Albert Rivera, un nuevo Kennedy

Son las seis de la mañana en punto de este sábado, veinte de enero. Siempre perdurarán en los anales del recuerdo aquellas imágenes en las que unas balas asesinas acabaron con la vida del joven presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy, del Partido Demócrata. Cincuenta y cuatro años después, seguimos sin saber quién o quiénes fueron el autor o los autores intelectuales del magnicidio, que segó la esperanza en un mundo nuevo. Cientos de libros publicados, y la interrogante continúa. Son varias las teorías que se argumentan como posibles, una vez realizadas las correspondientes investigaciones. Lo que parece evidente es que Lee Oswald y Jack Ruby solo fueron actores secundarios del reparto de aquella tragedia, mientras el autor o autores intelectuales estaban presenciando la escena entre las sombras de sus miradas. Sin duda, John F. Kennedy ha sido uno de los más brillantes presidentes de los Estados Unidos de América por la aplicación de una política que tenía como fin la igualdad y acabar con la discriminación. Se podrá argumentar, desde el sector conservador, que cometió graves errores y que se puso de manifiesto su falta de experiencia, pero el pueblo estaba con él y lo quería, como se demostró el  día de su muerte, con el llanto y las lágrimas en los ojos hernandianos del dolor y del sentimiento.

En la España de este siglo XXI, un joven catalán, de padres trabajadores y que ha  subido con la honradez y el esfuerzo los peldaños de la carrera política, presenta, con todas las diferencias que se quieran, un perfil político que algo tiene que ver con el de Kennedy. En algunos artículos, yo he llegado a considerar a Ciudadanos como un partido kennedyano, a imagen del Partido Demócrata, por la ilusión que despierta, por su juventud y por su sincera verdad a la hora de decir y exponer lo que piensan sus dirigentes. Las figuras de Rivera y de Inés Arrimadas se proyectan en el panorama político como realidades entre la luz y la palabra, como si el devenir del tiempo los hubiera hallado en una novela cervantina, de modo que el realismo y el idealismo de España entera abre sus ojos ante ellos. Habiendo pasado primero el Rubicón de las elecciones catalanas, aunque no estemos en el año 49 antes de Jesucristo, ni Albert sea César, aquella oración gramatical latina Alea jacta est, y su traducción al español, «la suerte está echada», permanece. Rivera lo sabe y es consciente de que para ganar las elecciones generales hay que apostar, arriesgar y recordar el refrán: «De los cobardes no se ha escrito nada».

Algunas similitudes entre Kennedy y Rivera van más allá de las ilusiones que se vierten en nuestras vidas en los instantes plenos que quedan escritos para siempre con la letra de la esperanza renacida. Así comenzaba el discurso del joven presidente americano  el 20 de enero de 1961: «Hoy somos testigos no de la victoria de un partido, sino de la celebración de la libertad, simbólica tanto de un fin como de un comienzo, que constituye una renovación y también un cambio». La sintaxis de estos sintagmas y de estas palabras la firmaría el líder de Ciudadanos por su grandeza y sentimentalidad, por su sensibilidad y sinceridad y por su lirismo político en aras de los deseos; los cuales queremos convertir en realidad al instante de ser pronunciados. «No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país» es uno de los enunciados de aquel discurso que la historia mima y acaricia  con ese orgullo que camina por la vida, cuando el contenido es tan intenso que prolonga su latido en el triunfo de los años, que en los siglos han sido.

¿Puede ganar la formación de Albert Rivera las elecciones? Diversas encuestas manifiestan que esa victoria es posible. Por la derecha y por la izquierda, Ciudadanos puede sumar votos de quieren creen en una alternativa al bipartidismo. «Queremos ser un partido conciliador entre españoles, que cree en el Estado liberal, el concepto de ciudadanía y la igualdad, libertad y solidaridad entre todos los ciudadanos» es un enunciado que respira esperanza y verso y que ha surgido para perdurar más allá de los recuerdos, que se hacen presentes en su misma secuencia. John F. Kennedy y Albert Rivera, para entender el mensaje que conmemoramos. La memoria y el modo indicativo en su semejanza lejana en el tiempo. Aquí y ahora, cuando, en lugar de las teclas del portátil, todavía resuenan las de aquella Olivetti del siglo pasado. Esperando que en el camino sea posible lo que leíamos en aquel discurso de 1961: «Los derechos de cada individuo disminuyen cuando los derechos de uno solo se ven amenazados». Las palabras que no se olvidan siempre vuelven.

 

Manuel Peñalver

Sobre Manuel Peñalver

Fue catedrático de Lengua y Literatura del Instituto Ruiz Gijón (1980-1990). Autor de numerosos estudios, artículos y libros sobre la lengua española. Articulista en periódicos como Diario16, El Correo de Andalucía, La Razón, ABC, Ideal, El Mundo, Diario de Almería. Actualmente, es catedrático de Lengua Española de la Universidad de Almería.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *