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El 86% de los utreranos entre 12 y 16 años fuma cachimbas, la nueva y peligrosa moda entre los jóvenes

Las pipas de agua, conocidas popularmente como cachimbas, hookah o shisha, se han convertido desde hace unos años en el nuevo pasatiempo adolescente. Su consumo ha aumentado considerablemente en la sociedad gracias a la proliferación de los bares en los que se puede fumar en pipa. Solo hay que dar una vuelta por los locales utreranos para ver cómo casi todos las incluyen en sus negocios mediante servicio propio o de catering.  No obstante, no todos han sucumbido a sus encantos, negocios como ‘Mini Bar’ y ‘La Antigua’ no ofrecen este tipo de servicio.

Lo cierto es que este dispositivo de origen oriental compuesto por tabaco, carbón, melaza de sabores y, en algunos casos, frutas naturales, se ha convertido en la nueva forma de fumar de los jóvenes utreranos. En contra de la creencia popular que señala que el tabaco empleado no es perjudicial, las autoridades sanitarias y los estudios al respecto muestran todo lo contrario. En estos productos se han encontrado cantidades significativas de varias sustancias tóxicas, incluyendo la nicotina y 27 carcinógenos. Pero aun conociendo sus efectos nocivos para la salud, son muchos los que se han rendido a esta práctica. Este es el caso de José Manuel Díaz, que comenzó fumando a los 15 años. En la actualidad, a sus 26 años, fuma de seis a diez cachimbas diarias, alcanzando las 15 los fines de semana. Un vicio que le genera 70 euros de gastos al mes pero que confiesa que «me relaja, me sacia y me hace desconectar», cuenta mientras prepara una.

En los cinco minutos que tarda en colocar la melaza de menta de Al Fakher en el tarro, su sabor preferido, hasta que la cubre con papel de aluminio y coloca el carboncillo natural cuenta que «el cien por cien de mi entorno fuma, aunque ninguno me supera». Una vez encendida, habla de su experiencia como camarero en uno de los locales utreranos que ofrece este servicio: «hay un descontrol grandísimo en la venta y consumo de menores». Pero afirma que «el local donde estuve trabajando fue el primero en tomar medidas en este tema». Un auténtico negocio el de las cachimbas, una fuente primordial de beneficios que llega a reportar a los bares utreranos entre 1.200 ó 1.400 euros netos por mes, y en algunos de ellos, en un fin de semana, se pueden llegar a vender unas 400 cachimbas.

Aunque conoce los riesgos, José Manuel se considera «adicto», ya que cada tres semanas compra un paquete de kilo de menta de Al Fakhercon, el que tiene para unas 60 cachimbas. Es tal el reclamo que el consumo de cachimbas se ha multiplicado en los últimos años, por lo que incluso ya existe el contrabando de tabaco de cachimbas. Una adición por la que ha llegado a viajar 700 kilómetros con su cachimba: «asistí a la jura de bandera de mi hermano en Murcia y no me podía faltar». En Nueva York, llegó a pagar 25 dólares (23 euros) y en París 15 euros por fumar. «Solo cuando he estado fuera de España, he estado un día entero sin fumar», explica. Vaya donde vaya, este utrerano viaja con su cachimba, eso sí, para estas ocasiones dispone de una mucho más manejable y más pequeña, de unos 45 euros. Muy diferente a la que tiene en casa y con la que fuma a diario, que está valorada en 350 euros: «he llegado a tapar en hoteles los detectores de humo para poder fumar, es muy común que en los foros expliquen cómo se desarman los detectores de humo». La fiebre de fumar en cachimba ha llevado a este joven «a fumar en una botella de Coca Cola con una naranja cuando no tenía dinero». Una afición que este amante de las pipas ha transmitido a su madre, ya que «he llegado a conseguir que mi madre fume».

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Entre los amantes de esta práctica también pueden encontrarse a jóvenes deportistas, como un jugador de fútbol de Tercera Andaluza en la provincia de Sevilla, que no revela su nombre por razones obvias. Este utrerano de 24 años asegura que «fumo una o dos cachimbas diarias, aunque también puedo llevarme días sin fumar». Sólo aumenta la cantidad en verano, cuando asegura que «fumo de cuatro a cinco al día». La práctica de un deporte de alto rendimiento no le impide continuar fumando: «intento no fumar el día antes del partido», aunque «una vez jugué el domingo y me fumé siete cachimbas el sábado». Aunque existen efectos sobre el rendimiento, el jugador asegura que «llevo 15 años fumando y jugando al fútbol, y no sé lo que es jugar sin fumar. No noto las consecuencias negativas». Pero en el mundo del fútbol son muchos los aficionados a esta práctica: «he fumado con un portero y con un futbolista muy famosos de la Primera División». Además, «este portero de un equipo sevillano es adicto al chocolate menta y fuma de cinco a seis cachimbas diarias». Aunque este futbolista no se considera adicto, cuenta como en un viaje a México viajó con una cachimba portátil: «allí coincidí con gente de Utrera y gastamos medio kilo de tabaco de la marca Starbuzz en un día y medio».

El enfermero utrerano Juan Antonio García Ramírez ha elaborado junto a otros profesionales un trabajo de campo sobre el consumo de cachimbas en adolescentes y pre-adolescentes. Este estudio realizado a unos 200 utreranos con edades comprendidas entre los 12-16 años, revela que el 85,7% fuma cachimbas, mientras que el 10% fuma tabaco. Una práctica que causa efectos adversos sobre la salud a largo plazo, como «cánceres de pulmón, laringe, boca y esófago; enfermedades pulmonares obstructivas crónicas (bronquitis crónicas y enfisema); así como embolias y hemorragias cerebrales», comenta Juan Antonio García. A esto hay que añadir que las cachimbas son un caldo de cultivo para enfermedades de transmisión oral como Hepatitis C, tuberculosis y mononucleosis: «hace dos años hubo un pico de mononucleosis en Utrera y todo apuntaba al consumo de cachimbas». Un consumo que también pone en riesgo a los no fumadores, ya que «fumar pipa genera altos niveles de sustancias tóxicas, compuestos orgánicos volátiles, hidrocarburos aromáticos, policíclicos, metales, monóxido de carbono, así como partículas ultrafinas en el aire».

En comparación con los cigarros, las pipas no son más seguras. Según la investigación de este utrerano, la diferencia es el tiempo de consumo: mientras en un cigarrillo es de cinco minutos, en una cachimba es aproximadamente de una hora. La inhalación de dióxido de carbono en el cigarro convencional es de 0,5 litros y en la cachimba de unos 10 litros. A esto se une a la creencia de que el tabaco de cachimba nunca contiene nicotina, una teoría errónea ya que algunos contienen. En cuanto a la nicotina en cachimbas, puede ser entre 2% y 4%, mientas que los cigarrillos tienen un contenido de entre 1% y 3%. Así bien, en una sola sesión de pipa de agua se expone al fumador a entre tres y nueve veces más de cantidad de monóxido de carbono y 1,7 veces más de nicotina. Lo preocupante de esta situación es el desconocimiento sobre los efectos nocivos por parte de los jóvenes y adultos, así como la falta de información e investigación de los efectos perjudiciales. «Hemos trabajado con base de datos internacionales y apenas hay información», apunta Juan Antonio García. Sin contar que no existe una legislación a cerca del consumo de cachimbas y la regulación en sanidad del tabaco de cachimbas es menor que la de los cigarrillos.

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