La familia Velloso, tres generaciones cuidando el cabello de Utrera junto al Arco de la Villa

La familia Velloso, tres generaciones cuidando el cabello de Utrera junto al Arco de la Villa

La calle San Fernando llegó a tener en su día hasta seis barberías, donde los utreranos no solo cuidaban su cabello y se afeitaban sus barbas, incluso se sacaban una muela cuando era necesario. Nos referimos a un barrio de Santa María que poco tenía que ver con el que se puede visitar en la actualidad, ya que era un auténtico hervidero de personas ya que allí se ubicaban muchas casas de vecinos y abundaban las tabernas. De todas esas barberías, hoy solo sigue funcionando la peluquería Emilio, que fundó en 1940 Manuel Velloso Campos «Campito», que después continuó Emilio Velloso y que en la actualidad dirige Emilio Velloso hijo, el último «Campito» de esta saga de peluqueros.

Con solo diez años, Emilio padre comenzó de aprendiz en la peluquería, hasta que con diecisiete años tomó los mandos del negocio que ha sido toda su vida hasta que se jubiló en 2005. Emilio nació en la misma casa en la que se ubica la peluquería, a pocos metros del Arco de la Villa, un lugar que dividía tradicionalmente la Utrera urbana de la Utrera agraria.

Manuel Velloso era un barbero de los de antes, de los que utilizaban una cuerda amarrada a una puerta para sacar una muela, e incluso hizo sus pinitos en el mundo de la tauromaquia, saliendo a hombros en algunos festejos. Emilio se encargó también de traspasar su legado a su hijo, que desde 1990 se encarga de la peluquería. «Todavía en la actualidad sigo cortando el cabello a personas que fueron clientes de mi abuelo», explica Emilio hijo.

Por tanto se da la circunstancia de que la peluquería atiende tanto a los clientes que van en busca de un corte de pelo tradicional como a los que se dejan atrapar en las redes de las nuevas tendencias, ya que están preparados para hacer tupés, «greñitas» o degradados.

Los «Campito» no tienen relevo generacional, ya que después del abuelo, padre e hijo, no se otea en el horizonte alguien que pueda hacerse cargo del legado familiar, ya que Emilio ha tenido solo una hija que no se dedicará a la peluquería.

En otros tiempos las peluquerías fueron lugares en los que se entablaban sonadas tertulias y donde los clientes se convertían prácticamente en una gran familia. Como explica Emilio padre: «antes, incluso cuando llovía, los clientes se venían a la peluquería para echar un rato de charla, leer o escuchar cante. Hoy siempre van con prisa, se quieren ir cuanto antes mejor».

Lógicamente, padre e hijo, han sido testigos de los numerosos cambios que ha experimentado la sociedad utrerana en la última década, ocupando una posición privilegiada en uno de los lugares con más historia de la localidad, que hoy no es ni la sombra de lo que fue. «Antes la gente se cortaba el pelo con menos frecuencia, porque había menos dinero, cuando venían era porque ya tenían el cabello muy largo y todo el mundo se afeitaba en las barberías, algo que después se fue perdiendo», explica Emilio padre, aunque su hijo apunta que «ahora están volviendo otra vez los arreglos de barba, ya que se ha puesto de moda dejarse crecer la barba».

Lógicamente el negocio ha cambiado notablemente desde que abrió sus puertas en 1940, ya que por ejemplo los elementos técnicos como las maquinillas eléctricas han facilitado mucho la labor del peluquero, aunque en la peluquería Emilio se sigue dominando a la perfección el corte a tijera. «Cuando yo tomé los mandos de la peluquería el corte de pelo lo cobraba a diez pesetas y el afeitado a cinco pesetas y abríamos incluso los domingos hasta el mediodía», explica Emilio padre.

De todas esas barberías que poblaban la denominada «calle de las cabras» y donde en cada una de ellas se podía percibir un universo particular, el único mundo en miniatura que pervive en la calle San Fernando es el que este padre y este hijo, los «Campito», han sido capaces de preservar.

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