El famoso escritor Dan Brown incluye la basílica de El Palmar de Troya en su última novela

El famoso escritor Dan Brown incluye la basílica de El Palmar de Troya en su última novela

El autor de «El código Da Vinci», el exitoso escritor norteamericano Dan Brown, ha decidido recoger en su última novela un lugar que estos días se encuentra muy de actualidad. Se trata de la basílica de El Palmar de Troya y de la iglesia palmariana que allí tiene su sede.

El trabajo literario vuelve a contar las aventuras del profesor Robert Langdon, quien se hizo inmortal al protagonizar aquel «best seller», y lleva al lector a numerosos escenarios misteriosos situados en el territorio nacional, como el monasterio de Monserrat, la catedral de Sevilla, la Sagrada Familia, el Museo Guggenheim de Bilbao y aunque pueda parecer surrealista, también al lugar donde se encuentra la llamada Orden de los Carmelitas de la Santa Faz.

El siempre polémico Dan Brown se ha dejado seducir por el curioso fenómeno surgido en tierras utreranas hace ahora justo 50 años, y que en los últimos días ha generado uno de sus episodios más negros, que ha terminado con el anterior «papa», Ginés Hernández, acusado de un delito de robo con violencia en grado de tentativa, tras saltar los altos muros que protegen la basílica, encapuchado y acompañado de su mujer, Nieves Triviño, protagonizando una reyerta a navajazos con uno de los miembros de dicho colectivo.

En un instante de la trama de «Origen», uno de los personajes del libro –el almirante Ávila- es conducido por un supuesto palmariano a las instalaciones de la basílica para conocer al «papa». En las páginas del libro, Brown describe cómo es el acercamiento a este inmueble que domina el horizonte de la zona, asegurando que «el edificio tenía unas dimensiones que sólo cabía esperar en lugares como Madrid o París. Ávila había vivido en Sevilla toda su vida, pero no tenía la menor idea de que en medio de la nada hubiera una catedral como ésa. Cuanto más se acercaban, más impresionante parecía el complejo. Sus altos muros proporcionaban un nivel de seguridad que Ávila sólo había visto en la Ciudad del Vaticano. Ávila tuvo la sensación de que estaban entrando en un castillo medieval».

El escritor describe con bastante exactitud la fisonomía de este complejo, en el cual ha desempeñado su actividad ese grupo en las últimas cinco décadas, hablando de «una enorme catedral con ocho altas torres, hecha con piedra de marrón oscuro y blanco, lo que le proporcionaba una apariencia moderna e inusual». Brown también habla de una hilera de palmeras en el interior, mientras que da rienda a la fantasía al explicar que en el recinto había «cientos de vehículos aparcados: lujosos sedanes, autobuses destartalados, y ciclomotores cubiertos de barro».

El fenómeno de la Orden de los Carmelitas de la Santa Faz ha seducido a numerosos investigadores a lo largo de los últimos años, al igual que le ha ocurrido al escritor norteamericano, quien pone en boca de Marco, otro de los personajes del libro, la supuesta interpretación de lo que defiende este movimiento, cuando afirma de manera textual que «sólo soy un católico devoto que opina que Roma ha perdido el rumbo».

Dan Brown tiene tiempo en este pasaje para explicar el surgimiento del movimiento de El Palmar de Troya, señalando la supuesta aparición mariana de 1968 y cómo Clemente Domínguez se convirtió en el primer «papa» de esta iglesia, adoptando el nombre de Gregorio XVII. Además, no deja pasar la oportunidad de deslizar la hipotética vertiente oscura de la orden, asegurando el narrador en el libro que la iglesia palmariana había recibido «numerosas acusaciones de lavado de cerebro» y de ser «responsable de varias muertes misteriosas». El palmariano creado por Brown asegura en el libro que «todo ello no es más que una campaña de difamación orquestada por El Vaticano».

Incluso el escritor norteamericano ha tenido espacio también en su libro para señalar, cómo en el camino hacia El Palmar, el coche del almirante Ávila discurre junto al poblado fantasma de El Torbiscal: «una localidad agrícola antaño próspera cuya población había ido disminuyendo hasta desaparecer del todo».

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