Pepa Amores, la historia en primera persona de una «fabricanta» de Utrera

Pepa Amores, la historia en primera persona de una «fabricanta» de Utrera

Todos los días del año, haga frío, pegue el sol con fuerza o caiga un chaparrón, la utrerana Pepa Amores camina por las mágicas losas que llevan hasta el santuario de Consolación. Es una enamorada de Utrera, de sus costumbres, de sus calles, de sus gentes y, por supuesto, de su patrona. Por eso no falta ni un solo día a su cita con la Virgen. Una utrerana que, como tantas otras de su generación, formó parte de ese grupo de mujeres que sacaron adelante a sus familias trabajando de sol a sol en las numerosas fábricas de procesado de aceitunas que había en la localidad, mujeres que pasaron a la historia con el curioso nombre de «fabricantas».

Pepa Amores nació y vivió sus primeros años en una casa de vecinos de la calle San Fernando, una época que recuerda con especial cariño donde asegura que se vivía «un ambiente precioso, había mucha alegría y mucha vida, éramos como una gran familia, no tenía nada que ver a como está ahora la zona».

Las necesidades propias de la época y el hecho de pertenecer a una familia numerosa provocaron que muy pronto Pepa tuviera que abandonar el colegio y comenzó a trabajar sirviendo en varias casas cuando apenas levantaba varios palmos del suelo. Con catorce años empezó a trabajar en la fábrica de Benito Villamarín, rellenando aceitunas con pimientos, pasando en los años posteriores por varias fábricas más de aceitunas como las que se encontraban en la calle Cristóbal Colón y en La Corredera, desempeñando diferentes puestos. «El trabajo que había en las fábricas de aceitunas era una bendición para Utrera. El hecho de que cerraran estas fábricas fue un duro golpe para la localidad, del que nunca nos hemos recuperado», explica Amores.

Las fabricantas se levantaban con las primeras luces del alba y, en algunas ocasiones, tenían que trabajar hasta el final de la jornada. «No había otra cosa, había que buscarse la vida», explica Amores, que cada día se dirigía a la fábrica con su «copita», una lata grande de tomate que las fabricantas utilizaban para calentarse en los días fríos del invierno. La utrerana fue, junto a Antonia María, una de las impulsoras del monumento a las fabricantas que se levanta en la barriada San Joaquín y vendió miles de papeletas por las calles de Utrera para financiar su construcción.

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La vida de esta utrerana cambió de manera radical cuando tuvo la oportunidad de entrar a formar parte de la familia del centro de educación de adultos, una institución donde estuvo recibiendo clases durante 17 años. Amores no tuvo la ocasión de estudiar en su momento, pero la vida le dio una segunda oportunidad para aprender. Y vaya si la aprovechó. Junto a sus compañeras de estudio crearon un grupo de teatro que puso en marcha obras como «La Fabricanta», «La Estampa Andaluza» o «Mariana Pineda». Una época gloriosa, que Pepa recuerda con muchísimo cariño, explicando que «fuimos de gira por muchas ciudades y hasta Salvador Távora se emocionó cuando nos vio actuar».

Tras completar su etapa en el centro de educación de adultos, Pepa seguía teniendo ganas de aprender, por lo que comenzó sus estudios en el Aula de la Experiencia de Utrera, un lugar donde ya lleva siete años, porque asegura que «no me canso de aprender».

Pepa Amores es un ejemplo perfecto de esas mujeres utreranas que rompieron moldes y que sacaron adelante a sus familias con el niño en una mano y trabajando desde la mañana a la noche en el mundo de la aceituna. Una auténtica fuerza de la naturaleza, que tiene siempre una sonrisa en su cara y dispuesta a ayudar a todo el que lo necesite, un auténtico talento vendiendo cualquier tipo de papeleta y una persona enamorada de su pueblo, de las calles que pisa cada día con actitud resuelta. Una fabricanta muy especial, que nunca se cansará de aprender y que Utrera tiene la suerte de poder contar siempre con ella.

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