Resucitó Rivera

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La moción de censura, que envió al PP a la oposición y a Rajoy al registro de la propiedad de Santa Pola, tuvo otras consecuencias como la convocatoria de un congreso extraordinario del partido de la derecha para elegir presidente o presidenta entre los aspirantes. La conspiradora Soraya, la codiciosa María Dolores de Cospedal y el tenaz Pablo Casado parten como favoritos. La llegada inesperada de Pedro Sánchez al palacio  de la Moncloa, al que sus asesores de imagen quieren convertir en un líder entre Obama, Kennedy y Macron, sin saber que Alonso Quijano duerme y sueña, ha servido también para enviar un aviso a navegantes como Albert Rivera. La moción de censura lo cogió en fuera de juego, que confirmó el VAR del escenario político, tan distinto al del fútbol que dio por válido el gol de Aspas en el partido contra Irán, con Fernando Hierro ahogado entre dudas.

Sánchez, al que algunos miembros de su grupo parlamentario han aconsejado que tanto postureo,  entre las gafas de sol de moda, Ray-Ban Caravan, de cien euros, la corbata, sin americana, el avión Falcon, tuits y memes, puede ser inversamente proporcional al efecto pretendido, sabe muy bien  que la mayoría la otorga el voto de centro. De ahí, el guiño a este sector del electorado con la formación de un Gobierno con más adjetivos que ideas, pero, moderado en su política y en su proyección, y más cercano a la derecha que a la izquierda. Pues bien, todos estos acontecimientos han hecho que Kennedy Rivera ande, de un tiempo a esta parte, como David de Gea, el portero de la selección: haciendo la estatua o llegando tarde a esos balones que antes atrapaba con la agilidad de un félido, para superar hasta la propia fugacidad de los segundos. El líder de Ciudadanos ha reaccionado y en la última sesión parlamentaria rescató su dialéctica kennedyana para convertirla en literatura y en teoría política y cuestionar, de esta manera, al nuevo inquilino de la Moncloa, que ha visto cómo su  adversario busca el cuerpo a cuerpo (hand-to-combat). El joven político, que ha percibido que las encuestas recitan, fielmente, los cambios acaecidos, sabe que su respuesta tiene que ser consecuente con los objetivos previstos. O sea, un ideario y una concepción de la política que atraigan a los votantes de centro, de centro izquierda y a los sectores más moderados de la derecha: aquellos, que nunca votarían a Vox, ni tampoco al PP de la última etapa de Rajoy.

Albert Rivera, que tanto admira y se proyecta en la memoria del presidente asesinado en Dallas, quiere transmitir a sus seguidores que el partido acaba de comenzar y que, de acuerdo con el título de la película dirigida por Ted Kotcheff e interpretada por Andrew McCarthy, Jonathan Silverman y Catherine Mary Stewrt, estrenada en 1985, este muerto está muy vivo. Le ha dicho al  socialista lo que no le hubiera gustado escuchar nunca en estos momento de gloria y ha enfatizado que depende de veintidós partidos políticos. El tiempo que falta para las elecciones generales, el presidente del Gobierno, con Iván Redondo en la sombra, lo piensa manejar como Jacques Anquetil o Eddy Mercks en aquellas históricas etapas de contrarreloj. Pero Rivera es un buen sprinter, y tratará de darle a los pedales como el francés o el belga para llegar al pódium.

Las similitudes entre el fútbol y la política vuelven y las metáforas que surgen son tan expresivas como las de Eduardo Galeano. Los errores cometidos por el portero del Manchester United pueden costarle el puesto y dejar la responsabilidad a Kepa. Rivera, en la moción de censura, miró al infinito y las críticas llegaron por la derecha y por la  izquierda. Con la lección asimilada vuelve con nuevas ideas tácticas y reflejos.  Si el fútbol es técnica e inteligencia para dominar los espacios e imponerse al rival, la política es discurso y palabra para llegar al ciudadano antes que el rival. Si no hay estilo, la derrota se palpa y se toca con las manos. Rivera y Sánchez buscan el centro. Ellos, como el mejor  entrenador, saben que, sin el dominio de esa zona, la victoria no es posible. El partido no tardará mucho en comenzar. Queda por adivinar quién se unirá a ellos y a Pablo Iglesias en la disputa de un encuentro tan apasionante. ¿Pablo Casado? ¿Cospedal?  ¿Soraya? El domingo sabremos si juega  David de Gea. Y el jueves, quién  es quién en el PP.  Casado ha dado un golpe en la mesa y ha dicho que el aparato son ellas y él, el partido.  El muerto está muy vivo. Como en el día inicial del tiempo. Rivera observa y se prepara. Porque, como Paulo Coelho, sabe que el fracaso es para los cobardes que nunca luchan.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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