeza, en tu hermosura, / huyó lo que era firme y solamente / lo fugitivo permanece y dura! Si doña Susana lee este áureo poema, entenderá bien la frase latina: Sic transit gloria mundi. De esta manera, pasa la gloria del mundo. Los latidos del corazón envejecen de repente. Y el poder también se rompe.
Manuel Peñalver

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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