Rivera, camino de la Moncloa

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Con traje y corbata; con chaqueta y camisa blanca o azul; o sin corbata y pantalón deportivo, Albert Rivera ha iniciado, con muchas posibilidades, el camino que conduce a la Moncloa y, por consiguiente, a la presidencia del Gobierno. El joven político catalán y presidente de Ciudadanos siempre ha confesado que sus líderes de referencia son Adolfo Suárez y John F. Kennedy; sobre todo, el presidente, asesinado en Dallas. Lleva siempre una pulsera naranja, que es el color que identifica al partido centrista, liberal y kennedyano. Pero el  naranja es también el color del budismo, de la meditación y del estado zen; el color entre la felicidad y la perfección. Es, además, el color de la transformación, que se identifica con el azafrán. El Buda y los monjes budistas creen en este color como símbolo de su renuncia a los placeres mundanos. Los budistas consiguieron lo que parecía imposible para el resto de los mortales: permanecer imperturbables ante el éxito o ante la adversidad; ante el triunfo o ante el fracaso. El naranja es, de la misma manera, el color de la iluminación. El Dalai Lama, el más elevado representante en la jerarquía de la iglesia tibetana, siempre va vestido de color naranja. Albert Rivera e Inés Arrimada, a quien el Atlántico, convirtió en diosa, allí en la playa gaditana de la Caleta, creen en el naranja y en sus tonalidades. Son jóvenes y liberales. Y no tienen pasado. Su España no es la del Partido Popular, ni la del Partido Socialista. Antes de llegar a la política, hicieron sus carreras universitarias con un buen expediente académico y buscaron trabajo, hasta encontrarlo, en la empresa privada. Son políticos de una nueva generación, de un nuevo concepto, de una nueva España, donde el mérito y el esfuerzo hallen su recompensa.

La España de Rivera y de Arrimadas es la España del siglo XXI, preparada para el diálogo, enamorada de la democracia y de la libertad, del progreso y del talento, de la innovación y de la capacidad, de la paz y de la esperanza, de la igualdad ante la ley y de la igualdad de oportunidades. Rivera y Arrimadas son personajes de un nuevo tráiler de la política. Aman el jazz y el blues, el rock y la música indie, el indie rock y el deth metal. Les gusta una balada y una puesta de sol entre el Mediterráneo y el Atlántico. Leen y son buenos oradores, aunque no sean ni Pericles, ni Demóstenes. Ni Abraham Lincoln, ni Winston Churchill. Ni Gandhi, ni Mandela. Se parecen, más bien, a Kennedy y a Obama. Al partido Demócrata y a su larga tradición democrática. Las últimas encuestas publicadas, unas por más diferencia y otras, por menos, coinciden en dar como ganador a la formación centrista. Albert Rivera recoge, por un lado, votos del PP, debido a la corrupción, a la mala gestión de la crisis de Cataluña, por parte de la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, a la pésima estrategia de la comunicación y a la dificultad para hacer política. Por otro lado, llegan al partido centrista también votos del PSOE, aunque Pedro Sánchez, que se juego su futuro político en estos comicios ,no da la batalla por perdida y confía, además, en unas siglas con tanta historia y con tanto prestigio. Podemos, por su parte, sube en las recientes encuestas y hay un sector del electorado que siempre será fiel al partido de Pablo Iglesias.


El polémico máster de Cristina Cifuentes en la Universidad Rey Juan Carlos, que queda a la espera del dictamen de la Justicia, ha cortado de raíz las posibilidades de que la todavía presidenta de la Comunidad de Madrid se pudiera convertir en una firme candidata a suceder a Rajoy. Ahora, todo son cábalas y rumores, y ello mismo abre el horizonte a Alberto Núñez Feijoo, porque el liderazgo del actual presidente del Gobierno ya no da más de sí y su gestión de los tiempos es el pretérito indefinido. Si Rajoy, como se estima en los círculos políticos madrileños bien informados, se retira, al Partido Popular no le queda otra carta que presentar un candidato o una candidata que pueda contrarrestar la fuerza electoral de Rivera y su imagen de político joven y con dialéctica para ganar los debates y la partida en las urnas. España reclama el cambio del cambio, la regeneración y la ilusión. La vieja política no tiene un perfil atractivo para los mensajes de whatsapp, Facebook, Instagram y Twitter. La imagen de Rivera y Arrimadas tiene mucho mensaje político; mas también literario y cinematográfico. Parecen dos actores de Orson Welles. Pero, igualmente, de Steven Spielberg o de Jim Jarmusch. La nueva ola indie también llegó al cine. Y para la nueva política, el indie rock es un nombre y un concepto.

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

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