Antonio Galván: «Soy de los que morirán con las botas puestas»

Antonio Galván: «Soy de los que morirán con las botas puestas»

A sus 83 años de edad, el utrerano Antonio Galván Delgado no para ni un minuto quieto, siempre tiene algo entre manos, nunca está ocioso ni con los brazos cruzados. El movimiento es su razón de ser, lo ha sido durante toda su vida, y por eso afirma categórico que «no me veo sentado en un casino o en un bar, lo respeto, pero cada persona tiene su forma de interpretar su declive y yo lo interpreto luchando, moviéndome. Estoy convencido de que, si me muevo, tardaré más tiempo en anquilosarme, soy de esas personas que morirá con las botas puestas».

Una forma de ser intrépida que ya demostró en sus primeros años de vida, porque Antonio era un niño tan travieso e inquieto que sus padres lo tenían que atar a un árbol de La Corredera para que no cruzara la calle a la carrera con el peligro de ser atropellado por alguno de los escasos vehículos que en aquellos años atravesaban esta arteria principal de Utrera.

Los estudios se le atragantaron desde el principio, porque la mente de este utrerano volaba mucho más lejos que el espacio que quedaba entre las cuatro paredes del aula. Él mismo reconoce que no era un buen estudiante y que se preocupaba más «por arreglar los relojes de mis compañeros que por estudiar, la vocación de la mecánica era algo que llevaba en la sangre».

Muy pronto Antonio empieza a pisar el terreno que se convertiría en su vida profesional durante muchos años. Su padre se encargaba de gestionar las fincas que poseía Luis de Muñón en Utrera, entre ella la de Roncesvalles, además de trabajar como mecánico agrícola. De su mano, Antonio aprendería el oficio, que ha sido prácticamente su vida, encargándose en décadas posteriores de la gestión de fincas tan señaladas como Pajarero, El Carmen o Gómez Cardeñas.

En sus primeros años como trabajador en estas fincas, Antonio protagonizaba imágenes que hoy parecen muy lejanas. Cada día subía la cuesta de la calle Matamoros para tomar uno de sus caballos y usarlo como medio de transporte para llegar hasta el campo. «En aquellos años, hasta la Guardia Civil patrullaba a caballo, y cuando enfermaba alguno de sus caballos, me pedían uno prestado, de ahí viene la gran vinculación que mi familia ha tenido siempre con la Benemérita, y que luego fructificó cuando ingresó en el cuerpo mi hijo Ignacio», explica el utrerano.

Antonio también estuvo detrás de la creación de un silo cooperativo, que nació con el objetivo de ayudar a los cosechadores de trigo, que encontraban en aquellos tiempos muchas dificultades en su trabajo, donde sufrían también muchos abusos. Pero si hay un momento de su vida destacado, es sin lugar a dudas cuando empieza a trabajar codo con codo con el empresario utrerano Sebastián García, en aquella aventura que se llamó «La Utrerana».

«He tenido un gran maestro en mi vida, que es sin lugar a dudas Sebastián García Rodríguez, estando a la sombra de él había siempre donde divertirse y también trabajábamos mucho. Estar al lado de él era estar al lado de una auténtica enciclopedia», explica el utrerano, que todavía a día de hoy sigue acudiendo a visitar con frecuencia al que sigue siendo su gran amigo y compañero en muchas aventuras profesionales. Las cosas en el campo poco a poco fueron cambiando, llegando prácticamente a desaparecer la figura del administrador de fincas rústicas, que acabó siendo suplantada por empresas que realizan dichas funciones.

Por eso, durante muchos años Antonio se encargó de la gerencia de «La Utrerana» -una factoría dedicada principalmente a la confección de jabones-, aunque también probó suerte en otros sectores, como por ejemplo en el mundo de la construcción, propiciando la creación de bloques de edificios y viviendas en diferentes lugares de Utrera.

Antonio es uno de esos utreranos que con su empuje y determinación ha levantado la ciudad que se despliega en la actualidad ante nuestros ojos, y que ha sabido inculcar a sus tres hijos el amor por el trabajo y el sacrificio. Una persona incansable, que sigue entendiendo cada día como un nuevo reto en el que es posible aprender algo más y seguir avanzando en este maravilloso camino que es la vida.

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